"Si caigo enferma, ¿con quién dejo a mi hijo?", es la pregunta que se han hecho algunas madres y padres durante el último año. La crisis de la covid-19 ha hecho estallar las costuras de un problema latente: la conciliación.
Tras casi 365 días, las familias se confiesan "agotadas", poniendo especial atención en las monomarentales, donde la carga del hogar la lleva una madre la solitario. La igualdad no se ha logrado aún ni en el trabajo ni en el hogar y muchas mujeres han sumado a la "doble carga" la incertidumbre de la pandemia.
El 14 de marzo de 2020, cualquier planificación saltó por los aires cuando se decretó el primer confinamiento para intentar atajar las cifras que estaba dejando la covid-19. Aunque en ese momento la prioridad era salvar vidas, el coronavirus tumbó uno de los pilares de la 'conciliación': los abuelos pasaron de tener una función cuidadora con sus nietos a ser sujetos de protección. No es un detalle menor.
Muchas mujeres tuvieron que elegir entre arriesgar la seguridad de los mayores o su trabajo: "En los primeros momentos, cuando cerraron los colegios y no se podía visitar a los abuelos y familiares, las redes familiares cayeron. Muchas madres han perdido el empleo porque no tenían con quien dejar a sus hijos", explica Carmen Flores, presidenta de la Federación de Asociaciones de Madres Soltera (FAMS).
El confinamiento afloró un problema que ya existía, pero al que las familias iban poniendo parches. Sin embargo, hay una desigualdad evidente que también se ha visualizado aún más en la pandemia. La Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios (ARHOE) lanzó la encuesta ¿Cuánto tiempo tienes para tus hijos/as? en la que se evidencia que los roles de género parecen inmutables en la nueva normalidad: "El confinamiento del trabajo en los hogares ha supuesto un cambio en las rutinas de los cuidados que ha afectado más a las mujeres (60,87 %) que a los hombres (34,78 %)", sugieren en el documento resumen.
Por eso, al presidente de ARHOE, José Luis Casero, no le ha sorprendido que la conciliación estallase en plena crisis sanitaria: "El derecho a la conciliación es uno de los más afectados y las que más lo han sufrido han sido las mujeres: madres, trabajadores o cuidadoras". De hecho, le resulta paradójico que haya hombres que hayan confesado que durante las primeras semanas de confinamiento "han descubierto la cocina o a sus hijos": "Esto es anecdótico, la corresponsabilidad no puede ser algo solo de una situación de crisis".
De hecho, cree que el enfado, la ansiedad o el estrés que han
manifestado muchos progenitores durante estos meses es un síntoma que
debería preocupar a los poderes públicos, que deben gestionar las
demandas de "una sociedad sociedad insatisfecha desde el punto de vista de unidades familiares". En la citada encuesta, "los progenitores están muy insatisfechos con el tiempo que dedican a sus hijos": "El
60,13 % expresa que les dedican menos tiempo del que consideran necesario".
La falta de conciliación es un problema prepandémico. Por eso
seguirá siéndolo después de la crisis sanitaria. Ninguna de las tres
fuentes consultadas ve avances significativos en la práctica, pero todas
destacan la "extenuación" que acusan ya las familias: "Es una sociedad
agotada, no por no poder tomarme una cerveza, sino porque no llegamos a tiempo a cosas tan básicas como nuestras relaciones personales", remata. (...)" (Sara Montero, Cuarto Poder, 06/03/21)
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