2.11.20

Un presupuesto que empieza a revertir el austericidio. Por fin hubo subida de impuestos. No es la primera vez que esto ocurre, pero sí que esta sea exclusivamente a los que más tienen y a las grandes empresas... pero la insuficiencia de estos Presupuestos para ser completamente efectivos radica en que estamos fracasando en la lucha contra la covid-19

"La presentación del nuevo proyecto de Presupuestos Generales del Estado es una buena noticia.

(...) Los Presupuestos que se acaban de presentar son una solución de compromiso de muy difícil factura que obligan -y van a seguir obligando- a que la Ministra de Hacienda haga auténticos encajes de bolillos para poder cuadrar las cuentas.(...)

El proyecto de Presupuestos es destacable, e incluso me atrevería a decir que histórico, por diversas razones positivas, pero también merece algunas observaciones sobre los problemas que pueden acompañarlos.

Lo más destacable que quizá cabe señalar es que suponen una inyección de gasto extraordinario que es imprescindible para aliviar en la medida de lo posible los efectos de la pandemia cuando se han detenido los motores del gasto privado. Y no menos importante es el profundo calado social que impregna la política de gasto. Como decía antes, el Gobierno ha hecho un esfuerzo ímprobo, teniendo en cuenta la coyuntura y la escasez del momento, para hacer unos presupuestos con derechos cuando no sólo no hay crecimiento, sino que sufrimos la caída más fuerte del PIB de los últimos 150 años, si se exceptúan los años de guerra civil.

Sin embargo, diversas razones deben mantenernos alerta y nos impiden tirar las campanas al vuelo.

En primer lugar, yo creo que sólo un milagro permitirá que se cumpla el escenario macroeconómico previsto a la hora de elaborar estos Presupuestos. Por tanto, no van a tener el efecto sanador que se les supone y darán problemas a la hora de financiar y ejecutar el gasto previsto.

En segundo lugar, hay que tener presente que estos Presupuestos serían históricos por su ambición en tiempos de normalidad pero, en la situación en la que estamos y en la peor a la que vamos a llegar en los próximos meses, van a resultar completamente insuficientes.(...)

Por último, me temo que el incremento de gasto social no basta por sí mismo para impulsar las transformaciones estructurales urgentes que habría que comenzar a poner en marcha para salir medio indemnes de esta crisis de la covid-19. A mi juicio, la clave de la insuficiencia de estos Presupuestos para ser completamente efectivos radica justamente en que estamos fracasando en la lucha contra la covid-19. (...)

La explicación de este fracaso sanitario (determinante del económico que nos amenaza) es, sin duda, plural, pero me atrevo a establecer una hipótesis principal. (...)

España está fallando en la contención de la pandemia porque tenemos una derecha ruin que ha antepuesto sus intereses electorales y su dependencia de los grandes poderes a los del conjunto de la población, pero también porque la falta de liderazgo ha impedido que la emergencia y el peligro (como ha ocurrido en otros lugares) sirva para fortalecer la cohesión y el apoyo a las instituciones.

Es más, los grandes poderes económicos, financieros y mediáticos utilizan el desconcierto que produce la crisis y las debilitan aún más, haciéndola aún menos confiables, cuando entran por la puerta de atrás del Estado para obtener ventajas, aprovechando precisamente la vulnerabilidad que supone disponer de una administración pública sin recursos suficientes y atrasada, una de Justicia tan sesgada política e ideológicamente, un Estado de las autonomías muy imperfecto o instituciones de representación política poco transparentes, cesaristas y demasiado alejadas de la población representada.

Contratar a despachos de abogados vinculados a las grandes empresas para gestionar el reparto de los fondos europeos, aprovechar la crisis para facilitar el desembarco de los fondos de ahorro privado en el sistema público de pensiones, regalar Bankia al capital bancario, que el Tribunal Supremo se salte a la torera al Constitucional para darle dinero a la banca cuando más lo necesita el Estado, o que el ministro de Sanidad y la clase política en general pidan a los jóvenes que no vayan a las fiestas o a realizar botellones y al mismo tiempo se vayan ellos de bares o a saraos multitudinarios... son algunos ejemplos de lo que no se puede hacer si se quiere que la población se cohesione, confíe y arrope a las instituciones. Así, lo que se produce es hastío, indignación y alejamiento. (...)

Bienvenidos, pues, los nuevos Presupuestos pero si no aumenta la eficacia de la lucha contra la pandemia no servirán de mucho. Hay que reclamar al Gobierno que emprenda con más ahínco la búsqueda de la confianza y complicidad explicando mejor y con la máxima transparencia, rindiendo cuentas, exigiendo responsabilidades, buscando acuerdos amplios con la sociedad civil y no haciéndose fuerte contra los débiles sino frente a quienes no paran de maniobrar para quedarse con todo.

Pero también hay que reclamar coherencia a la ciudadanía: si no se apoya al Gobierno en un trance como este, en medio de la emergencia, tampoco se le puede pedir que defienda con eficacia y acierto, como se supone que todos queremos, los intereses nacionales." (Juan Torres López, Público,30/10/20)


"Por fin hubo subida de impuestos. No es la primera vez que esto ocurre, pero sí que esta sea exclusivamente a los que más tienen y a las grandes empresas.


Ese es el rasgo que más se ha destacado del proyecto de Presupuestos Generales del Estado de 2021, presentado por el Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos. No por la cuantía de la subida, sino por el gesto. De cualquier manera, el Ejecutivo de izquierdas se ha quedado lejos de lo que podía esperarse a la vista del programa de gobierno. Pedro Sánchez ha prometido que se completará con una reforma fiscal completa, en la que, se supone, llegarán otras subidas.

Veamos lo que ahora se ha decidido. En el IRPF, los que ganan más de 300.000 euros al año tendrán un tipo impositivo dos puntos más alto en el tramo general, del 45 por ciento al 47. Y a los que ganan más de 200.000 euros se les sube tres puntos del tipo impositivo que se aplica para los dividendos o los intereses, del 23 al 26. Son muy pocos los afectados, tan solo 36.000 contribuyentes, ni el 0,2 por ciento de todos los que pagan el IRPF. El acuerdo entre PSOE y Podemos para formar gobierno era más ambicioso. Establecía que la subida de dos puntos alcanzaría a los que ganasen más de 130.000 euros y cuatro puntos a los que obtuviesen más de 300.000 euros.

En la tributación a las grandes empresas, el Gobierno tampoco ha aplicado lo que proponía hace tiempo: que nunca tributasen menos del 15 por ciento de sus ganancias. Se pretende conseguirlo por otro procedimiento. Las grandes compañías multinacionales españolas apenas pagan impuestos, no más del 6 por ciento. Lo consiguen gracias a que pueden descontarse, al declararlo a Hacienda, todos los beneficios obtenidos fuera de España. El argumento es que ya tributan en cada lugar. Ahora se podrán descontar fuera un poco menos, el 95 por ciento. Parece una subida insignificante, pero con ello se recauda más que con la del IRPF: 1.520 millones de euros frente a los 490 del impuesto sobre la renta.

La subida en el impuesto de patrimonio apenas es significativa: dos puntos para los que declaran tener más de 10.000 millones. Lo recaudan las comunidades y pueden dejarlo sin efecto, como el caso de Madrid, donde no se paga. El Gobierno se ha comprometido a que se tribute en todas.

Hay otros incrementos tributarios de menor repercusión. Todos los aprobados suponen 1.862 millones en 2021 y 2.135 en 2022. A ellos hay que añadir los nuevos impuestos aprobados o por aprobar fuera de los presupuestos, que suponen 4.200 millones. Visto así, la cuantía no es tan baja, supera los 6.000 millones de euros.

Otro rasgo de este presupuesto. Tanto Pedro Sánchez como Pablo Iglesias se han pasado el tiempo asegurando que acabarían con la austeridad. Y llegado el momento se lo han encontrado hecho. No tuvieron que pelear con Bruselas. Un bicho mortífero, la covid-19, obligó a la Eurozona a dejar sin efecto el pacto de Estabilidad, que es como se llama ese cilicio que ha impedido el protagonismo del gasto público y el crecimiento inclusivo como corrector de las desigualdades.

Los Presupuestos Generales del Estado para 2021 son raros. Cualquiera que haya tenido la insana costumbre de mirarse las cuentas públicas de años anteriores verá que no se parecen mucho a estas. El gasto total del Estado y la Seguridad Social alcanzan los 456.000 millones de euros, un 20 por ciento más que el año anterior. Y un 28 por ciento más que el último presupuesto del PP. Pulveriza la austeridad con un gasto nunca visto.

Es raro también cuando se mira qué es lo que más sube, cuál es la apuesta de gasto del Gobierno. Para empezar el gasto social es un 10 por ciento más que este año y un 21 por ciento mayor que el último del PP (Montoro decía que era el presupuesto más social de la historia). 

Y si de ahí se descuenta el gasto en pensiones, el más elevado del presupuesto, pero que apenas depende de la voluntad del Gobierno, sino de pagar a los jubilados, el resto del gasto social aumenta un 47 por ciento más que en 2018 y un 29 respecto a este año. Pero hay un baremo más para determinar en dinero el nivel del gasto social: el porcentaje del mismo en relación a toda la actividad económica del país, el PIB. El presupuesto del año que viene cuenta con un gasto social que representa el 19,6 por ciento del PIB. Es el más alto, al menos, desde 2009.

Los otros capítulos donde se dispara el dinero son los dedicados a apoyar un cambio de modelo económico, como la industria o la digitalización. Una parte importante del dinero llega de la Unión Europea: 26.600 millones de euros. Es la primera entrega del Programa de Recuperación para hacer frente a la pandemia. El fomento de la industria, la investigación y la digitalización y la protección social son las áreas que más dinero reciben de ese llamado Plan Marshall europeo. (...)

Las áreas que suben menos


Pero hay áreas que no ven incrementar sus dotaciones de esta manera, y suben de forma modesta. ¿Cuáles? Pues varias de las que en presupuestos anteriores salían muy bien paradas. La Seguridad Ciudadana, es decir, la policía, es la que menos aumenta, el 3,5 por ciento. En el último presupuesto de Rajoy subió el doble. En Defensa, el expresidente popular se despidió con una subida del 10 por ciento; ahora sube la mitad, que no es poco."   
  (Emilio de la Peña, CTXT, 29/10/20)

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