29.6.21

La argumentación política ha desaparecido... cede el paso a la mentira. Sin más. Una mentira que consiga emocionar al votante. Lo único que conduce a la credibilidad son las emociones. Dan sentido a votar al político desde el... vacío político... por eso ganó Ayuso

 (...) El escenario actual ha cambiado. De forma galopante ha crecido –está creciendo– la crisis, por no decir la desaparición, de la cultura social asentada en ideologías transformadoras. El otorgamiento de sentido como opción de asumir, justificar, apoyar –a vivir– un proyecto individual y colectivo transformador hacia el futuro, ha dado paso a la cotidianeidad del sinsentido. Donde lo único que mueve es competir en la búsqueda de la inmediata supervivencia.

Esta crisis de sentido y también ideológica, produce un vacío cultural político. Para muchos y crecientes sectores de población, y ahora nos referimos a las clases bajas y medias/bajas en general y grupos /sectores sociales en particular que ya están fuera -arrojados del sistema- (jóvenes, mujeres, precarios, parados, emigrantes etc. ) Lo político es un referente sin contenido. Lo que les lleva a considerar una pérdida de tiempo la relación de presentar, vía voto, propuestas ligadas a intereses individuales y colectivos a los candidatos políticos para que éstos luego tomen decisiones a su favor.

 (...) en el escenario descrito, el razonamiento político, la argumentación política ha desaparecido –ya no existe– en las tres instancias: en el votante, en el candidato y en la relación entre ambos Resulta especialmente relevante el grado de desconexión del votante con los objetivos y estrategia política de los candidatos. 

(...) es creíble para el/la votante que su consigna y promesa, sin más explicaciones, es que va a vivir mejor. Lo único que le hace ser creíble es que es cómo la misma es presentada y exaltada. Cómo la misma genera emociones e ilusiones que promueven la votación a favor.

En un escenario así, lo que determina por tanto el resultado de la votación, es una adecuada y por supuesto manipulada comunicación en donde la argumentación cede el paso a la mentira. Sin más. Una mentira que, por otro lado, consiga emocionar al votante. Una emoción operando sobre y con la mentira.

 El discurso implícito y explícito consiste en que tus problemas serán solucionados (lo cual es una mentira), y la prueba de ello es que vas a sentir una maravillosa emoción a la hora de escuchar mi consigna. Esa emoción es la que otorga, como una especie de manto de veracidad, la creencia de que tus problemas serán solucionados. Esa emoción que surge de alguien – tu simpático y decente candidato- que te emociona; de una emoción. Como el amor a la patria o a tu barrio, inserta en mensaje. Como la consigna que incrementa el odio -¡gran emoción! - al malvado contrincante del candidato, otorga a su vez más emoción en la defensa del candidato elegido.

Así, el voto que busca resolver una cierta preocupación o interés individual se deposita en el candidato realmente culpable de ese malestar. El asunto funciona porque la mentira – yo soy el que quiero y puedo resolver tu problema -no puede ser desvelada y rechazada. Es una afirmación vacía desconectada de argumentos, realidades, antecedentes que harían posible desmontar la consigna. Lo único que conduce a la credibilidad son las emociones que puede crear al votante. Éstas operan como una especie de manto protector, asegurador, y al mismo tiempo marginador, del desconcierto del votante. Dan sentido, dan salida, a votar al político desde el... vacío político.  (...)

Ahora el voto a la derecha… desde la derecha. En la clases altas y medias, las consecuencias de la crisis ideológica, del escenario del vaciado político, no son tan evidentes. Para la derecha es tarea sencilla mantener no una ideología, pero sí una ciertas ideas muy simples de cómo deben funcionar las cosas. Los votantes de derechas siempre han tenido las mismas convicciones de qué es lo que debían hacer e iban a hacer los políticos de derechas. Siempre han estado convencidos de que lo que tenían que hacer era mantenerles (y aumentar) sus intereses, patrimonios, privilegios, diferencias sociales, seguridades, etc. Y como sabían que eso es lo que iba a hacer la derecha, que iba a mantener -a conservar- su situación, siempre han votado a la derecha. Para siempre.  (...)

La interpretación populista afirma la progresiva desaparición de los votantes analíticos y nos dice que el voto político se ha acabado para todas las clases; baja, media, alta etc, El voto ahora solo se orienta por la emoción. El candidato emociona al votante con sus consignas vacías (si se llenan no tienen capacidad de emocionar). Reiterando ejemplos anteriores, generan en el votante un explosivo afecto, o/y entusiasta devoción por el líder, o/y amor a la Patria exaltada y defendida por el candidato; o/y simpatía en cuanto le divierten las majaderías que dice. Y generan odio para el que se opone a su querido líder. La emoción de poder ser libre no se sabe para qué; ni hace falta que se sepa, dado que es el vaciado de la consigna el que produce la emoción movilizadora. La emoción de odiar al Malvado oponente que tampoco se sabe muy bien por qué es malvado, por qué las consignas no exigen descripciones. Y así sucesivamente. En el caso de las supuestamente graciosas consignas majaderas del candidato, sí sorprende que generen la emoción de la alegría. Pero por lo que parece también en este caso funciona la agitación emotiva.

Sin embargo, en el caso de las clase altas o medias hay que poner en su sitio -limitar- esta interpretación populista sobre la emoción como LA causa del voto. Muchos votantes de derecha y extrema derecha, más allá de que los tremendos y delirantes mensajes del/la candidata les produzcan una cierta emoción, en última instancia le han votado porque la política que va a llevar a cabo ese candidato/a… les interesa. En concreto, las clases altas en Madrid votan a la derecha y también, por supuesto, a la ultraderecha por una eterna y obvia razón. Porque esos partidos van a mantener intactos sus bienes y rentas económicas. Los partidos de derecha reducen los impuestos a las clases altas y establecen todo tipo de no-políticas publicas, aunque las mismas perjudiquen a las clases inferiores, para que aquellas clases alcancen el máximo de propiedades, privilegios y rentas. Un gran número de ciudadanos y ciudadanas votan a la derecha y a sus ultras porque tienen un proyecto económico que va a ser defendido por sus elegidos. Su emotividad es marginal .Si dicen que les han votado solo por que les conmueve el candidato… mienten. Sin más.

Parecería que cuando desciende el nivel social crece el voto emotivo. Pero también en las clases medias tiene fuerza y presencia la argumentación del voto contra la izquierda porque - entienden- ello les puede suponer una pérdida, una reducción de sus intereses económicos y también de sus ciertas posiciones superiores en la jerarquía social. Por tanto, votan contra políticas de izquierda que favorezcan el trabajo de los inmigrantes o, en última instancia, que no reconozcan su cierta superioridad respecto a sectores que tradicionalmente han sido diferentes e… inferiores. Además entienden que su seguridad está más garantizada por la derecha. También en estas clases medias hay una cierta cultura -no ideología- tradicional, conservadora, aún autoritaria, que es activada por ciertos emocionantes mensajes políticos: exaltación de la Patria, veneración del orden, etc. Refuerzan la opción por su escenario político y social a defender. Pero no lo sustituyen.

En consecuencia, en el voto del ciudadano a las derechas, las emociones pueden impulsar, animar, reforzar (y eventualmente sustituir) la decisiones políticas previas. Decisiones tomadas porque entienden que la derecha respetará y hará crecer sus intocables intereses. Sin embargo, la emoción impulsa… pero no construye la decisión. (...)

En síntesis y desde la perspectiva de izquierdas, la situación es grave. El voto a la derecha se está expandiendo desde una ausencia, indiferencia, un vaciado político muy difícil de rellenar. No es cuestión ahora de ver cuál ha sido el proceso de esta desertización, pero las causas de lo ocurrido marcan ya la dificultad de reconstruir el escenario. En última instancia, de recuperar y extender una cultura de la solidaridad, de lo común."               ( , Viento Sur, 22 mayo 2021)

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