10.9.21

Desde que la CIA puso pie en Afganistán, el país se convirtió, según la ONU, en el suministrador de más del 90% del opio ilegal con el que se fabrica la heroína que circula en el mundo. En 2007, tras seis años de ocupación militar occidental, Afganistán dedicaba más superficie al cultivo de drogas que Colombia, Perú y Bolivia juntos... el narcotráfico es la principal fuente global de ingresos y un tradicional medio de financiación de la CIA... que ha creado centros de detención y tortura, y ha llevado a cabo miles de asesinatos extrajudiciales en el país... ¿Qué habría sido de Afganistán si hace cuarenta años Estados Unidos no hubiera armado y financiado a los guerrilleros integristas, adoctrinados por el fundamentalismo que los amigos saudíes siguen irradiando por todo el Islam desde la Universidad de Medina?

 "(...) En 1979, la explicación de la intervención de Moscú en Afganistán era el mito del “expansionismo soviético”. En la prensa española, analistas de renombre repetían lo que leían en la prensa de Estados Unidos: consideraciones sobre el deseo de los soviets de “mojar sus botas en las cálidas aguas del Océano Índico” y otras memeces (repasen la hemeroteca).

 En el relato periodístico de entonces, los “buenos” eran, evidentemente, toda aquella banda cruel de bárbaros integristas forrados de dólares y armados por Estados Unidos y sus aliados. La simple realidad es que, con todos sus defectos, Afganistán no ha tenido un mejor gobierno que aquel liderado por Najibullah en la última etapa. Entonces, la mitad de los universitarios eran mujeres, el 40% de los médicos, el 70% de los maestros y el 30% de los funcionarios. 

Todo eso era entonces irrelevante y “propagandístico” para la misma ortodoxia periodística que hoy hace de la opresión de la mujer afgana y la barbarie que la rodea, el motivo principal de preocupación e incluso de justificación de la intervención militar de Estados Unidos en Afganistán a partir de 2001, olvidando inocentemente que la invasión de Estados Unidos ha dejado centenares de miles de muertos, entre ellos decenas de miles de mujeres y niños. 

Las escuadras de la CIA y del ejército han creado centros de detención y tortura, y han llevado a cabo miles de asesinatos extrajudiciales en el país. Desde que la CIA puso pie en Afganistán, el país se convirtió, según la ONU, en el suministrador de más del 90% del opio ilegal con el que se fabrica la heroína que circula en el mundo. En 2007, tras seis años de ocupación militar occidental, Afganistán dedicaba más superficie al cultivo de drogas que Colombia, Perú y Bolivia juntos. 

Después del petróleo y la venta de armas, el narcotráfico es la principal fuente global de ingresos y un tradicional medio de financiación de la CIA. Esta enormidad se ha mantenido en Afganistán durante veinte años, dos décadas, lo que no ha impedido el cuento de la “causa justa” que justificó la intervención: los atentados con aviones de Nueva York y Washington por parte de 19 integristas islámicos, 15 de los cuales eran saudíes y ninguno afgano o iraquí; sin embargo, los países invadidos por Estados Unidos fueron Afganistán e Irak, países importantes por el petróleo y por su posición para la contención estratégica de adversarios (China, Rusia e Irán), respectivamente.

Castigo a los reventadores del relato

Quienes con más eficacia y claridad expusieron el absurdo de estos cuentos y mentiras, aportando reveladores documentos y filtraciones al respecto, están hoy en la cárcel, cumpliendo con el objetivo general, definido por el ex director de la CIA Leon Panetta en declaraciones al canal alemán ARD, de “enviar un mensaje para que otros no sigan su ejemplo”. Julian Assange, calificado por Biden de “terrorista tecnológico” (“high-tech terrorist”), y cuyo destino es una vergüenza para la izquierda europea, es uno de ellos y lleva recluido la mayor parte de la presente década. 

El ex diplomático británico Craig Murray ha sido encarcelado este agosto por ocho meses en lo que tiene toda la pinta de una venganza judicial por su actividad como uno de los más activos denunciantes del ‘escándalo Assange’. Un mes antes, en julio, el ex analista Daniel Hale fue condenado a casi cuatro años de cárcel por filtrar 150 documentos sobre el programa de asesinatos extrajudiciales con drones estrenado por Obama y ejecutado desde la base aérea afgana de Bagram.

“Con los drones, muchas veces, nueve de cada diez muertos son inocentes”, declaró Hale ante los jueces. Sus palabras fueron confirmadas este agosto cuando la acción de un dron americano, en represalia por el último atentado contra fuerzas de Estados Unidos en el aeropuerto de Kabul, acabó con diez civiles, nueve de ellos de una misma familia, incluidos siete niños de entre 2 y 12 años de edad... 

Derrumbe súbito

Estados Unidos ha ido dejando un enorme arsenal de tanques, aviones y vehículos blindados a los talibán, incluidos sistemas de identificación biométrica (HIIDE) con sus bancos de datos de los que los talibán harán, sin duda, un uso apropiado. La base y centro de detención y tortura de Bagram fue abandonada en una noche sin avisar siquiera a sus aliados. 

Su gobierno títere y su ejército y fuerzas de seguridad de 300.000 efectivos se ha fundido en una semana y han tomado por sorpresa a los aparatos de inteligencia más sofisticados del mundo. Su presidente huyó a Dubai con 169 millones de dólares en maletas, dejando en el parking dos Toyota cargados de billetes que no hubo tiempo de cargar. 

Cualquiera de estos asuntos convierte la segunda retirada en una debacle, y uno no puede evitar pensar en qué habría pasado mediáticamente si los protagonistas de tal espectáculo lo hubieran protagonizado los rusos o cualquier otro adversario de Occidente y no los propietarios de la mayor fabrica de mentiras duraderas de la historia. Incluso sin esa ventaja, la pérdida de posiciones para el imperio del caos será cuantiosa. (...)

Preguntas

¿Qué habría sido de Afganistán si hace cuarenta años Estados Unidos no hubiera armado y financiado a los guerrilleros integristas, adoctrinados por el fundamentalismo que los amigos saudíes siguen irradiando por todo el Islam desde la Universidad de Medina? ¿Donde estaría el país si hace veinte años Washington hubiera negociado la entrega de Bin Laden con los talibán, o se hubiera limitado a enviar a uno de sus comandos de matarifes, en lugar de invadir el país? 

No lo sabemos, pero Afganistán se habría ahorrado varios millones de muertos y tendría muchas más posibilidades de haber salido del agujero sin la desastrosa intervención militar extranjera de sus últimos cuarenta años. "                 (Rafael Poch , CTXT, 07/09/21)

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