"Las medidas del "escudo social" frente a la pandemia han servido para apuntalar la consistencia del sistema financiero español, una de las piezas clave del sistema económico pese a la languidez de su negocio en los últimos años, al sacar de su perímetro de riesgos más de 113.000 millones de euros en créditos de dudoso cobro gracias a los avales del ICO y a las moratorias hipotecarias, dos iniciativas destinadas a dotar de liquidez a las empresas en los primeros meses de la crisis sanitaria y a evitar una emergencia habitacional como la que se produjo tras el estallido de la burbuja inmobiliaria que han incluido un efecto secundario balsámico.
Esas medidas, junto con otras que han disparado sus reservas en forma de provisiones por la prohibición de repartir dividendos este año emitida por el BCE (Banco Central Europeo), que sí permitirá que repartan un 15% de las ganancias el año que viene, han resultado claves para garantizar la solvencia del sistema bancario español, que ha registrado dos hitos.
El primero de ellos ha sido un desconocido crecimiento del negocio la pasada primavera, cuando prestó 80.000 millones en apenas mes y medio, y el segundo, una caída de la morosidad a niveles que no se daban desde mediados de 2009, cercano al 4,5% del total de los préstamos por saldar.
En la segunda de esas consecuencias ha tenido mucho que ver el traspaso al Estado de los riesgos asociados a los créditos de 160.000 autónomos y pymes por un montante de más de 15.000 millones sobre un total de 20.000.
Un coste significativamente menor que no hacer nada
"Las administraciones
han aprendido en parte de los errores de la anterior crisis", explica
el economista Eduardo Garzón, que recuerda cómo la decisión de dejar
caer a Lehman Brothers, entre otros bancos, "provocó un desastre".
Coincide
en el diagnóstico con Santiago Carbó, director de estudios financieros
de Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorro), para quien ese sistema
mixto de protección a familias y empresas que resulta beneficioso para
el sistema financiero, diametralmente opuesto al aplicado en la anterior crisis con el costoso rescate
de Mariano Rajoy y Luis de Guindos, "surge de dos grandes motivaciones y
asunciones. La primera, que no se pueden repetir los errores de la
anterior crisis, en la que el gasto público llegó tarde, sin apoyo
europeo, sin coordinación y no siempre se aplicó bien. La segunda, que
se espera que esta crisis dure lo que las vacunas permitan, por lo que
hay un recorrido temporal más acotado que permite acometer un gasto
importante temporalmente".
Ese gasto, en el que se incluyen los avales del ICO, la financiación de los ERTE y el cese de actividad de los autónomos y la puesta en marcha del Ingreso Mínimo Vital como medidas principales, supone "un gasto importante, aunque se asume que significativamente menor que el coste de no haber hecho nada. Lo importante para que esta estrategia se cierre con relativo éxito es que el gasto pendiente, incluidos los fondos Next Generation de la UE, se aplique bien como parte de una estrategia nacional de modernización, digitalización y sostenibilidad", añade Carbó. (...)
"Así logran paralizar el riesgo y evitan que les estalle"
"Los bancos han sido inteligentes y han optado por congelar esos créditos en plazos de hasta un año mediante acuerdos con sus clientes", con periodos más amplios de los que contempla la moratoria legislativa del Gobierno, indica Garzón, que anota que "así consiguen paralizar el riesgo y evitar que les estalle"; por un lado, al verse obligados a provisionar el grueso del valor de los créditos dudosos, y, por otro, al eludir otra ‘indigestión’ de ladrillo como la de la anterior crisis.
Tanto los avales como la moratoria, añade, "les permiten evitar un problema de solvencia", mientras las inyecciones de liquidez del BCE les facilitan el otro flanco de estabilidad. "Todo eso les está salvando de tener problemas ahora y por mucho tiempo", señala.
Carbó, por su parte, enmarca las moratorias en el "efecto aprendizaje" de la anterior crisis. "Son medidas temporales con sentido común ante un shock tan duro y seco como es el del coronavirus" y cuyo objetivo principal consiste en que "los hogares puedan puentear su deuda sin caer en impagos permanentes si se puede propiciar una recuperación más o menos temprana". No obstante, considera que "estas medidas tienen que tener un marco temporal limitado para que los incentivos no se perviertan".
"Los avales del ICO han funcionado notablemente bien", anota el director de estudios financieros de Funcas, con un "riesgo compartido entre los prestamistas (los bancos) y el Estado a través del ICO", cuya garantía pública "hace que el efecto potencial en la morosidad bancaria sea menor". (...)
En cualquier caso, la pandemia ha vuelto a cuestionar tanto la credibilidad de los discursos neoliberales y antiestatalistas, que comenzaron a tambalearse con la "gran recesión" a partir de 2008, como la viabilidad práctica de sus recetas teóricas.
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