22.6.21

Daniel Bernabé: ¿Qué pretende el sector trumpista de la derecha española al dejar al Rey en una posición problemática? Todo se remonta a la amargura de Aznar del 2004. El mal gesto de Ayuso con Felipe VI no es una excepción, sino un capítulo más en una larga cadena de desencuentros de la monarquía con el PP de Aznar... Llegado el caso de una victoria electoral exigirán que el Rey acepte una involución democrática que impida la vuelta de la izquierda... y si no acepta, pues... Ayuso, presidenta de la I República Nacional Española

 "Lejos parecen los tiempos en los que un presidente autonómico madrileño se dedicaba simplemente a gobernar su comunidad, bien sin aspiraciones monclovitas, bien sin dedicarse a esos chanchullos que te conducen a salir esposado de la urbanización residencial acompañado de la Guardia Civil.

 Isabel Díaz Ayuso, que de momento pertenece al primer grupo, no ha nombrado vicepresidente en su nuevo gabinete, algo que le haría falta asumiendo que su labor, en los dos próximos años, va a consistir en preparar su asalto a la política nacional. En su toma de posesión, este pasado sábado, la presidenta madrileña sentenció que "Madrid, España y monarquía son inseparables" pretendiendo cerrar así la polémica respecto a sus palabras tras la manifestación de Colón donde acusó al Gobierno central de hacer cómplice al Rey de los indultos.

A pesar de que Pablo Casado, ese señor que sonríe con los ojos tristes, tuvo que salir escopetado a corregirla al día siguiente, "no hay más cómplices que ellos [el Gobierno]", asegurando que Felipe VI cumplía su papel "de forma impecable", Ayuso no sólo no frenó en sus intenciones, sino que se ratificó realizando unas nuevas declaraciones el martes donde aseguró que Sánchez había tendido "una trampa" al Rey: 

"Me sigue pareciendo el mismo sonrojo, bochorno y humillación que el Rey de España tenga que firmarlo, luego no he rectificado absolutamente nada, he utilizado otras palabras [..] Casado piensa lo mismo que yo. Pensamos exactamente lo mismo. Y pensamos que es una humillación y una vergüenza que el Gobierno y los independentistas se ríen de todos los españoles".

Ayuso, ella misma, su equipo, la rama trumpista en la derecha española que representa, nunca hablan en balde. 

(...) la insistencia de la propia Ayuso en no desdecirse lo que nos indica es que detrás de las palabras más que un patinazo lo que había era una intención. ¿Pero cuál?

La primera y más obvia era atacar al Gobierno acusándolo de querer dañar a Felipe VI, (...)

La segunda intención de estas declaraciones, especialmente tras su ratificación, era dañar a Casado (...)

Pero hay una tercera lectura, opacada, paralela y compatible con las otras dos: Ayuso quería poner al Rey en una posición incómoda. (...)

La insistencia de Ayuso pudo deberse a un intento desacomplejado por sacar rédito del conflicto con los indultos o, paralelamente, a algo similar a lo sucedido en 2005: dejar al Rey marcado delante de una derecha social cada vez más echada al monte. (...)

¿Se nos ha vuelto Ayuso republicana de repente?¿Qué pretende el sector trumpista de la derecha española al dejar al Rey en una posición problemática?

 (...) Diez años después de la promulgación constitucional nadie tenía tiempo ni ganas de cuestionar al Rey, al igual que  el Rey carecía del más mínimo interés por inmiscuirse en la vida política del país.

Sin embargo, un muy minoritario sector de la población, en aquel entonces silencioso y durmiente, pero con sus privilegios a salvo, seguía considerando al Rey un traidor. Sus cachorros aún siguieron cantando un tiempo aquello de "Juan Carlos, Sofía, la horca está vacía". Se trataba de la ultraderecha, que mientras ganaba dinero a espuertas esperaba su oportunidad. (...)

La derecha, para llegar a la Moncloa tuvo que deshacerse de su ADN franquista para que el país les tuviera en cuenta. Con la ocasión de las generales de 1993, Aznar giró el timón hacia una latitud que dejó a muchos sorprendidos, reivindicando su "vocación profundamente azañista", en referencia al presidente de la II República. (...)

Doce de marzo de 2000, José María Aznar sale al balcón de Génova a celebrar la que por fin es una victoria inapelable en unas elecciones generales. Su mayoría absoluta es recibida por sus simpatizantes con gritos de "torero, torero" y cánticos de "que viva España". (...)

Con la llegada del nuevo siglo, Aznar se encuentra con una realidad que no comprende. A pesar de su mayoría absoluta, la calle, a cada una de sus medidas, contesta de manera contundente. Primero la nueva ley universitaria, después la huelga general de 2002, seguido por un oscuro 2003 donde, a parte del Prestige, Aznar se embarca en su aventura imperial en Irak a cambio de poner las piernas sobre una mesa junto a Bush. Cuanto mayor es la respuesta en la calle más se crece el presidente, que empieza a mostrar ya unos signos claros de endiosamiento cuando juega durante meses con la prensa al ratón y el gato en lo que será la designación de su sucesor.

Es aquí cuando las mentes de la derecha se dan cuenta de que, por mucha victoria electoral que consigan, si el sentido común del país sigue siendo progresista, no habrá manera de introducir los cambios que se desean en la siguiente legislatura: FAES meets Gramsci.(...)

 ¿Y el Rey? Mientras que con Felipe González ha mantenido unas excelentes relaciones, en lo político y lo personal, con Aznar es público y notorio que la relación es manifiestamente mejorable. (...)

La boda de Ana Aznar, la hija del presidente, celebrada en septiembre de 2002, se recuerda hoy por la asistencia de la cúpula de la Gürtel, pero en su momento despertó también las suspicacias de la Casa Real. En primer lugar porque el lugar de celebración, el monasterio del Escorial, es donde se encuentra la Cripta Real, donde reposan los restos de decenas de Austrias y Borbones. La boda, a la que asistieron Juan Carlos y Sofía, se trataba de un acto privado, pero tomó una extraña relevancia pública que hacía muy difícil no compararla con las de las Infantas. Más de 1100 invitados y una retransmisión líder de audiencia en Telecinco. No fueron pocos los que sacaron la conclusión de que los Aznar querían, con aquella demostración de fuerza, postularse como la primera familia del país.

Todo, sin embargo, se tuerce con la victoria de Zapatero en 2004, tras la procaz y desastrosa gestión informativa del Gobierno popular en los atentados del 11M. Este es el punto de quiebra donde Aznar pasa de la vanidad a la amargura, donde la derecha en España apuesta por las teorías de la conspiración para explicar su derrota.

 Es el momento donde se deja libre a una ultraderecha marginal hasta aquel entonces, que volverá a reencontrarse en la calle espoleada por el TDT Party y los radio-predicadores. Una década donde Mariano Rajoy es acosado por Esperanza Aguirre y Federico Jiménez Losantos, que la emprende incluso contra el Rey, a quien considera proclive a los socialistas, pidiendo la abdicación en su hijo Felipe.

En octubre de 2007 se produce la conocida comida donde Juan Carlos expresa su preocupación por el ambiente de crispación en el que se va a celebrar la Fiesta Nacional. Esperanza Aguirre, sentada en aquella mesa, recoge el guante. Lejos de amilanarse, la condesa consorte de Bornos apoya a su amigo locutor: "No sé si os va a gustar lo que voy a plantear, pero creo que se debe dar un trato humano a Jiménez Losantos". El Rey se indigna con la presidenta madrileña, "es a mí a quien tiene que dar un trato humano. ¿Pero esto qué es? Es intolerable. Le he dicho a Rouco Varela que recen menos por mí y la monarquía y se ocupen más de la Conferencia Episcopal que controla a la Cope".

La escisión que cristalizará en Vox a finales de 2013 hunde sus raíces en todos estos acontecimientos, que abren una nueva vía para que las ideas ultras puedan ser aceptadas de nuevo entre los líderes y el electorado del PP (...)

A finales de julio de 2018, en el XIX congreso del Partido Popular se da el último episodio que abre definitivamente a los ultras las puertas de la política española. Mariano Rajoy da la espantada tras su humillante moción de censura, dejando en el aire una victoria de Soraya Saenz de Santamaría que todo el mundo daba por hecha. La inquina personal de Cospedal hacia la que fue la mujer más poderosa de España le lleva a presentarse, lo que abre una puerta para Pablo Casado, a la sombra de Aznar y de Aguirre, para ganar la presidencia del Partido Popular. 

(...)  se abren oportunidades para que gente como Isabel Díaz Ayuso se convierta en la diva del trumpismo a la española.

Ayuso, presidenta de la I República Nacional Española.
No se alarmen, la posibilidad de que esto suceda es muy remota, casi tanto como que dos aviones sean estrellados contra las Torres Gemelas, inaugurando el siglo XXI, o que una enfermedad de origen desconocido con epicentro en Wuhan, China, ponga el mundo patas arriba. (...)

 La intención de este artículo es, en primer lugar, señalar que el mal gesto de Ayuso con Felipe VI no es una excepción, sino más bien un capítulo más en una larga cadena de desencuentros de la monarquía con esa familia política acaudillada por Aznar. (...)

El Rey, no obstante, es una figura en un serio peligro estratégico. No cuenta con las simpatías de la izquierda, es acaparado por la derecha y los ultras y tiene tan sólo en el PSOE su único valedor. (...)

Con la marcha de Juan Carlos a Abu Dabi, fueron precisamente los socialistas los que buscaron no tanto una salida para el emérito, sino sobre todo una oportunidad para el actual regente, que tras los múltiples casos de corrupción y el escándalo de las cuentas en Suiza, se enfrentaba a un momento complicado. Lejos de entender la jugada, el PP, Vox y sus resortes mediáticos, lanzaron la idea de que se trataba de una maniobra de carácter republicanista de Pedro Sánchez. (...)

Este episodio define muy bien la esquizofrenia a la que se ve sometida la institución monárquica, donde sus valedores más histéricos son precisamente los que la sitúan siempre en la posición más incómoda. Para que Felipe VI sobreviva políticamente necesita encontrar un punto similar al que encontró su padre en las décadas de los años ochenta y noventa. Estabilidad y negocio, sonrisas y tratos comerciales, representación internacional y un aburrido mensaje en Nochebuena. Un Rey debe vivir pocos momentos históricos si no quiere convertirse él mismo en historia. Felipe VI ya tuvo su 23F con el independentismo catalán, uno del que no salió tan bien parado como su antecesor.

Pero, si la derecha es tan presuntamente monárquica, ¿por qué no apuesta por la estabilización del país tras la década convulsa y espera su turno pacientemente?¿Por qué Ayuso lanza sus dardos contra Felipe VI? Todo se remonta, como hemos visto, a la amargura de Aznar, año 2004.

 Desde ese momento, la derecha institucional quedó al mando de un Rajoy que dió tantos bandazos como el propio Casado (...) pero que procuró no saltar determinadas líneas rojas de Estado.

 Sin embargo, la rama aznarista siguió un camino diferente, el de preparar una restauración reaccionaria en España. Todo el acoso al Gobierno de Zapatero valió al aznarismo para iniciar la narrativa de que España se había apartado de lo que ellos consideraban la justa línea constitucional, una que por tanto había que restituir.

Aunque hoy ya no se recuerda, las dos legislaturas de 2004 a 2011 estuvieron marcadas por una notable crispación. (...)

Se consiguió trasladar la idea a una parte de la población de que algo oscuro e ilegítimo ocurría en el Gobierno de este país.

Determinados mecanismos ideológicos, como el regreso del nacionalismo español excluyente o la prerrogativa de no respetar los resultados electorales, eran impensables antes de 2004, necesitando década y media para instalarse en el imaginario colectivo. Una vez alcanzado este punto es muy difícil un regreso a la normalidad, sobre todo con un líder débil y errático como Casado. No se trata ya de que Aznar haya pasado de reivindicar a Azaña a hacerlo con Lerroux, sino de que la derecha social del propio país ha cambiado. 

Maleducada durante años por autores revisionistas, medios radicales y unos medios conservadores que no han tenido reparos en unirse a esta espiral reaccionaria: cuanto mayor es su derechismo, mayores son sus audiencias. ¿Qué posibilidades tendría hoy una figura como Soraya Sáenz de Santamaría de encabezar la derecha española cuando sus jóvenes se identifican más con la bandera de Gadsden que con la enseña europea?

Alcanzando nuestro presente cabe lanzar la cuestión de fondo que ha impulsado toda esta historia: ¿por qué la derecha va a detenerse aquí? (...)

La derecha que representa Ayuso y Vox, más allá, una que se nos ha revelado en este último año bien presente en la judicatura, el ejército, la policía y los medios de comunicación, no se va a conformar sólo con "expulsar" a Sánchez de la Moncloa. Llegado el caso de una victoria electoral, se verán con la fuerza de iniciar algún tipo de proceso constituyente para lograr una involución democrática en España. Uno que deberá contar con la aquiescencia del propio monarca, que se verá en la tesitura de "si no estás con nosotros, estás contra nosotros". (...)

El objetivo último será encontrar algún tipo de autoritarismo de barniz democrático, sancionado legalmente, que impida a la izquierda volver a llegar al Gobierno, que restrinja los derechos de asociación y de manifestación, que ahogue los derechos laborales y a los sindicatos y que, a lo sumo, tolere a un PSOE disminuido y comandado por sus sectores conservadores, de manera análoga a lo sucedido con la dictadura de Primo de Rivera a partir de 1923. 

La narrativa, por supuesto, no será esta, sino la necesidad de volver a recuperar la vitalidad de España, mancillada por años de "caos, despilfarro y corrupción". Cuando Abascal, en sede parlamentaria, amenaza con llevar a la cárcel a Sánchez e Iglesias no está sólo sacando su lado más pendenciero, sino trazando una profecía autocumplida: el primer paso para que algo suceda es sembrarlo como posibilidad en la opinión pública.

 Mecanismo similar al de las declaraciones de Ayuso sobre Felipe VI, dejándole como víctima de una trampa, pero de una manera retorcida, también como traidor. Estas palabras son una hipoteca narrativa que esta derecha firma sobre el Rey: cuidado, parecen decirle, en un futuro cercano tendrás que elegir y la firma de estos indultos puede pesar sobre tu legitimidad. 

Esto es, plantar la semilla aún careciendo de la propiedad del terreno, del agua e incluso del sol, pero plantarla a pesar de todo, por si las condiciones son favorables asegurarte la sombra favorable de ese árbol. Quizá, llegado el momento, necesites al Rey de tu parte. Quizá necesites a un monarca diferente o, incluso, la idea de una república reaccionaria. La mejor manera de tener a alguien a tu lado no es cubrirle de elogios, la forma más efectiva siempre es conjugar el elogio público con la amenaza velada. (...)

Lo más probable es que lo descrito en este artículo nunca llegue a suceder. Lo poco probable no significa lo imposible."                 (Daniel Bernabé, Público, 21/06/21)

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