12.5.21

España empieza a rebotar... una decena de indicadores recopilados por EL PAÍS apuntan a que el motor de la economía volverá a arrancar a partir de abril

 "Apenas hay un puñado de datos. El horizonte es aún confuso, turbio, impreciso. Una recuperación digna de su nombre está aún muy lejos. 

Pero España empieza a rebotar: tras un 2020 para olvidar, con la peor caída del PIB desde la Guerra Civil, una decena de indicadores recopilados por EL PAÍS apuntan a que el motor de la economía vuelve a arrancar. Al invierno del descontento que dejó la pandemia le sigue una primavera más despejada: el Gobierno ve un rebote desde mediados de abril, sujeto a todo tipo de riesgos, y una aceleración en los meses venideros. La economía se la jugará en verano, con la temporada turística.

 Las grandes pandemias dejan un escenario de pesadilla, pero la historia sugiere que inmediatamente después suelen llegar tiempos interesantes. Rebotes económicos vertiginosos cuando las incertidumbres se desvanecen y la gente empieza a gastar. Destrucción creativa: empresas y sectores capaces de identificar nuevas oportunidades. Y riesgos políticos: a la gripe española le sucedieron los felices años veinte, pero después la llegada al poder de fascismos, comunismos y el resto de demonios del siglo XX. 

Las economías occidentales acaban de entrar en la primera fase, la del rebote tras el drama que dejaron la covid y el Gran Confinamiento. España llega un poco más tarde a esa ola, pero finalmente el rebote ya ha empezado, a juzgar por un buen puñado de indicadores que reflejan un cambio en el estado de ánimo de los agentes económicos.

Hay que hacerles preguntas a los datos. Y el carisma frío de las estadísticas demuestra que el rebote está ahí, en al menos media docena de cifras. 

Una: el empleo efectivo —la afiliación total a la Seguridad Social menos los ERTE y los autónomos con prestación— caía hasta febrero, pero empezó a recuperarse en marzo y creció con fuerza en abril, en casi 70.000 personas; el mercado de trabajo ha mostrado mucha más resistencia que en crisis anteriores. 

Dos: los indicadores de confianza mejoran tanto en el sector industrial como —lo más importante— en los servicios, con los denominados PMI en máximos de los dos últimos años. 

Tres: el consumo empieza a mejorar, por ejemplo en los datos de pagos con tarjeta. 

Cuatro: la industria ha despegado, como muestran los índices de producción industrial, el consumo energético o el consumo de cemento. 

Cinco: incluso los servicios empiezan a recuperar las constantes vitales, según las primeras estimaciones de reservas hoteleras. Y seis: casi todos esos números se resumen en uno solo, la aceleración de las cifras de vacunación y su correlato en forma de menos contagios, fallecidos y ocupación de camas hospitalarias por covid. (...)

Lo normal, cuando se reduzca la incertidumbre, es que todo el ahorro embalsado —tres puntos de PIB en el caso de las familias, y miles de millones de euros adicionales en las empresas— acabe impulsando paulatinamente el consumo privado y la inversión, en función de ese animal económico tan escurridizo que son las expectativas.

 “Los indicadores adelantados ofrecen las primeras buenas noticias por el lado del consumo, y lo normal sería que el PIB fuera ganando velocidad para terminar el año alrededor del 6%. Da la sensación de que hemos dejado atrás lo peor. Pero aún hay mucha incertidumbre, en especial con la temporada turística y mercados como el británico. Si eso se despeja podemos ver un chute de expectativas muy positivo, pero para ello lo fundamental son las vacunas y los contagios”, asegura Ángel Talavera, de Oxford Economics. (...)

Hay dos grandes diferencias entre el Gran Confinamiento y la Gran Recesión u otras crisis del pasado. 

Por un lado, el mercado laboral ha aguantado mucho mejor esta vez, por la introducción de elementos de flexibilidad como los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE). 

Por otro, hace 10 años, la austeridad patrocinada por Berlín y Bruselas hizo mucho daño a economías como la española, y el BCE no estuvo a la altura hasta bien entrada la crisis del euro; en esta ocasión Europa no ha cometido errores de trazo grueso. 

Sin embargo, y aun con el rebote ya en marcha, el camino por delante es el equivalente a las etapas alpinas en el Tour: ”Bruselas tiene que tomar decisiones sobre las reglas fiscales, y el BCE debe aclarar qué va a hacer a partir de primavera. Pero España debe minimizar además los riesgos políticos para dar las señales adecuadas a los agentes económicos. Hace falta consenso para las reformas. Y hay que aclarar los apoyos del Gobierno para ejecutar el plan de recuperación con garantías”, añade Mongay. (...)"                 (Claudi Pérez, El País, 11/05/21)

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