11.11.20

El sistema de Atención Primaria en la década de los 80 produjo resultados sorprendentemente positivos, que sin embargo determinaron su muerte prematura... reducía el tiempo de ingreso y consultas y, ¡el gasto farmacéutico!. De hecho, el ahorro en farmacia fue muy superior a los mayores gastos de personal que el nuevo modelo incorporaba... las presiones de la industria farmacéutica y las de la sanidad privada, que veían reducirse su negocio, consiguieron pararla

 "(...) la eficacia de los servicios de salud depende de su capacidad para abordar los problemas sanitarios desde una perspectiva integral que, si bien se sintetiza en cada ser humano, hunde sus raíces en las condiciones generales en las que se desarrolla la vida de cada colectividad. La perspectiva miope de un funcionamiento basado exclusivamente en la consulta individual se parece a quien intenta apagar un enorme incendio a cubos de agua.

Este enfoque integral, insisto, el único que se fundamenta en la evidencia científica, se basa en el diagnóstico de salud, es decir en la identificación detallada de las principales causas de enfermedad y muerte en cada población, correlacionándolas con las condiciones concretas de vida y se continúa con la elaboración de programas de promoción de la salud, prevención de la enfermedad y diagnóstico precoz. 

 Para llevarlo a cabo es necesario un funcionamiento articulado de la totalidad del sistema sanitario, pero la Atención Primaria es su principal instrumento. El pilar, es el Equipo de Atención Primaria (EAP), multidisciplinar (personal médico, de enfermería, psicología, trabajo social, medio ambiente, etc) y cuyo tiempo de trabajo debe ir destinado preferentemente a la realización de programas preventivos, en el Centro de Salud y sobre todo en la comunidad.

Sobre esa base se diseñó la reforma de la Atención Primaria en la década de los 80. El conocimiento directo de la comunidad sobre la que actúa el EAP permitió, por ejemplo, el descubrimiento de talleres de aerografía textil clandestinos que produjeron la muerte de seis jóvenes y enfermedades pulmonares graves a más de un centenar. Esos talleres no tenían existencia legal y eran desconocidos, excepto para el EAP de Alcoy que los identificó y pudo relacionar las patologías con las lesiones respiratorias.

 Aún con muchas insuficiencias, la nueva andadura de los EAP produjo resultados sorprendentemente positivos, que sin embargo determinaron su muerte prematura. Este funcionamiento a lo largo del tiempo iba resolviendo problemas antes de llegar al hospital, reducía el tiempo de ingreso y consultas a especialistas mediante un funcionamiento integrado de los diferentes niveles asistenciales y, en definitiva, mejoraba la salud de la población. También, ¡Ay!, sin proponérselo, redujo considerablemente el gasto farmacéutico. De hecho, el ahorro en farmacia fue muy superior a los mayores gastos de personal que el nuevo modelo incorporaba.  (...)

Aquella prometedora reforma se abortó sin que pudiera esgrimirse argumento alguno sobre su excesivo coste. Al contrario, el gasto empezaba a reducirse, sobre todo el farmacéutico, y la racionalidad en el uso de los recursos se iba abriendo camino. Pero fueron las presiones de la industria farmacéutica y las de la sanidad privada, que veían reducirse sus expectativas de negocio, las que consiguieron sus objetivos. Relativamente pocos equipos realizaron su diagnóstico de salud (al que les obligaba y obliga el Real Decreto[3] aún en vigor) , que, obviamente, debía actualizarse periódicamente y medir - y reconducir - en función de los resultados, la eficacia de la labor sanitaria.

La vuelta atrás, la actividad centrada exclusivamente en la consulta médica a demanda del paciente, cuando los síntomas son ya evidentes, se fue imponiendo. Los recortes de personal y la hegemonía de la perspectiva estrictamente curativa hicieron su trabajo. La ideología de la individualización carece de base científica y es profundamente ineficaz en términos de salud, pero es el "fundamento" de la privatización de los servicios sanitarios basados en el hospitalocentrismo y en los que se vende como reclamo el acceso directo al especialista.

En resumen, cuando se toca fondo y nuestro sistema sanitario público agoniza, es importante que las reivindicaciones estén bien construidas. Desgraciadamente, la ideología dominante, la del capital, lleva a muchos médicos y médicas, desesperadas por una práctica agotadora, ineficaz e insatisfactoria, a concluir que el problema es que la población utiliza mal los recursos sanitarios, consume tiempo de consulta con patologías poco importantes, acude a los servicios de urgencia de forma injustificada o reclama medicamentos innecesarios.

Esa línea de razonamiento, inteligentemente inducida por los directivos de las administraciones sanitarias - responsables de los recortes y colaboradores necesarios en el negocio de la privada - es la que lleva a una parte importante del personal sanitario a dirigir su ira y su frustración hacia la población. Por ese camino se llega directamente a reivindicar el pago por el servicio ("si pagaran por ello no vendrían tanto") con la lógica de que ante las joyerías o las peleterías no se observan colas.

De hecho, el copago farmacéutico para los pensionistas ha determinado que cerca del 20% de quienes tienen menos recursos no acudan a la farmacia a retirar los medicamentos prescritos[4]. Hay pocas dudas acerca del desastre que ello supone, a no ser que la muerte prematura de las personas mayores pobres sea, de hecho, el objetivo buscado.

Así como el Covid 19 ha servido para desvelar la conciencia de clase, que con tanto celo habían enterrado los postmodernos, también la estructura de los servicios sanitarios está profundamente penetrada de ideología y de intereses, también de clase. Es hora de que el conocimiento científico, la eficacia en el funcionamiento del sistema sanitario y la solidaridad humana, profundamente interpenetrados en lo que a la salud se refiere, se abran camino en la reivindicación de cambios estructurales en el sistema sanitario público.

Es evidente que la calidad y la universalidad de la atención sanitaria exige expulsar a las empresas y a la lógica del beneficio económico de la sanidad, que también, por cierto, incluye la precarización progresiva de las condiciones laborales del personal sanitario. Pero no basta con ello. Hay que eliminar también la base ideológica y organizativa sobre la que se estructura la privatización. Y eso, también, es una cuestión de lucha de clases."                          (Ángeles Maestro, Público, 04/11/20)

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