"(...) Las elecciones han servido para resolver algunos dilemas en el interior de los bloques o espacios políticos consolidados.
El primero, la lucha por la primacía entre independentistas se resuelve en favor de ERC; Junts queda en un significativo tercer lugar, en un contexto definido por la mayoría parlamentaria de las fuerzas independentistas.
El segundo está relacionada con la hegemonía en el llamado constitucionalismo. La partida se resuelve claramente en favor del PSC que retorna a su centralidad y en contra de Ciudadanos que se hunde de forma dramática.
El tercero, las querellas de las derechas españolas. Vox gana claramente y tendrá consecuencias en el conjunto del Estado. El partido de Abascal saca diputados en todas las provincias catalanas y se implanta sólidamente en el cinturón metropolitano de Barcelona.
Habría un cuarto asunto que tiene que ver con En Comú Podem. Jéssica Albiach ha hecho una excelente campaña que le ha permitido derrotar a unas encuestas que le eran muy desfavorables y mantener el mismo número de representantes.
La operación Illa ha funcionado y dice mucho de la audacia del equipo electoral que gobierna el partido socialista desde los despachos de la Moncloa. Colocar como alternativa en Cataluña al responsable de la gestión de la pandemia era una decisión especialmente arriesgada. Ahora se dice que es una victoria agridulce; no lo es.
Pedro Sánchez sabía perfectamente que Illa no iba a conseguir una mayoría para gobernar, pero duplicar escaños y convertirse en la primera fuerza política es una proeza que legitima al candidato e, indirectamente, al secretario del partido socialista. Se podría decir que el Gobierno aprueba en su primera evaluación pública y que el desgaste ha sido menor de lo esperado.
¿Qué pasará ahora en Cataluña?(...)
Junts no puede permitir el lujo de pasar a la oposición y dejar gobernar a ERC, en solitario o acompañado. Necesitan tocar poder, seguir emitiendo mensajes de antagonismo frente al Estado y continuar levantando el “derecho a decidir” como política posible a corto plazo. El nudo no ha sido resuelto del todo y habrá una larga batalla política por delante. Esquerra está obligada a apretar en Madrid, pero sin romper, jugando fuerte con sus diputados y apoyando la agenda social que defiende Unidas Podemos.
¿Cómo influirán estos resultados en el resto de España? Aquí hay una gran coincidencia: Pedro Sánchez ha salido reforzado. Lo que habría que precisar es si este fortalecimiento lo es del Gobierno en su conjunto o solo del partido del presidente. Por lo pronto, la oposición queda muy debilitada y se acelerará el conflicto en las derechas.
Vox, desde el principio, ha vivido presa de un dilema: cambiar al PP o ser una alternativa a él. Después de estas elecciones la duda desaparece; la batalla será muy dura en las derechas y se atisba algo parecido a una guerra civil. Para el PSOE el escenario es ahora más favorable porque le permite polarizarse con Vox y aprovecharse de un grupo parlamentario venido a menos como el de Ciudadanos. (...)
¿Cómo queda la correlación de fuerzas dentro del Gobierno? Intuyo que Pedro Sánchez gana capacidad de maniobra y la pierde Pablo Iglesias. (...)
Añadiría un dato más, la gestión de
los fondos de recuperación rompe la dinámica del gobierno y convierte a
la señora Calviño en la auténtica protagonista, junto con la ministra de
Hacienda. La tensión va a ser enorme entre el factor tiempo (hay que
aprobar rápidamente los proyectos para salir lo antes posible de la
crisis); una administración en muchos sentidos obsoleta (que hay que
reformar sobre la marcha); las exigencias de una crisis social y
sanitaria cada vez más dramática y, sobre todo, el cumplimiento de las
estrictas directrices políticas de la Comisión Europea.
Se suele decir que Pedro Sánchez es un político sin principios y sin proyecto. Nunca lo he creído. El presidente del Gobierno es un político normalizado que se adecua al discurso dominante, que crea su propio espacio y que concede a las ideas un papel no demasiado relevante. Como todos. Ahora bien, siempre ha tenido un proyecto: convertir de nuevo al PSOE en la centralidad política del país garantizándole una larga permanencia en el Gobierno. La palabra clave es reconocimiento.
Pedro Sánchez lo que ha pretendido siempre es ser reconocido como el interlocutor indispensable de los grandes poderes económicos, el hombre capaz de asegurar la estabilidad de la Monarquía parlamentaria, neutralizar el conflicto social e impedir el surgimiento de una alternativa al sistema de poder dominante. (...)
Quizás merezca la pena buscar una perspectiva más amplia haciendo referencia a la “operación Draghi”. Siempre sorprende Italia. Ver al “fascista” Salvini, a los “populistas” del Movimiento 5 Estrellas gobernar con los “corruptos” políticos de Berlusconi en sagrada unión con la casta política republicana, impacta. Los intelectuales sistémicos y los guardianes de lo políticamente correcto tendrán que aprender que los dispositivos del poder son los que delimitan y definen el peso real de las ideologías y los proyectos políticos.
Los que mandan ponen de nuevo a uno de los suyos al frente de
un gobierno (de amplísimo espectro) para restructurar por enésima vez
un capitalismo en crisis permanente, domesticar a una sociedad que ya no
se reconoce a sí misma y suspender la democracia en nombre de unas
reglas económicas únicas y verdaderas. Bonapartismo de manual al
servicio del capitalismo monopolista-financiero, la verdadera cara del
populismo realmente existente. (...)" (Manolo Monereo, Cuarto Poder, 17/02/21)
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