"Nadie pasaría un psicotécnico ni probablemente continuaría en régimen de libertad si se auditaran todos sus mensajes de WhatsApp.
Es curioso lo rápido que cambia la vida, pues hace diez años no era
mucha gente la que conocía esta aplicación, pero actualmente cualquier
persona podría ser incriminada y sentenciada a cadena perpetua por
alguna de sus intervenciones. El mundo era un lugar mejor antes de que
existieran los grupos de padres del colegio y los de amigos que sirven
para dar rienda suelta a las frustraciones sociales, maritales y coitales. (...)
La última polémica de este tipo la ha protagonizado un grupo de militares retirados con afán de emular a Rambo. La conversación incluía frases como las siguientes: “No queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta” o “qué pena no estar en activo para desviar un vuelo caliente de las Bardenas a la casa sede de esos hijos de puta”, en referencia a la Asamblea Nacional de Cataluña.
La exclusiva sobre el tema la desveló el diario Infolibre y rápidamente fue reproducida por diversos medios de comunicación. Entre ellos, por Jesús Cintora -en TVE-, ese periodista que está tan cercano a la moderación como el citado grupo de militares.
Como siempre ocurre, la izquierda mediática empleó esta información para advertir del peligro de que el sueño húmedo de la ultraderecha es, todavía hoy, tomar el poder a través de un golpe de Estado, como insinuaban los boinas verdes del chat de WhatsApp. En otras palabras: la conversación de cuatro tipos que ni pinchan ni cortan se utilizó para activar la 'alerta antifascista'.
Trasnochados hay en todas las partes, entre otras cosas, porque la
nostalgia es especialmente traicionera cuando el presente es muy
distinto al pasado que se anhela. (...)
Desconozco qué hubiera ocurrido si José María Aznar o Mariano Rajoy hubieran pronunciado la frase que Pablo Iglesias lanzó a sus rivales políticos hace unas semanas. La que decía: “Ustedes no van a volver a gobernar”. A buen seguro, alguien hubiera vuelto a invocar al fantasma del franquismo y a referirse a la derecha como ultra y antidemocrática. Eso no ocurre con la izquierda, que se puede permitir el lujo de amenazar a la oposición o de defender a dictaduras totalitarias en público -basta ver las redes sociales de Alberto Garzón- sin pagar un peaje político por ello.
Sea como sea, conviene recordar que a Pablo Iglesias también le traicionaron las nuevas tecnologías cuando alguien difundió una conversación con Juan Carlos Monedero en la aplicación Telegram, en la que expresaba su disposición a azotar a Mariló Montero hasta que sangrara.
Hubo quien habló entonces de machismo y de violencia, cuando, en realidad, fue la típica salida de tono entre amigos. Porque sí, todavía hay espacio para las reconfortantes salvajadas en los chats privados pese a la demoníaca hiper-conectividad a la que nos han sometido, que obliga a rastrear cada espacio en busca de cámaras o testigos tecnológicos.
Ciertamente, no conozco a muchas personas dispuestas a fusilar a 26
millones de españoles ni a dar un golpe de Estado. Quien pronunció esas
palabras ha perdido algún tornillo por el camino
y, quien las amplifica, es evidente que busca alarmar y desprestigiar a
toda una institución -el Ejército- por la salida de tono de uno de sus
antiguos componentes. (...)" (Rubén Arranz, Vox populi, 05/12/20)
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