4.11.20

Se atisba rabia y una crítica a los que mandan centrado en los políticos. El clima es muy diferente al previo al 15M. La crítica ahora es más concreta, con menos esperanza... Carolina Bescansa señala una contraposición nítida entre una clase política en permanente confrontación y un consenso muy amplio de la población en búsqueda de salidas colectivas...

 "(...) A estas alturas, está claro que la distancia entre clase política y población se acentúa y que la desafección crece. No conocemos mucho qué está pasando en la sociedad. No aparece el conflicto ni la acción colectiva, estando confinados no parece posible. Empiezan a notarse síntomas que nos hablan de miedo, de inseguridad, de cansancio, de desmoralización. 

La resignación convive con el resentimiento. Se atisba rabia y una crítica a los que mandan centrado en los políticos. El clima es muy diferente al previo al 15M. La crítica ahora es más concreta, con menos esperanza, con más escepticismo y, hay que subrayarlo, mucho más demoledora. 

Una crítica sin alternativas. Es una señal más de que hemos pasado de una “crisis de régimen” a una “crisis

en el régimen” y que ahora es la política lo que está en cuestión en su sentido fuerte, como capacidad de resolver colectiva y democráticamente los problemas.

El otro día vi la intervención de Carolina Bescansa en un debate televisivo. Ella sabe mucho de estas cosas de opinión pública y de medir los humores sociales. Señalaba una contraposición nítida entre una clase política en permanente confrontación y un consenso muy amplio de la población en búsqueda de salidas colectivas. Posteriormente habló de la responsabilidad de los políticos y luego fue concretando estas posiciones iniciales. No me convence demasiado la socióloga gallega en este tema. 

La contraposición existe y se acentúa, no hay duda. Lo que no veo es la paz de una ciudadanía que observa pasivamente la pelea de los políticos. Hay un gran consenso en torno a la defensa de lo público, del reforzamiento de nuestra debilitada sanidad pública, de la importancia de un sistema educativo de calidad, de empleo digno y de defensa a ultranza de los derechos sociales. 

Esto es verdad, y detrás de ello está la inmensa mayoría de la población; pero hay otros debates menos pacíficos que tienen que ver con la llamada cuestión territorial, la corrupción y sus orígenes y consecuencias, los problemas de seguridad pública y, guste o no, de la emigración. Estos temas son también transversales y Vox lo sabe.

 Llevaba razón Carolina en que no se debería llamar fascista a un grupo de neocons como es el partido de Abascal. A mi juicio, subestimarlos es un error. La ultraderecha española no creo que haya perdido votos en este debate. No viven, como las demás fuerzas políticas, del día a día; tienen un plan a medio y largo plazo y se preparan para el futuro. 

Lo suyo es la batalla ideológica, la batalla de las ideas y trabajan activamente para la crisis que viene; mejor dicho, que ya está aquí. Por lo pronto, han conseguido, con gran escándalo, reabrir muchos debates y están influyendo en la agenda política. Se ha hablado de franquismo sociológico, se sabía que estaba ahí; ahora emerge y se convierte en la tercera fuerza política del país. 

La crisis de Estado, la pandemia y la normalización de Podemos generaron un vacío que Vox intenta cubrir. Ahora la oposición antisistema será la de una fuerza nacionalista española autoritaria, neoliberal y monárquica. Es la vieja derecha española de siempre que retorna sin complejos y dando la cara. (...)"                        (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 29/10/20)

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