22.4.21

Los siervos del alquiler, ¿cómo escapar?... Nomadlands ya está aquí: "No veíamos lo de gastar el 70% del sueldo en alquiler y nos fuimos a vivir a una furgoneta"

 "Iratxe Goikoetxea (29 años) y Déborah García (38 años) amanecen desde hace dos semanas en Biarritz, en el País Vasco francés. Aparcaron su furgoneta de seis metros cuadrados frente al mar y allí hacen vida, sin moverla ni gastar en gasolina.

 "Estamos al lado de la playa. Hay baños públicos, un enchufe cerca para cargar el ordenador, un paseo para hacer deporte y el supermercado a cinco minutos", cuentan. "Es un sitio perfecto. Ahora solo gastamos en comida, unos 50 euros a la semana. Luego está el móvil, 22 euros mensuales cada una, y el seguro, 460 euros anuales que pagamos este mes". (...)

 Iratxe y Déborah son dos jóvenes vascas que viven como nómadas. Empezaron en agosto de 2020. No cambiaron su casa por una furgoneta porque nunca llegaron a tenerla: antes de mudarse juntas, cada una vivía en casa de sus padres, una en Álava y la otra Gipuzkoa. Iratxe llevaba cinco años empleada en un estudio de interiorismo; Déborah trabajaba en una ONG a media jornada y colaboraba como autónoma con medios, además de tener un Patreon sobre cine y arte con el que ingresa 400 euros al mes. Antes vivió trece años en Madrid.

"Vimos pisos. Hablamos de ello. Nos ilusionamos. Nos desilusionamos. No acabábamos de ver que, de nuestros sueldos precarios, el 70% u 80% fuese a pagar el alquiler y no pudiéramos ni ir de vacaciones", relatan. "San Sebastián está por las nubes. Y Vitoria no tanto, pero es cara: entre 750 y 800 euros por un piso". La opción de mudarse a una ciudad o pueblo más barato también estuvo sobre la mesa, pero en cualquier caso implicaba que Iratxe dejara su trabajo fijo. "Y habiéndome quitado eso...", dice. "Reflexionamos: ¿es esta la vida que queremos? ¿Trabajar muchísimo para pagar un alquiler? ¿Meter todo nuestro dinero en este círculo?".

Frustradas ante la dificultad de acceder a una vivienda tomaron la decisión de vivir itinerantes. Ahora cuentan su experiencia en el podcast Flâneuse: Historias en estado nómada, donde avisan de que ni están vendiendo esta vida ni es la solución para todo el mundo. El primer capítulo empieza con una declaración de intenciones política. "Esto es lo que nos ha funcionado a nosotras. Que el 70% del sueldo se vaya en pagar un piso nos parece deleznable. Las soluciones son políticas y sociales: que los alquileres no nos chupen la vida".

De acuerdo a los últimos datos del INE, el 55% de los jóvenes de entre 25 y 29 años aún viven con sus padres. Y uno de cada cuatro entre 30 y 34 también. Estos porcentajes han aumentado entre 5 y 6 puntos en los últimos siete años debido a la falta de independencia económica —los jóvenes tienen salarios más bajos y mayores tasas de temporalidad— y al aumento del precio del alquiler, que desde 2015 ha subido un 50% en toda España.(...)

Más allá de las cifras de matriculaciones, no hay datos sobre cuántos españoles viven de este modo. Cuentan Iratxe y Déborah que estos meses como nómadas han conocido a mucha gente como ellas. "El otro día estuvimos con una pareja francesa: él era ilustrador y ella gestionaba eventos musicales. Decían que en Francia era común, que mucha gente estaba dejando los alquileres. (...)

 Según sus datos, solo hay 1.100 en nuestro país frente a los más de 6.000 de Francia o Alemania. (...)

La pandemia ha creado trabajos en remoto que permiten a la gente trabajar desde otros lugares", relatan. "Ahora estamos cerca del mar y hay gente que hace surf y vive así. Y el perfil de nómada digital es uno, pero también tenemos unas amigas temporeras. Vivían en Mataró, dejaron sus alquileres y llevan un año: trabajan durante seis meses y en temporada baja viajan con su furgoneta". (...)

Esos 250 euros al mes —algo más si están viajando y necesitan pagar la gasolina— son más fáciles de alcanzar con trabajos esporádicos que los 800 (más gastos) que supondría un piso. "Vemos que ahora no hace falta estar todo el mes trabajando. Lo hemos invertido: es como si los fines de semana los dedicáramos a trabajar y el resto del tiempo a adaptarnos a esta vida, a no estar delante del ordenador. Nos sentimos muy liberadas. Y creo que lo que más hemos ganado es salud. Yo antes estaba desquiciada, esa es la realidad. Ahora, con los 400 euros del Patreon, vivo", anota Déborah.  (...)"     (Analía Plaza, eldiario.es, 15/04/21)

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