31.5.21

Cummings: “Ministros, funcionarios y asesores como yo estuvimos desastrosamente por debajo del nivel que la ciudadanía tenía derecho a esperar de su Gobierno en una crisis como esta”... caos e incompetencia en la respuesta inicial ante el virus de Boris Johnson... el primer ministro no está preparado para el cargo

 "(...)  Dominic Cummings ya nos dio un adelante en su Twitter con mas de 50 mensajes durante el fin de semana adelantado parte de la información que explicó, explayándose en el nivel de detalles sobre reuniones internas, políticas de pasillos, y confirmando dimes y diretes de algunos episodios de extrema gravedad en como se llevo a cabo la defensa del país ante la pandemia.

La inmunidad de rebaño era el plan A hasta el verano del 2020 y a pesar de avisos previos durante enero y febrero explicó la falta de sentido común del Primer Ministro, del que dijo que dio constantes cambios de dirección “como un carro de supermercado chocándose con ambos lados de los pasillos”.

En sus siete horas de interrogatorio llegó a confirmar que Boris Johnson dijo aquello de prefiero “ver a los cuerpos apilarse muy altos” antes de obligar a un tercer encierro de la población…, encierro que tuvo que llevarse al fin y al cabo.

A partir de junio de 2020, el asistente de Boris Johnson explicó, que para el PM lo importante era la economía… ¿os suena? … ¿esa famosa libertad quizás?

 En uno de sus Trumpianos monólogos en plena reunión del grupo COBRA (comité que se reúne durante periodos de crisis), explicó que iba a pedir a Chris Whitty que es el máximo representante del sector médico y que es similar en relevancia mediática a nuestro Fernando Simón durante la pandemia, que le “inyectara en directo en televisión con el virus para demostrar que no hay nada de lo que tener miedo”.

Otra de las partes de su intervención a remarcar fue cuando reconoció que “la verdad es que los secretarios de estado y demás funcionarios en puestos de mando, o los asesores veteranos como yo, estuvimos muy por debajo de los estándares que el público debería esperar de su gobierno en una crisis como esta” y a su jefe no lo iba a dejar irse de rositas: “Boris Johnson no está capacitado para ser Primer Ministro tras presidir una respuesta caótica e incompetente a la pandemia, que ha causado muchos miles de muertes no necesarias”.

 …y el Ministro de Sanidad Matt Hancock fue igualmente objetivo de sus críticas, y en diversas ocasiones se recomendó al Primer Ministro prescindir de sus servicios por sus continuas mentiras incluida una de especial importancia: “a los pacientes que el hospital mandaba de vuelta a las residencias de ancianos se les harían tests”, pero se comprobó que estas pruebas para comprobar que no estaban infectados se hicieron esporádicamente y no a todos los pacientes.

Su intervención, en la que no parece que escondió ninguna carta en su manga y expuso los múltiples problemas que han hecho que Reino Unido lidere en Europa los números y marcadores negativos de esta pandemia, ayudo a ver la frialdad con la que Dominic Cummings se mueve, y su capacidad de trabajar sin escrúpulos por una u otra causa a pesar de no tener que estar al 100% con las decisiones. Un mercenario capaz de trabajar durante meses para un equipo que él considera inútiles antes de saltar del barco.

Durante las siete horas de intervención, en la que dejo muchas perlas, dejó clara su opinión sobre el funcionariado británico y los partidos políticos, y vino a decir algo que mucha gente comparte. No estamos dirigidos por los mejores, no nos basamos en meritocracia y en la mayoría de los casos dirigen los que tenían y tienen los contactos. No los mas listos ni los mas preparados, sino los que mejor trepan y los que han tenido más fácil acceder a esos puestos de poder y deciden sobre nuestras vidas. (...)"             (David Casarejo, Nueva tribuna, 29/05/21)

 

 "(...) “Ministros, funcionarios y asesores como yo estuvimos desastrosamente por debajo del nivel que la ciudadanía tenía derecho a esperar de su Gobierno en una crisis como esta”, ha dicho Dominic Cummings, hoy enfrentado con Johnson, en el Parlamento. El exasesor de Downing Street ha presentado una imagen de caos e incompetencia en la respuesta inicial ante el virus, y afirmó que el primer ministro no está preparado para el cargo.

 Las acusaciones de Cummings han dejado boquiabiertos a los diputados de la Comisión de Salud, por mucho que ya las hubiera anticipado días antes en un frenético hilo de tuits en su cuenta personal.

 Ha dicho que el primer ministro defendió en un principio que las noticias del coronavirus no eran más que una alarma exagerada, similar a la que despertó en su día la gripe porcina; el Gobierno y sus asesores apostaron por permitir que la infección siguiera su curso hasta alcanzar la “inmunidad de grupo”; y el ministro de Sanidad, Matt Hancock, es un “mentiroso que debería haber sido despedido ya en 15 o 20 ocasiones”, ha afirmado Cummings en una intervención estremecedora que el equipo de Johnson había intentado rebajar preventivamente con ataques personales contra el asesor.

El 12 de marzo de 2020 fue un “día surrealista” en el seno del Gobierno de Johnson, ha recordado quien fuera el máximo ideólogo del Brexit. Debía decidirse si, finalmente, Downing Street cambiaba su errático rumbo y ordenaba el confinamiento del país para frenar el virus. 

A la vez, el equipo de Seguridad Nacional exigía dar prioridad a la petición de Donald Trump de que el Reino Unido se sumara a una nueva campaña de bombardeos en Oriente Próximo. Y para colmo, la novia de Johnson, Carrie Symonds, estaba furiosa con el diario The Times por sus informaciones sobre cómo trataba la pareja a su nueva mascota, un pequeño terrier llamado Dilyn. Quería una respuesta inmediata del equipo de prensa.

Al día siguiente, Cummings reunió a su equipo más cercano en Downing Street para diseñar el plan de acción que presentaría al primer ministro al día siguiente. Durante varias semanas, muchos de los que estaban al frente del Gobierno estaban convencidos de que, alguien, en algún departamento, tendría preparada una respuesta de contingencia ante una crisis de tales dimensiones.

 De repente, ha contado el asesor, Helen MacNamara, por entonces la vicejefa de Gabinete de Johnson y número dos en el escalafón de altos funcionarios, entró en la sala: “Durante años se me ha dicho que había un plan para casos así. No hay ninguno. Estamos absolutamente jodidos. Creo que este país se dirige al desastre, y que vamos a provocar la muerte de miles de personas”, asegura Cummings que dijo MacNamara. El Reino Unido es el país europeo con más muertes registradas por coronavirus (128.000). (...)

 Y le recuerdan que, con el inmenso poder que acumulaba como asesor principal del primer ministro, su responsabilidad en los errores cometidos es tanta como la del resto del Gobierno.

Precisamente por todo eso, Cummings ha pedido perdón a los ciudadanos desde el principio de su comparecencia. Se ha presentado como un hombre atormentado por no haber sabido leer a tiempo las señales. Pero no ha podido disimular su arrogancia y desprecio hacia gran parte de los actores políticos para los que trabajó.

 “Cuando a los ciudadanos solo se les ofrece la posibilidad de escoger entre dos personajes como Boris Johnson o Jeremy Corbyn [el anterior líder laborista], es evidente que el sistema político está extremadamente averiado”, ha llegado a decir ante unos diputados atónitos por sus explicaciones.

Cummings no ha revelado nada que los ciudadanos no intuyeran previamente, pero los detalles que ha aportado, refrendados en muchos casos por correos electrónicos, mensajes de WhatsApp, o documentos internos, han dibujado un panorama de caos en el Gobierno británico que Johnson se había esforzado en diluir con su exitosa campaña de vacunación. Su antiguo asesor ha confirmado que la estrategia oficial de Downing Street hasta mediados de marzo fue la famosa “inmunidad de grupo” o “inmunidad de rebaño”.

 No porque se persiguiera a propósito una infección masiva de la ciudadanía, sino porque ministros y asesores científicos estaban convencidos de que ese escenario era “inevitable”. Cualquier intento de confinar a los ciudadanos, creían, no haría más que agravar una segunda ola que sería aún más mortífera.

 Las críticas más duras, casi despiadadas, de Cummings han ido dirigidas al actual ministro de Sanidad, Matt Hancock. “Un mentiroso que debería haber sido despedido ya al menos en 15 o 20 ocasiones”, y cuya incompetencia fue señalada a Johnson por su propio asesor y por el entonces jefe de Gabinete, Mark Sedwill. Ambos pidieron que se expulsara del Gobierno a un ministro “en cuya honestidad ya no creían” y que se había visto desbordado por la situación. Johnson no quiso escucharles. 

 Pero el primer ministro también sale malparado, a pesar de que Cummings haya intentado rebajar su culpa por ser simplemente la víctima de un “pensamiento burbuja” en el que estaba preso todo el equipo que le rodeaba. Johnson, ha dicho, infravaloró la amenaza del virus y lo comparó con una alarma exagerada como la que en su día supuso la gripe porcina. E incluso, ha contado, llegó a sugerir a su médico jefe, Chris Whitty, que le inoculara el virus en televisión para tranquilizar a los ciudadanos. 

Al mismo tiempo que el Gobierno entró en pánico, al comprobar que la pandemia se desbordaba y que se enfrentaban a la posibilidad de centenares de miles de muertos, Johnson acabó cayendo víctima de la covid-19, hasta el punto de ingresar en la UCI de un hospital londinense. (...)

Esa es la gran baza de Johnson. Sabe que nadie se sorprenderá a estas alturas de su errática personalidad, pero también cuenta con que la ciudadanía le ha perdonado gran parte de sus errores ante una crisis que sorprendió a todos los gobiernos del mundo. Que aplaude el éxito de su campaña de vacunación, y que está más preocupada por levantar cabeza del hundimiento económico que por escarbar en el pasado.

 Y que Cummings, un personaje soberbio que fue capaz de saltarse el primer confinamiento para llevar a su mujer e hijo desde Londres a su casa de campo, no será capaz de granjearse, no ya la comprensión, sino la mera atención de la ciudadanía."           (Rafa de Miguel, El País, 26/05/21)

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