"(...) Hace unas semanas me sucedió algo que me hizo replantearme a fondo esta cuestión del “después”: estaba en un espacio cerrado con unas veinte personas y me tuve que retirar un segundo la mascarilla.
Al quitármela me invadió el ambiente: el aroma a madera vieja y a polvo, una brisa a suavizante que entraba por las ventanas y los perfumes y el olor personal de los que me rodeaban. Fue abrumador. Durante horas no pude quitarme ese instante de la cabeza. Había olvidado que llevaba meses sin oler otra cosa que no fuera el ambiente de mi propia casa.
Después de un año sin apenas usar el olfato la realidad resultaba extraña. De pronto la idea de ir a fiestas multitudinarias o meterme en tiendas atestadas de gente me resultó poco atractiva. Esta sensación de extrañamiento de lo real, que, como propusieron los formalistas rusos, es fuente del pensamiento creativo, podría servir para inaugurar nuevas vías, y permitirnos repensar nuestro lugar en el mundo.
Señalaba Miquel Echarri, en este mismo diario, que el historiador Martín de la Guardia también vaticina una época de euforia colectiva unida al consumismo, pero señala que “en algún momento nos pararemos a pensar y acabaremos de procesar lo que ha supuesto para nosotros la experiencia tan extrema que hemos vivido”. Sería bonito, ¿verdad? Detenerse a reflexionar, preguntarse qué nos ha conducido hasta aquí y cómo seguir adelante y qué cosas es necesario cambiar y, tal vez, cuidar de lo que nos rodea, en vez de dejarnos llevar por la fiebre de la explotación y la conquista.
Mucho me temo que esto no va a suceder. Nuestra visión del mundo ha sido colonizada por el lenguaje bursátil: la euforia, la caída, el riesgo, y es enorme la presión por convencernos de que la única forma de enfrentar el futuro es con más de lo mismo, es decir, padeciendo alguno de estos estados alterados de conciencia. Olvídense de nuestra vieja y denostada capacidad de razonar. Nos hemos acostumbrado a asumir que somos una especie de enfermos crónicos atrapados en un trastorno bipolar. Estamos, como los activos de bolsa, al alza, o de bajón. Hemos asumido ambos polos como lo natural y esto nos impide imaginar otras posibles salidas.
Y sí, ya estamos soñando con el próximo subidón, tal y como se espera de nosotros." (Pilar Fraile, novelista, El País, 22/05/21)
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