"(...) Asturias, el “paraíso libre de Covid” en la primera ola, se desliza imparable por la curva descendente de la pandemia empeorando datos por días y llenando los titulares de sombríos presagios. La incidencia se ha cuadriplicado generosamente en poco más de mes y medio –la nacional va a la baja y la tasa de ocupación de camas hospitalarias supera al resto del país. En un solo mes, el Principado ha superado en 10.000 los contagios de los cinco primeros meses de la pandemia (ahora hay más de 17.000). Hoy en día, registra 573,4 contagios por cada 100.000 habitantes frente a los 498 a nivel nacional.
La pandemia lleva dos semanas desbocada en una Asturias envejecida, asustada y consciente de los estragos que está provocando el virus: el pasado viernes, cuando La Marea recorrió el Principado a bordo de la ambulancia especial, se registraron 793 nuevos contagios, 23 fallecidos y una tasa de incidencia del 11,45% en la población: un triple récord negativo que ha llevado a extender su Fase 2 ‘modificada’ hasta el 28 de noviembre y a considerar volver a solicitar un estado de alarma que permita el confinamiento forzoso en la comunidad. La primera vez que lo hizo, el Gobierno central rechazó su solicitud. (...)
Pero, ¿qué ha pasado para llegar hasta aquí? “Tener un verano tranquilo nos hizo bajar la guardia”, admitía el presidente del Principado, Adrián Barbón, en una entrevista con La Nueva España. Su discurso es tan realista como pesimista. “Quiero pinchar el falso globo de que todo cambiará a partir de marzo; posiblemente habrá tercera ola y científicos advierten de una cuarta«, dice el presidente asturiano, muy consciente de lo que se juega el Principado. (...)
La pandemia cabalga por una Asturias confiada durante meses en su incomprensible excepcionalidad: es la clave, para muchos, de su fracaso. “Me contaron que en los cines madrileños, antes de proyectar las películas este verano, se anunciaba el paraíso asturiano para atraer turismo”, dice Roberto. “Nosotros nos esperábamos este repunte por la falta de responsabilidad social, por la relajación.
En verano nos confiamos, volvimos a las sidrerías, a comer, beber y fumar en público… Nos lo hemos buscado, aunque sea inconscientemente. Y me temo que volverá a pasar, se volverá a relajar, pasaremos unas navidades tranquilas con comidas de empresa, reuniones familiares en interiores sin ventilar…. Volverá a pasar si no hay un poco de sentido común. Está muriendo la gente”, no cesa de repetir Cortijo. (...)
La desolación y la impotencia es extensible a todos los profesionales de la salud. El epidemiólogo y ex responsable de Emergencias Sanitarias de la OMS Daniel López-Acuña, miembro del equipo de expertos del Principado, es uno de los más vocales defensores de un confinamiento estricto para salvar vidas. “La dinámica de la epidemia en Asturias no está siendo distinta a la mayor parte de países europeos.
A partir del 15 de octubre hubo un pico acelerado en numerosos países que tienen hoy un número de contagios incluso más elevado que aquí. Parece haber una combinación de un virus un tanto más agresivo y contagioso con el hecho de que la meteorología nos obliga a más actividades interiores y eso implica espacios peor ventilados. Creo que incurrimos en una relajación excesiva en septiembre y octubre pensando que el virus estaba afectando principalmente a jóvenes asintomáticos, pero hoy se ve que los contagios se han extendido a todas las edades”, detalla el experto, afincado en Gijón.
“La cuestión es que la evolución no es distinta a la que observamos en otros países europeos que sí han comenzado a tomar medidas serias como confinamientos domiciliarios como el que quisiera Asturias, que se encuentra maniatada porque el estado de alarma vigente no lo contempla”. Acuña se desespera ante el rechazo de la solicitud del Gobierno central. “Es injustificado e incomprensible que no se haya apoyado a las comunidades que lo han solicitado con la excusa de necesitar esperar dos semanas, porque ya han pasado tres y al revisar las evidencias científicas queda demostrado que no hemos podido frenar la transmisión y doblegar la curva. (...)
Las vulnerabilidades de los asturianos llevó al Principado a calcular en
octubre que, de no tomar decisiones, los datos serían dantescos. “Si no
adoptamos medidas restrictivas para controlar los contagios, si
seguimos haciendo vida normal y dejamos que el virus siga contagiando,
podríamos llegar a un nivel de contagios del 50-60% de la población en
un corto espacio de tiempo. Ello supondría 500.000 o 600.000 personas
contagiadas, lo que llevaría al colapso del sistema sanitario y a un
nivel de fallecidos en torno a las 10.000 o 12.000 personas, como
mínimo”, señaló Adrián Barbón. (...)
Los sanitarios consultados, una decena, coinciden en que sólo un confinamiento estricto, aunque sea corto, podría controlar la pandemia. Algunos opinan que fue la apertura de colegios, sumada al regreso al trabajo tras las vacaciones que llevó a los niños a los parques con sus abuelos, el factor que ha descontroló todo. Otros hablan del turismo. Todos coinciden en la irresponsabilidad social.
“Pero si hay botellones hasta de gente de mi edad”, se desespera Ramón, uno de los responsables de la empresa de ambulancias Transinsa, enfundado en el uniforme tras bajar de la ambulancia donde hace turnos con sus empleados porque les faltan manos para asistir a tanto paciente. “Se bajan una botella de ron al parque porque los bares cerraron. Y sí, que son menos de seis personas y están al aire libre, pero ¿qué necesidad hay? ¿No podemos esperar hasta que esto pare? ¡Que está muriendo gente!”." (Mónica G. Prieto, La Marea, 15/11/20)
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