12.4.21

Yolanda Díaz: “Mi cultura política y la de Pablo Iglesias son muy distintas”... Soy gallega, no me gusta nada el ruido, incluso pienso que, a veces, el ruido llega a ser ensordecedor... Me voy a dejar la piel por mi país para transformarlo desde una óptica igualitaria... voy a ejercer un papel institucional. No soy ahora mismo nada más que la vicepresidenta tercera del Gobierno de España. Y lo voy a cumplir....

 “No he elegido ser vicepresidenta, no me interesan los cargos”. Yolanda Díaz (Fene, A Coruña, 1971) se enteró de la salida del Gobierno de Pablo Iglesias “en el tiempo de descuento”. Suya sí fue la decisión de mantener la cartera de Trabajo, en la que asegura estar centrada y donde planea medidas ambiciosas: “La reforma laboral tiene que ser integral, ya la hemos hablado con Bruselas y vamos muy a la ofensiva”.

En su primera entrevista como vicepresidenta tercera, concedida a infoLibre y elDiario.es dentro del acuerdo de colaboración editorial que ambos medios mantienen, Yolanda Díaz repite sin cesar que persigue un liderazgo “no confrontativo y no jerárquico” con el que ella, militante del Partido Comunista, ha llegado a media docena de acuerdos con la patronal y los sindicatos. “Mi cultura política y la del secretario general de Podemos son muy distintas”, asegura Díaz, que se propone convertirse en “la gran defensora de la coalición” y que las disputas internas del Gobierno no acaben en los medios. “Yo no uso esos estilos ni lo voy a hacer, se lo he dicho a Pablo Iglesias y lo conoce bien”.

¿Será usted la candidata de Unidas Podemos para las próximas elecciones generales?

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Estoy centrada en las tareas de gobierno y, especialmente, en el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Entiendo que este tema es muy sugerente, pero ahora mismo estoy trabajando por mi país.

¿Qué condiciones tienen que darse en el futuro para que usted sea la candidata?

No es un planteamiento de condiciones sino de prioridades. Este Gobierno tiene un gran reto: afrontar los problemas estructurales del mercado de trabajo por primera vez en 42 años de democracia. Son siempre los mismos males: el paro estructural brutal, el coyuntural y el estacional, con unos índices de precariedad y de temporalidad que nos hacen profundamente desiguales. Y desde el Ministerio de Trabajo y Economía Social hemos decidido abordar estas materias. Me parece que tengo que estar volcada en esto.

 ¿Qué papel va a tener Pablo Iglesias en Unidas Podemos tras las elecciones autonómicas? ¿Va a seguir liderando el partido desde fuera del Gobierno o va a liderar la acción de gobierno desde fuera del Gobierno?

Lo tiene que decidir él. Pablo Iglesias es el secretario general de Podemos, de una organización muy relevante en el espacio que hemos construido, y seguirá haciendo estas tareas legítimamente, como cualquier secretario general de cualquier partido. Me consta que, por supuesto, va a seguir trabajando con el secretario general del PSOE y con todas las organizaciones del Estado.

 Vamos a seguir trabajando juntos. Es un papel que tampoco es tan nuevo. Aunque es cierto que las formas con las que Pablo ha hecho esta transición sí son disruptivas; lo ha puesto todo patas arriba. Y sí, hay mucha expectación para saber cómo vamos a hacer esta transición, pero yo creo que él se va a ocupar de sus tareas políticas legítimas. Yo me voy a volcar en mimar y cuidar esta primera coalición de gobierno en la historia de España.

¿Va usted a liderar a Unidas Podemos dentro del Gobierno de coalición?

Es lo que me toca. Voy a seguir siendo de manera central la ministra de Trabajo y Economía Social. Es lo que me apasiona. Pero como vicepresidenta voy a coordinar dentro del Gobierno las tareas de acción pública de una de las partes del Gobierno. Lo haré sin perjuicio de que haya interlocuciones políticas, con el papel complementario de Pablo Iglesias. Vamos a ir en una mímesis, desde visiones diferentes, porque mi cultura política y la del secretario general de Podemos son muy distintas, pero justamente son interesantes porque son complementarias.

¿Cuándo supo usted que sería vicepresidenta?

Me enteré, como casi todo el mundo sabe, en el tiempo de descuento.

¿Le hubiera gustado enterarse antes?

 Pablo [Iglesias] me conoce muy bien. No soy especialmente lenta en la toma de decisiones, pero sí que soy prudente y necesito tiempo, como cualquier ser humano. Y yo estaba centrada y voy a seguir centrada en el Ministerio de Trabajo y Economía Social. Es decir, ¿yo he elegido ser vicepresidenta? No, sin lugar a dudas. No me caracterizo por los cargos, no me interesan mucho esas cosas y creo que Pablo lo sabe muy bien.

Hace menos de tres meses entrevistamos a Pablo Iglesias y cuando le preguntamos cuál será el futuro de Yolanda Díaz en la política española aseguró: “El futuro de Yolanda Díaz será esperanzador para la izquierda española”.

 La reflexión que él hace se la agradezco mucho, es muy bonita. Me voy a dejar la piel por mi país para transformarlo desde una óptica igualitaria. Creo que lo estamos haciendo ya. Hemos demostrado conjuntamente que hemos gestionado esta crisis de manera absolutamente diferente. Frente al ruido, la parálisis y la inacción de algunos grupos, hemos demostrado que salvamos a empresas, que salvamos a trabajadores, que salvamos a autónomos. Que cometemos errores, como todo el mundo, claro que sí, pero que hemos hecho las cosas de manera diferente. Y desde luego me van a tener siempre para combatir las políticas que tienen que ver con los marchamos de la desigualdad. Me van a tener siempre del lado de las gentes que cuidan a los demás.

 ¿Cuál será el futuro de Pablo Iglesias en la política española? ¿Renunciar a la Vicepresidencia y a algo tan importante como el cartel a las próximas elecciones generales es un paso atrás? ¿Es el principio de la retirada?

Creo que no. Hay un gran desconocimiento sobre él y Pablo Iglesias es de verdad. Para lo bueno y para lo malo. Su praxis política no es ortodoxa, ni en el tiempo político, ni en las convenciones. No hay un ejemplo en la historia de la democracia española de alguien que haya abandonado una Vicepresidencia del Gobierno. Pero yo creo que los intereses de Pablo Iglesias no están ahí. En eso me siento muy próxima a él: nos sentimos útiles haciendo lo que nos gusta, que es contribuir a cambiar la vida de la gente en nuestro país. Seguramente yo me siento igual de útil que él en mi colegio de abogados, o en el AMPA de mi hija. Esto es la vida pública: contribuir.

Pablo no se va. Pablo está aquí. Y además, lo que ha hecho es de grandeza. Decir ‘no, es que yo entiendo que lo que se está jugando Madrid es muy importante, no sólo para la Comunidad de Madrid, sino para mi país, y estoy dispuesto a dar un paso adelante, no un paso atrás’.

Con usted como vicepresidenta, ¿qué cambios vamos a ver respecto a la etapa anterior? Por ejemplo, ¿veremos las discrepancias internas en el Gobierno menos dirimidas en los medios de comunicación?

 Con usted como vicepresidenta, ¿qué cambios vamos a ver respecto a la etapa anterior? Por ejemplo, ¿veremos las discrepancias internas en el Gobierno menos dirimidas en los medios de comunicación?

Creo que me conocéis. Soy gallega, no me gusta nada el ruido, incluso pienso que, a veces, el ruido llega a ser ensordecedor. ¿Quiere esto decir que la ciudadanía española, que es madura y que, además, está ávida de conocimiento, no tiene derecho a conocer cuáles son los matices que tenemos en el interior del Gobierno? Yo digo que, con absoluta transparencia, sí tienen derecho.

¿Habrá discrepancia, pero con menos decibelios?

Yo he tenido debates y posiciones encontradas. No tantas, pero las he tenido. Quizás son más relevantes por el alcance y el relieve que tienen en la vida de la gente que muchas otras, pero nunca las he hecho públicas. Sin embargo, he decidido manifestar que tengo una posición adversa en una materia de enorme sensibilidad y de máxima actualidad, como es el salario mínimo interprofesional. Ahora bien, hay que medir el ruido porque, insisto, puede llegar a ser ensordecedor. Respondiendo a la pregunta, yo no uso estos estilos, ni lo voy a hacer, no voy a cambiar. Lo sabe todo el mundo. Se lo he dicho, por supuesto, a Pablo Iglesias, y lo conoce bien, y lo sabe el presidente del Gobierno. ¿Esto quiere decir que Unidas Podemos no va a tener voz propia? La va a tener. Ahora bien, en la medida de lo que pueda, desde luego, voy a ejercer un papel institucional. No soy ahora mismo nada más que la vicepresidenta tercera del Gobierno de España. Y lo voy a cumplir.

 ¿Comparte las críticas de Pablo Iglesias a los medios de comunicación?

Soy una gran defensora de la libertad de expresión y de la libertad de prensa en mi país. Y entiendo que en mi país tiene que haber líneas editoriales que son diversas y además las respeto y las comprendo. Yo no le voy a pedir a un periódico que no comparta que no opine libremente. Nunca le he hecho una crítica a un medio de comunicación y no la voy a hacer. Sí pido a los medios que la información sea veraz y de calidad, que esté contrastada, que sea un servicio público, aunque el medio sea privado, que combatan las fake news, que hacen un daño atroz. Y también, ya que soy la ministra de Trabajo y Economía Social, que tengamos un poquito menos de precariedad en los medios de comunicación. La precariedad lo inunda todo, y para prestar buena información, necesitamos trabajadores y trabajadoras en buenas condiciones de trabajo.

Tuvo la opción de ser vicepresidenta segunda, pero de Derechos Sociales, y optó por ser vicepresidenta tercera, pero manteniendo las competencias de Trabajo. ¿Por qué tomó esta decisión?

Porque nunca me van a ver peleando por un puesto. Jamás, no me interesa nada. Lo único que me apasiona, que no es pequeña cosa, es defender a los trabajadores y las trabajadoras y al tejido productivo de mi país. No sería útil siendo una ministra de Bienestar o de Derechos Sociales. Y mi manera de entender la política nunca va a ser disputar un puesto; es una forma que no me representa, que es muy masculina. Nunca voy a estar ahí.

¿La coalición con el PSOE va a durar o existe el riesgo de que se rompa antes del final de la legislatura?

 No existe ningún riesgo de ruptura. Si nos mimamos y nos cuidamos, desde la diferencia, vamos a tener este gobierno durante mucho tiempo. La ciudadanía no nos pide que seamos iguales. No pide que Pedro Sánchez y yo pensemos lo mismo. Nos pide que debatamos de manera honesta. Nos quieren diversas, con un proyecto de país que ilusione. Debemos salir de esa concepción finalista de la coalición para ir al fondo de la misma, a armarla muy bien y entender que representamos a espacios diferentes y que podemos caminar conjuntamente multiplicándonos en nuestra acción pública. Esto es posible y desde luego, me voy a empeñar en hacerlo. Me voy a convertir en la gran defensora de la coalición.

Antes decía que va a liderar el bloque de Unidas Podemos en el Gobierno. ¿Esto significa que la última palabra sobre las discrepancias que existen en la coalición, por ejemplo, sobre la Ley de la Vivienda o sobre la Ley Trans, van a depender de usted?

Voy a negociar, como me toca. Me siento muy cómoda en ese papel. Se puede hacer política de otra manera, que no sea confrontativa. Mi cultura política viene del pacto, del acuerdo y del diálogo. Yo me siento a negociar con voces muy diversas, pero siempre es posible llegar a puntos de encuentro. Es lo que hago en el diálogo social, es lo que me ha enseñado mi padre. Desde luego, sin perjuicio de que cada ministro negocie sus materias, como yo misma hacía, aunque Pablo Iglesias desatascaba junto con Pedro Sánchez muchos temas en el momento final.

¿Esto seguirá siendo así? ¿Usted será ahora como vicepresidenta la que desatascará los conflictos con Pedro Sánchez? ¿Ante el conflicto, la persona que marque la pauta y lidere será ahora usted?

Pero con un liderazgo no confrontativo y no jerárquico. Creo que este es el cambio. Yo no ordeno y mando. No lo voy a hacer jamás. No lo hago con mi equipo, ni lo voy a hacer nunca. Voy a tender puentes: la política del ruido y de los muros no conduce a nada. Me ha tocado resolver temas muy complejos y lo voy a seguir haciendo. Pero Ione Belarra, la ministra de Derechos Sociales, seguirá negociando las materias de su competencia. O Alberto Garzón, que está ahora mismo teniendo debates muy interesantes en materias de consumo público y de salud pública.

¿Cómo es su relación con la vicepresidenta Nadia Calviño? ¿Discrepan tanto como parece?

No, no creo que discrepemos tanto. Es conocido que tenemos procedencias diferentes, culturas diferentes y lecturas políticas de esta crisis diferentes. Es legítimo y no sucede nada. Aprendo mucho de las reflexiones que hace Nadia y me gustaría que ella aprenda de las que yo hago. Somos complementarias. Quizás también emotivamente y humanamente somos distintas. Yo escucho mucho y me hace ser serena, porque me siento a negociar con Antonio Garamendi, o con otras voces, y aprendo.

 ¿Calviño escucha menos?

No, no, quiero decir que somos diferentes. No, en absoluto.

Seguro que recuerda usted una frase sobre la subida del salario mínimo: “Son 30 céntimos al día”.

Siguen siéndolo.

¿Es posible subir el SMI este año? ¿Hasta cuándo se mantendrá congelado?

La previsión que hacen los institutos de crecimiento de inflación es del 1,3%. Este es un debate muy importante porque supone cerrar el círculo respecto de cómo entendemos la gestión de esta crisis, muy distinta a lo que hizo el Partido Popular. A los números me remito: la crisis anterior acabó con 551.000 afiliados en el Régimen de Autónomos menos y esta crisis la saldamos con un incremento en la afiliación en el Régimen de Autónomos. O 6.268.000 parados en aquel año 2013, 56% del paro juvenil, y en este momento, hemos demostrado, con datos terribles en términos de paro –no quiero poner ningún bálsamo a los datos–, que hemos salvado a más de 550.000 empresas y a 3,6 millones de trabajadores y trabajadoras de nuestro país. Pero la salida de la crisis ahora no puede ser más desigual. No podemos permitir que esto pase. No es una preocupación sólo de mi país, es una preocupación, desde luego, de la OIT y de todos mis homólogos europeos.

Eso pasa por subir el salario mínimo.

Es que todos los países europeos han subido el salario mínimo, es una concepción de políticas de rentas que entiende que es positivo hacerlo. En primer lugar, por una coherencia en la acción pública. Hemos subido el 0,9% a los empleados y empleadas públicas, hemos revisado el IPC a los pensionistas de este país. Y las personas que están acogidas a convenios colectivos, que son la inmensa mayoría de los asalariados y asalariadas en nuestro país, subirán una horquilla que va entre el 1,5% y el 1,8%. No soy capaz de entender por qué los que quedan fuera de convenio, que son las mujeres y los jóvenes singularmente, que son quienes más necesitan de ese acompañamiento del poder adquisitivo, de los bienes y productos y servicios de nuestras vidas, justamente a ellos y a ellas les decimos que no, que no les vamos a incrementar.

¿Y volverá a proponerlo?

Ya estamos en ello.

 Un año después del inicio de la pandemia, los últimos datos de paro muestran que todavía queda muchísimo empleo por recuperar, con casi 750.000 trabajadores en ERTE. ¿Se van a prorrogar los ERTE más allá del 31 de mayo?

Estamos con la mesa de diálogo social de modernización del mercado de trabajo, ahora mismo [por el miércoles] se está celebrando. También tenemos las mesas de diálogo social de las políticas activas de empleo, del Plan Garantía Juvenil +, que está terminado. Y en nada nos pondremos a trabajar con la nueva negociación de los ERTE. Quiero dar tranquilidad a las empresas y a los trabajadores: renegociaremos.

¿Y hasta cuándo debería estar vigente el mecanismo de los ERTE?

Hasta que sea necesario. Siempre digo que no pongamos fechas. Nunca tenemos certezas con la economía, tenemos previsiones, pero es que ahora dependen de un virus y de la capacidad de vacunación que tengamos. Vamos a arrancar la mesa de negociación de los ERTE rápidamente. Y las empresas y los trabajadores y trabajadoras de nuestro país pueden tener tranquilidad porque el mecanismo ha resultado eficaz. Por primera vez somos europeos, nos saludan todos los informes del Fondo Monetario Internacional, tanto en materia de diálogo social, como en las políticas que estamos desplegando.

¿Qué condiciones pide la Comisión Europea a cambio de los fondos europeos en materia laboral y de pensiones?

La Comisión Europea no pide nada.

No hay condicionalidad de ningún tipo.

No. La condicionalidad tiene que ver con las recomendaciones al Reino de España permanentemente incumplidas, por cierto. Estoy totalmente de acuerdo con lo que pide a mi país. Tenemos un gravísimo problema que se llama precariedad y paro estructural y soy yo misma la que se compromete con Bruselas. Se trata de 17 reformas: cuatro ya las hemos hecho y han sido muy bien recibidas. Por primera vez, Europa mira a nuestro país. Desde fuera, nos copian.

 Cuando la Comisión Europea dice que quiere una reforma integral y ambiciosa, ¿se refiere a lo mismo que usted?

Totalmente. Y ya hemos tenido todos los encuentros con la Comisión Europea. Por hablar claro: quiero cumplir sus recomendaciones y tener un mercado de trabajo basado en la estabilidad en el empleo. Me da vergüenza que en mi país haya investigadores e investigadoras que cobren 430 euros, una camarera de piso retribuida a razón de tres euros la hora por limpiar una habitación o que un rider que tenga un accidente laboral se quede en la desprotección absoluta. No me gusta la palabra radical, pero la reforma tiene que ser integral. Y vamos muy a la ofensiva.

 Los profesionales de nuestro país trabajan con 42 modelos de contrato. Por poner un ejemplo: la formación es clave pero se firman escasamente 8.000 contratos formativos al mes, según los datos de esta semana. Eso es una vergüenza. Si no se acude a ellos es porque hay fórmulas mucho más baratas y precarias, casi a la carta, frente a esta modalidad estupenda y necesaria.

¿Cuándo y cómo se va a abordar la derogación de los aspectos más lesivos de la reforma laboral del PP? ¿Es partidaria de legislar sobre la negociación colectiva si no hay acuerdo con la CEOE, como le piden los sindicatos?

El diálogo social es un proceso, es dedicar mucho tiempo a escuchar y es un deber constitucional. Me gustaría lograr un acuerdo y lo he demostrado. A veces, perdiendo se gana más. Desde un sector de la izquierda se me criticó por el primer acuerdo sobre el incremento del salario mínimo, que fue de 50 euros. ¿Es poco? Sí, pero para muchas familias significa que sus hijos puedan comer pescado.

Tenemos un compromiso con la Comisión Europea para hacer reformas estructurales y van mucho más allá de la reforma laboral. ¿O es que queremos volver a 2009? Entonces teníamos los mismos problemas de temporalidad y precariedad. Hay una sentencia del Tribunal Supremo sobre la subcontratación, un proceso que ha venido para quedarse y sin el que no se puede funcionar, como no se puede funcionar sin las plataformas digitales. Tenemos que abordarla aunque no forme parte de la reforma laboral.

Propongo que no hagamos partidismo. Sentémonos a trabajar técnicamente. Y pongo un ejemplo: el debate que hubo sobre el contrato único, que no sirve para el modelo productivo español. Tenemos que tener un contrato estable, como nos dice Europa, pero también uno temporal con causa para labores estacionales, para la Semana Santa o las rebajas, para los picos de producción... También debemos tener un contrato formativo. Dejemos el ropaje ideológico. Hasta los teóricos del contrato único ya dicen que lo que decimos no es tan mala idea.

 En cualquier caso, si no hay acuerdo, el Gobierno legislará.

Obviamente.

No habrá derecho a veto.

Nunca puede haberlo. No puede haber vetos ni en política ni en ningún diálogo. ¡Nunca!

¿Cómo se reducen la dualidad del mercado de trabajo y la temporalidad? ¿Basta con reducir el número de modelos de contrato o hay que fiarlo a inspecciones?

Todo a la vez. Los cambios legislativos deben operar en dirección adversa a lo que hemos hecho durante 42 años en los que ha habido más de 50 reformas laborales y siempre en la misma dirección. Hay que reforzar la Inspección. Muestra su eficacia pero trabaja con escasez de recursos y enorme intensidad. Y hay que cambiar la cultura empresarial y sindical de nuestro país. Un ejemplo: en nuestro país se formalizan contrataciones de menos de cinco días, o se da de baja un viernes y de alta el lunes y se recarga por ello las cotizaciones a la Seguridad Social en un 40% para el empleador. Mis amigas autónomas no lo saben y, sin embargo, lo hacen. ¿Por qué? Porque estamos imbuidos en una cultura basada en la temporalidad.

 Y, por último, cuando hablamos del plan de recuperación hay que cambiar el modelo productivo. No solo hay que cuidar y mimar a la industria española y sus sectores convencionales sino industrializar nuestro país con nuevos vectores. El cambio tiene que ser desde la robótica y la tecnología, sostenible y verde, pero también para producir cosas. No dejemos que otros produzcan por nosotros, porque nos equivocaríamos. Produzcamos cosas: la cosa que va dentro de la cosa que lleva la cosa dentro. Y vinculémoslo a la investigación.

El paro juvenil es un problema urgente y, a la vez, endémico. ¿Qué medidas concretas va a tomar?

No podemos salir de esta crisis sin los jóvenes. Sería el gran fracaso. No podemos salir de esta crisis sin el empleo en el centro.

Suena bien, pero…"                  (Entrevista a Yolanda Díaz, Daniel Basteiro, InfoLibre, 09/04/21)

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