14.10.20

Estamos en un momento desglobalizador, en el que cada país está pensando en ganar espacio sin establecer demasiadas alianzas con los demás. Con lo cual, la globalización tal y como la conocíamos ha terminado... cada parte del territorio español, de la misma forma que ocurre en el ámbito internacional, está peleando por ganar espacio y recursos

 "(...) Esta reconfiguración social se está traduciendo en cambios políticos. Tanto la fractura generacional como la de periferia/ciudad han aumentado en el comportamiento electoral. Junto a estas, ¿cree que también crecerá el peso que va a desempeñar el eje proteccionismo/globalismo?

El instante político sí es un momento desglobalizador, en el que cada país está pensando en sus términos y en intentar ganar espacio sin establecer demasiadas alianzas con los demás. Con lo cual, la globalización tal y como la conocíamos ha terminado. Eso no significa que no haya vínculos globales todavía, de hecho, en el ámbito financiero es evidente que sí, ya que todo el exceso de capital que existe en los territorios nacionales acaba conectado en fondos internacionales. 

Esa desconexión de lo global por muchos motivos no es posible de realizar, pero el orden que se estableció en la globalización sí se ha perdido y estamos ya en una transición. Eso en términos internos sí va a generar movimientos que, de una manera u otra, refuercen el sentimiento antiglobal. Empezando por Estados Unidos que tiene un presidente que ha ganado con un discurso de este tipo.

¿Este eje lo explotará algún partido español desde una posición antiglobalista?

Ahora mismo no hay ningún partido en España que lo haga. Vox, por ejemplo, que es el partido al que casi todo el mundo atribuye la posibilidad de una ruptura por la derecha, es un partido con unas enormes conexiones con Estados Unidos. 

Por lo tanto, sus vínculos internacionales son evidentes. De hecho, justo antes de las elecciones, Iván Espinosa de los Monteros estaba en la City contándoles a los inversores lo bien que les iba a ir si gobernaban ellos en España. Pero una cosa es sacar la bandera y otra tener intención de romper un orden.

En España ya se puede intuir tras los resultados electorales más recientes, que además del tradicional voto a las fuerzas nacionalistas vascas o catalanas, hay otras formaciones de ámbito no estatal que están captando el descontento. Por ejemplo, la aparición de Teruel Existe o el resurgimiento del BNG. ¿Cree que tras esta década marcada en su inicio por el movimiento indignado y la aparición de Podemos, son este tipo de partidos o candidaturas las que ahora pueden captar el malestar con los partidos tradicionales?

Es una opción si los partidos regionalistas ofrecen una visión atractiva. El hecho en sí no genera una diferencia por sí misma. Es verdad que muchos territorios interiores la posibilidad que tenían de funcionar era, precisamente, por su conexión con Madrid o la dirección de su partido, quienes tenían una visión nacional. También es evidente que cada parte del territorio español, de la misma forma que ocurre en el ámbito internacional, está peleando por ganar espacio y recursos. 

Así, determinadas zonas de la periferia española, las que estaban mejor dotadas de recursos, como País Vasco o Cataluña, han pensado en términos exclusivamente suyos, creyendo que una separación de España les llevaría a un contexto más positivo porque sabrían desenvolverse mejor en el ámbito internacional. Es inevitable que haya movimientos como Teruel Existe que funcionen, pero todo esto es un error enorme.

 Lo que produce es un montón de gente pensando en sí misma y nadie haciéndolo de forma general. La mejor salida siempre va a ser en términos comunes. Esto es así para España, pero también en Europa. Si la posibilidad de unión no existe y lo que se ve es uno quitándole los recursos al otro, entonces cada cual piensa en sí mismo. Eso es una mala solución, porque en este momento concreto de la historia lo que te permite tener más potencia y capacidad de negociación es una solución común.

¿Existe el riesgo en España de que muchos de estos territorios periféricos aparezcan nuevamente como perdedores con la transición ecológica, de la misma forma que ya ocurrió con la reconversión industrial en los años ochenta?

Nadie se está tomando en serio lo verde. El plan europeo verde tiene mucho menos dinero del que se está diciendo. La cantidad que se va a invertir en España va a servir para que compremos unos cuantos coches eléctricos y pongamos puntos de carga. No hay una intención expresa de generar un cambio verde. Obviamente, se van a hacer cosas en ese sentido, se va a beneficiar a determinadas industrias mediante ese dinero, pero no hay una mentalidad de transformación. 

Lo verde está siendo utilizado como un instrumento de generación de activos y no como un plan de desarrollo real de su potencialidad. Hay una intención de construir activos con los que negociar y especular en lugar de beneficiar a los territorios y las poblaciones que viven alrededor. Eso tiene muy poco que ver con la revolución verde. Como elemento discursivo en el que te venden un mundo bonito y ecológico puede funcionar, pero la realidad es que ni siquiera aquellos que están insistiendo en ese plan lo tienen."

 (Entrevista a Esteban Hernández, Eduardo Bayón, Debate21, 11/10/20)

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