2.8.21

Errejón: la cuestión ecológica y la cuestión de la vida cotidiana es una herramienta efectiva para responder a esa famosa pregunta que tiene la izquierda hace tiempo: ¿cómo combatir a la ultra derecha? Con una alianza de los frágiles, una coalición de los débiles, “la Patria es el otro”. Lo que hay que denunciar es que son unos tipos ridículos que vienen única y exclusivamente a dar una vuelta de tuerca más a la tiranía de los más ricos

" (...) Si te entiendo bien, esta agenda donde está la cuestión ecológica y la cuestión de la vida cotidiana, te parece además una herramienta efectiva para responder a esa famosa pregunta que tiene la izquierda hace tiempo que es: “¿cómo combatir a la ultra derecha?”. ¿Sería un poco esa la estrategia? Para enfrentar a Vox, por decirlo directamente.

Si, drásticamente. […] La izquierda tiene con el término fascismo y antifascismo un problema, que es que la erotizan. Nos gusta decir fascismo y antifascismo, porque nos parece en realidad que antifascismo es muy radical. Que ser antifascista es ser muy radical. Así que combatimos a las nuevas derechas no como más les duele a ellas, sino como más nos apetece a nosotros, como más nos erotiza a nosotros. 
 
En lo fundamental, las nuevas derechas o las nuevas extremas derechas no discuten el modelo neoliberal. No son derechas que quieran movilizar, digamos, una movilización popular de masas para respaldar una especie de Estado corporativo. Nada de eso. Lo que quieren es que siga esta especie de orgía de los ricos por la cual se emancipan de la sociedad y pueden hacer lo que les da la gana, y a cambio proponen dos cosas: más mano dura hacia abajo, y encontrar chivos expiatorios que permitan socializar o democratizar la crueldad, es decir, por muy jodido que estés, siempre va a haber alguien que esté más jodido sobre quien tú puedes ser tan cruel como lo es el día a día contigo.
 
A ti en el trabajo te tratan como si fueras una mierda, tu jefe no se sabe ni tu nombre y mañana te despide, te trata mal, sientes que no cuentas para nadie, los políticos no hablan de tu vida, ya, ya; pero hay alguien frente a quien te puedes sentir privilegiado. Las mujeres, los migrantes. En nuestro país te puedes sentir agredido contra los catalanes… Siempre hay alguien contra quien te puedes sentir un privilegiado. Digamos que no hay privilegios para todos, pero sí que hay subalternos para todos. A todo el mundo le podemos ofrecer alguien que está peor. Una especie de socialización de la crueldad. ¿De dónde viene esto? Esto viene de que no hay futuro. 
 
Esto viene de la idea radical, extendida, que ha cundido en nuestras sociedades de que no hay futuro. Y esta idea, como todas las ideas políticas, donde más se muestra no es en los discursos de los políticos, es en la ficción. Tú ahora, esta noche, te pones Netflix, HBO o Amazon, el que sea, y yo te reto a que tú no encuentras una sola película o serie de ciencia ficción donde el futuro sea mejor. No hay.

No hay utopías y estamos llenos de distopías.

Claro. Nadie se imagina que hay un futuro mejor. De hecho, todos los escenarios del futuro son escenarios de descomposición del futuro. Es una especie de presente empeorado. Black Mirror en realidad es como un presente al que le suben dos grados. Solo dos. La vida de hoy, un poquito peor. Cuando nosotros éramos pequeños sí que había ciencia ficción buena, optimista. Había ciudades en las que la gente se transportaba por tubos, eran limpias, no había enfermedades, la gente iba con mochilas propulsoras que era como ser tu propio helicóptero. Eso dejó de pasar en algún momento. Y cuando dejó de pasar eso, era la muestra de que ha cundido por todas partes la idea de que no hay futuro.

Entonces frente a este “no hay futuro”, creo que hay dos salidas. El neoliberalismo nos ofrece una especie de presente continuo: bueno, olvídate de eso, es malo. Bébete otra copa, actualiza tu historia de Instagram, sigue. Conoce a más gente, liga más, cómprate más cosas, cuelga más fotos en más lugares… sigue, sigue, corre, corre.
 
 Y de hecho, ellos tienen una especie de honestidad brutal y cínica por la que te dicen: mira, si los izquierdistas te dicen que esto tiene arreglo, no les creas. No tiene arreglo. Esto se va a poner feo y aquí lo que necesitas es un presidente que gobierne al país como si fuera una empresa, un rifle, dos cojones y unas fronteras altas. Porque esto se va a poner feo.

Hay solo otra salida posible que es que nosotros, los progresistas, los demócratas, los nacional-populares, ofrezcamos una idea de futuro tranquila, con seguridad, con libertad. Y, para mí, esa idea de futuro tiene que recuperar dos cosas. Una: la idea de que somos frágiles. 
 
Yo no propongo que vamos a estar seguros porque somos fuertes e invencibles. Frente a la idea muy masculinizada, de masculinidad tóxica, muy machista, de Bolsonaro o Trump, que se les quiere porque nunca tienen miedo, cometen errores pero nunca piden perdón; son tipos durísimos que le podrían pegar al periodista que les pregunta… Frente a esa idea de hombres duros que no se detienen ante nada, nosotros no vendemos que somos fuertes porque lo seamos individualmente. 
 
Nosotros aceptamos, y más después del COVID, que somos frágiles. Nuestros cuerpos son frágiles, nos podemos morir, nuestras sociedades son frágiles, se pueden ir al carajo, y nuestro planeta es frágil. Entonces lo que proponemos es algo así como una alianza de los frágiles, una coalición de los débiles. […] Y podemos hacer una alianza, un pacto de los frágiles para vivir con tranquilidad, cuidándonos. Acabo de llegar, por el otro lado, a que “la Patria es el otro”. Solo que en las condiciones culturales y de época de nuestro país.

La última idea es la cuestión de la libertad. La pelea central de nuestro tiempo. O sea, los escenarios futuros tienen que ser escenarios deseables. No se puede, por más tiempo, seguir afirmando que nosotros somos los de la igualdad y las derechas los de la libertad. Es un error dramático que hay que salir a golpear y que hay que disputar con mucha fuerza. No solo con fuerza declarativa, sino que hay que proyectar escenarios de vidas deseables que son más lentos, que son más tranquilos, que son más seguros y que son más libres. 
 
No eres libre cuando solo tienes el derecho a comprarte aquello que tu dinero te permita. Eres libre cuando puedes vivir sin miedo al futuro, cuando tienes tiempo para ver a los tuyos, cuando no tienes miedo de que un golpe de mala suerte te envíe a la miseria, cuando puedes disfrutar de una vida en la que puedes planificar hacia delante, cuando puedes desarrollar tus capacidades. […]

En la vacuna nos salvamos porque nos vacunamos todos. Es la prueba. Y no seremos libres porque alguien tiene mucho dinero y se compra una vacuna en el mercado negro. No. Somos libres porque tenemos un Estado que nos ha cuidado y por eso nos hemos vacunado todos, y por eso podemos ir sin mascarilla o podemos hacer vida tranquila. Somos libres en comunidad, nadie es libre solo. 
 
Me parece que es mucho más radical cambiarle la conversación a la extrema derecha y salir a disputar lo deseable: la libertad, el futuro, el mañana, el deseo. Es mucho más radical eso que ser una especie como de nostálgico y quejica que señala “ojo, hay que aprender de los errores del siglo pasado o de los años 30, que vienen los fascistas”; porque a ellos les encanta verse como unos tipos fuertes, provocadores, muy duros, que producen amenaza, que son escandalosos. 
 
Lo que hay que denunciar es que son unos tipos ridículos que vienen única y exclusivamente a dar una vuelta de tuerca más a la tiranía de los más ricos: que los ricos puedan hacer lo que les dé la gana y que el resto viva la vida con miedo. Lo que hay que hacer es secarles el agua."

 (Entrevista a Íñigo Errejón, Federico Vázquez, Le Monde Diplomatique, agosto, 2021)

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