14.1.21

Perfil de Pablo Iglesias en el primer año de Gobierno: El juego político le gusta y le divierte, pero también el conocimiento y el brillo de la victoria. Quiere jugar y ganar, y que se sepa y se le reconozca... siente la traición, precisa confianza y no olvida la decepción. Una debilidad en un juego inmisericorde. La aprobación de los presupuestos con una amplia mayoría es la mayor victoria del jugador Iglesias. Porque la partida no ha hecho mas que empezar y esa jugada le pone en ventaja para próximos movimientos

 "Pablo Iglesias juega a la política. Un hecho que en sí mismo puede considerarse banal cuando se trata de dirigir la vida de todo un país ocupando el cargo de vicepresidente, o crucial cuando lo que se dirime es una contienda en el seno del Gobierno para ver quién de los jugadores consigue ganar partidas para su electorado. En el Gobierno de coalición hay una partida y Pablo Iglesias la juega disfrutándola. Pero solo cuando gana. 

Es un juego peculiar, diferente a todo aquel en el que el azar tiene un papel preponderante, en un tablero sobre el que Pablo Iglesias diseña sus movimientos para lograr victorias en el Consejo de Ministros. Iglesias es un Joseph Fouché inverso, un jugador intelectual como definía Stefan Zweig al ministro de Napoleón, pero sin quedarse en la backstage del poder.

 El juego político le gusta y le divierte, pero también el conocimiento y el brillo de la victoria. Quiere jugar y ganar, y que se sepa y se le reconozca. La ambición y el orgullo de la victoria tienen que ir acompañados del reconocimiento. No le vale lograrlo, es preciso que se sepa. 

Iglesias tiene un problema para convertirse en aquel jugador implacable y sin piedad que merece un puesto de representación como el que ostenta en un entorno de polarización y vendettas en los propios pasillos que su gobierno habita. Es demasiado emocional en sus filias y fobias, le falta cinismo en sus relaciones profesionales, siente la traición, precisa confianza y no olvida la decepción. Una debilidad en un juego inmisericorde donde solo importan las relaciones con aquellos que pueden lograr lo que necesitas, aunque en el pasado te traicionaran y no lo hayas olvidado. Necesita templar la emoción para ajustar la acción.

 Trazar el perfil de Pablo Iglesias del primer año de Gobierno lleva aparejado analizar las victorias y el desgaste de las incoherencias propias de ser la parte débil en un gobierno en minoría. Su recorrido durante este año busca elevar el peso de las victorias de su presencia e intentar separarse de aquellos sucesos que le han superado y no puede hacer nada por evitarlos. Es sobre esos asuntos, hablando de ellos, cuando parece que no forma parte del Gobierno. La huida del emérito es la mancha más oscura, y por eso quiere separarse del hecho. Pero no puede hacerlo porque es su gobierno el que lo protege. 

Las incoherencias no son una excepción en su año en el Ejecutivo, también en su propio comportamiento. Una de las quejas más sentidas de su paso por la política fue que lo que se perdía en los procesos internos no podía airearse en los medios de comunicación. El debate se hacía, pero si se perdía, no podía jugarse de nuevo entre bambalinas, con filtraciones y metiendo en la disputa a la opinión pública. Era una protesta sensata, los proyectos colectivos precisan de las normas de lealtad debidas. Esa queja estaba motivada por su constante victoria interna, tenía la mayoría.

 Ahora las tornas han cambiado. El proyecto común colectivo que es un gobierno de coalición merecería el mismo trato, pelear en el Consejo de Ministros y, cuando se pierde, defender lo acordado fuera. Pero el juego político y las victorias logradas mandan más, y opera de la misma forma para lograr conquistas sociales como la suspensión de los desahucios que aquello que criticaba. Cree que merece la pena enmendarse por ese bien mayor.

Las victorias de la disputa interna en el Gobierno son las que pretenden justificar el intenso desgaste que supone ser el socio minoritario dentro de él. La victoria prioritaria, la más elevada, la que quiere poner en primer orden es la eficiencia del gobierno de coalición, pues su propia existencia ya fue puesta en cuestión en sus orígenes y romperlo se ha convertido en una obsesión por parte de todos los actores políticos y mediáticos con un poco de poder. 

La aprobación de los presupuestos con una amplia mayoría incluyendo además a Bildu y ERC, posibilitando una mayoría diferenciada a la que aspiraba Pedro Sánchez con Ciudadanos, es sin duda la mayor victoria del jugador Iglesias. Porque la partida no ha hecho mas que empezar y esa jugada le pone en ventaja para próximos movimientos."                         (Antonio Maestre, La Marea, 13/01/21)

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