11.2.21

Slavoj Žižek: “Con la pandemia empecé a creer en la ética de la gente corriente”. La decencia de pensar “esto tiene que hacerse y yo estoy aquí”. La izquierda debería usar, que no manipular, este despertar de la solidaridad... solo unidos nos salvaremos. Si aún no lo hemos aprendido, necesitamos nuevas crisis que nos hagan más solidarios

 "Lo que más echa de menos Slavoj Žižek de la vida anterior al coronavirus es la soledad. “No lo digo en plan broma barata posmoderna”, apunta el filósofo esloveno (...) “Disfruto del confinamiento, pero añoro la soledad porque ahora me llaman más que nunca, maldito Zoom, me bombardean”. (...)

PREGUNTA. En Como un ladrón en pleno día cuenta que Lubitsch usó el humor para acercarse a la herida abierta del Holocausto. ¿Estamos listos para reírnos de la pandemia?

RESPUESTA. Aún no. Aunque el heroísmo y el miedo pueden hacer un buen thriller, también hay comedias sobre cosas horribles. Tras la guerra de la desaparecida Yugoslavia surgieron los chistes políticos más inteligentes, vulgares y tremendos. El drama necesita más tiempo.(...) el humor volverá y será oscuro y brutal.

P. ¿No existe ya en los memes, en Twitter?

R. Puede ser. En Eslovenia el museo etnográfico ha recopilado las bromas sobre la covid. ¿Sabe una cosa que no es broma, pero lo parece? Hay gente que quiere recuperar partes abandonadas de la ciudad para que quienes han pasado el virus beban, bailen, hagan orgías…

P. ¿Un gueto, pero bien?

R. Exacto. Me encanta. En España hay muchos supervivientes, podrían hacerlo.

P. En Pandemia decía que estábamos muy cansados. ¿Cómo estamos ahora?

 R. Con fatiga crónica. En primavera sufríamos más, pero ahora, aunque en Eslovenia hay 20 veces más contagios, la gente es más indiferente. No es una indiferencia celebratoria, es desesperada. Nadie sabe qué va a pasar. La gente está literalmente perdiendo el deseo. En Sarajevo, con los francotiradores en los tejados, la gente luchaba por sobrevivir; después, cuando acabó la guerra, llegaron los suicidios. Me temo que ahora pase lo mismo. En medio año puede que la crisis sanitaria esté más controlada, luego vendrá la económica, y la tercera ola será psicológica, los derrumbes emocionales, las generaciones destruidas.

P. ¿Cómo afrontarla desde lo público?

R. Necesitamos Estados fuertes y eficientes, pero no hay que subestimar la autogestión de las redes locales. Se dice que la crisis sacó lo peor de nosotros. Disiento. Yo tuve problemas de salud durante el confinamiento y recibí tanta ayuda, no solo de médicos y enfermeras, vecinos, asociaciones… Empecé a creer en la ética de la gente corriente. La decencia de pensar “esto tiene que hacerse y yo estoy aquí”. La izquierda debería usar, que no manipular, este despertar de la solidaridad.

 P. Sin embargo, en el reparto de vacunas, como ocurrió con las mascarillas o los respiradores, ha triunfado la lógica capitalista, gana el mejor postor.

R. Hay mucha hipocresía. Dijeron que habría para todo el mundo y ya estamos viendo diferencias en el acceso, por ejemplo, Israel negándosela a los palestinos. Es una lógica estúpida, en un mundo globalizado, necesitamos estar todos a salvo.

 No soy idiota —no digo que la covid vaya a traer el comunismo—, pero tampoco pesimista: creo en las posibilidades de esta nueva solidaridad. Un detalle insignificante y maravilloso: en una entrevista el fundador turco de BioNtech [el doctor Ugur Sahin, junto a su esposa, Özlem Türeci] vino a decir: “Nosotros no podemos hacerlo todo, necesitamos otras vacunas”.

 ¡Un empresario preguntando “dónde está la competencia”! ¡Qué belleza! El trabajo de esa pareja ha hecho más contra el racismo que todas las tonterías políticamente correctas. La gente dice: “El capitalismo sobrevivirá”. Yo contesto: “Ya ha cambiado inmensamente”. Incluso Gobiernos conservadores, Trump, Boris Johnson, han hecho cosas inimaginables: nacionalizar, intervenir o introducir de facto elementos de la renta básica universal.

P. El “ladrón en pleno día” de su libro se refiere a cómo el sistema cambia sin que nos percatemos. ¿Ha hecho la covid más visible al ladrón?

R. En varios sentidos. Por un lado, la descarada concentración de la riqueza ya no es secreta. Es repugnantemente visible. En el ultracapitalismo, Gates, Soros y el resto son presentados como el consejo de sabios, una nueva aristocracia. Por otro, Amazon o Microsoft no ejercen la explotación clásica —yo trabajo y tú te llevas el beneficio extra—, sino que privatizan lo que Marx llamaba el bien común, el espacio compartido donde nos comunicamos, y se benefician de las rentas. 

El capitalismo cambia hacia uno más feudal y digital, donde un par de megacompañías controlarán todo y estarán compinchadas con los aparatos de seguridad de los Estados. Ya no es que te tengan geolocalizado, menuda chorrada, eso no da miedo. Es que saben por dónde vas del libro que estás leyendo, la tele reconoce tu expresión facial para ver si te gusta un programa; en EE UU, China o Israel las conversaciones privadas se graban; en Europa ya es difícil encontrar billetes de 100 euros, al final pagaremos mirando a cámara y sonriendo. Y el Estado lo sabrá todo.

P. Suena a ciencia-ficción.

R. Ya existe una interacción directa entre la mente y la computadora. Lo venden como algo positivo, así los discapacitados pueden mover su silla con solo pensar “adelante” o lo que sea, pero no te cuentan que también sirve para controlarte. Mis amigos conectados con lo militar dicen que las armas nucleares son para idiotas. Las armas psicológicas, no en el sentido de la antigua propaganda, sino como el control de la mente, son el futuro.

P. ¿Por ejemplo los algoritmos que alimentan la desinformación en las redes?

R. Las redes sociales nos dan un cierto nivel de libertad, son un arma para la revolución como se vio en la primavera árabe. Por eso los Estados quieren controlarlas y Assange es un héroe de nuestro tiempo al criticar precisamente el control de los Estados donde la gente se cree libre. No extraditarlo ha sido lo correcto, pero las razones para no hacerlo son equivocadas. La juez Vanessa Baraitser apeló al riesgo de suicidio, su mensaje: “Sé que la acusación contra Assange está mal, pero no estoy preparada para admitirlo”.

 P. Allí donde se controlan abiertamente las redes, el problema también existe.

R. Claro que hace falta un Assange chino. No tengo ninguna simpatía por China, pero cuando la catástrofe explotó, pusieron la salud de la gente por delante de la economía. Y resultó eficaz incluso económicamente, algunos grandes institutos capitalistas defienden ahora que las cuarentenas estrictas son lo único útil. Un amigo chino disidente me dijo: “El Partido tiene una ventaja sobre Occidente; no se preocupa por las próximas elecciones”. 

China vio la prioridad y supeditó los mecanismos del mercado; no sé cómo se hace eso de forma democrática, pero sí que está en nuestro propio interés egoísta crear una nueva solidaridad global. Habrá nuevos virus, emergencias climáticas, malestar social… Necesitamos Gobiernos que no dejen las catástrofes en manos del mercado.

P. ¿Como en una guerra?

R. No me gusta el símil, pero sí, como cuando, tras la Segunda Guerra Mundial, Roosevelt rompió todas las reglas… Ahora es necesario un sistema de salud global, y si el sistema no puede gestionarlo da igual, es lo que hay que hacer. En algún momento la economía tendrá que socializarse. Por pura urgencia. Ningún Estado democrático se puede permitir que gran parte de su población pase hambre, aunque está pasando y entiendo el escepticismo. 

Pero nada está predeterminado, todo está abierto. Habermas, el filósofo alemán, no me gusta mucho, pero dijo que lo excepcional de la covid es que nunca hemos sabido tanto y a la vez somos tan conscientes de nuestra ignorancia. La realidad es impenetrable. Y en medio de estas incógnitas tenemos que actuar.

P. ¿Y si no lo hacemos?

R. Nos daremos de bruces con la realidad de forma mucho más cruel. Disturbios, problemas… ¿Se da cuenta de lo que está pasando en EE UU? Los titulares impensables que parecen referidos a un país africano. Los asaltantes del Capitolio hicieron lo correcto (protestar contra un sistema electoral que no representa la voluntad popular) por la razón equivocada (creer que Trump está de su lado).

 Trump es como Kane en la película de Orson Welles, habla en nombre de los pobres para evitar que los pobres hablen por sí mismos. En contraste con el populismo autoritario clásico, como el fascismo, que busca abolir la democracia e imponer un nuevo orden, el populismo actual no tiene programa. Por ello posponen indefinidamente su objetivo. Las verdaderas víctimas de Trump son quienes se toman en serio su charlatanería contra las élites liberales corporativas.

P. ¿Es pesimista u optimista respecto al futuro?

R. Woody Allen escribió en 1979: “La humanidad está en un cruce de caminos. Uno lleva a la desesperación y la desesperanza. El otro a la extinción total”. Hay que asumir la crisis, no seamos ingenuos. Con las vacunas la gente dice: “Por fin vemos la luz al final del túnel”. Claro que la vemos: de frente viene un tren.

P. Así que, ¿pesimista?

R. Esa es mi paradoja. Lo soy a corto plazo, es la única manera de ser feliz a veces, cuando de casualidad pasa algo bueno. Pero al mismo tiempo soy un optimista desesperado. Solo unidos podremos salvarnos. Si aún no lo hemos aprendido, simplemente necesitamos nuevas crisis para ser más organizados y solidarios. Solo espero que no sean muy brutales.

P. Si los muertos hubieran sido mayoritariamente jóvenes, ¿nos habríamos tomado esta más en serio?

R. Es tan triste. Sin decirlo, todos lo hemos aceptado: sacrifiquemos a los viejos. Practicamos la barbarie de la supervivencia. También me entristece que haya países, Yemen, Armenia, donde los conflictos relegan a la covid. Pensé, qué estúpido, que la pandemia los frenaría.

 P. ¿Los hemos olvidado los medios?

R. Mi reproche no es que los medios pongan énfasis en el coronavirus, sino que no lo relacionen con el cambio climático o el malestar social, como parte de la misma patología. La covid no cayó del cielo, no salió de una sopa de murciélago en un rincón de Wuhan, forma parte de un sistema. No en el sentido new age, como una venganza espiritual de la naturaleza contra el capitalismo. La covid es materialismo puro, un proceso vacío de significado, algo que simplemente ocurre, pero por supuesto que lo hace en unas condiciones económicas determinadas. La naturaleza se recuperará, eso no me preocupa, la cuestión es si habrá lugar en ella para nosotros."                  (Entrevista a Slavoj Žižek, Patricia Goçálves, El País, 23/01/21)

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