2.9.21

La enésima oleada de coronavirus sigue su camino, devastando los estados del sur de Estados Unidos... El problema es la combinación entre una campaña de vacunación desastrosa, el Partido Republicano que ha permitido que sus voces más extremistas (empezando por Fox News) politizaran e hicieran campaña contra las inmunizaciones, y un número considerable de gobernadores y legisladores republicanos que no sólo no tomaron medidas para controlar la pandemia, sino que incluso han impedido que otras administraciones en sus estados hagan nada. Es difícil de entender cómo los republicanos han conseguido convencerse de que meter a los estados en los que gobiernan en esta catástrofe, es una buena idea

 "(...) La enésima oleada de coronavirus sigue su camino, devastando los estados del sur. En un país donde cualquiera puede vacunarse sin cita desde hace meses más de 100.000 personas están hospitalizadas por COVID.

 Durante las dos últimas semanas, 1.348 personas han muerto cada día por esta enfermedad. Algunos estados del sur, como Mississippi, tienen las peores cifras de muertes por cápita de todo el país desde el principio de la pandemia, con la inmensa mayoría de fallecidos en estos tres últimos meses.

El problema, como he comentado repetidas veces, es la combinación entre una campaña de vacunación desastrosa, un partido político que ha permitido que sus voces más extremistas (empezando por Fox News) politizaran e hicieran campaña contra las inmunizaciones, y un número considerable de gobernadores y legisladores republicanos que no sólo han renunciado a tomar medidas para controlar la pandemia, sino que incluso han trabajado activamente para impedir que otras administraciones en sus estados hagan nada.

Ron DeSantis, el gobernador de Florida que está intentando ser más trumpista que Trump, ha llegado a cortar la financiación estatal en educación a aquellos distritos que impongan el uso de mascarillas en las escuelas. El mismo Ron DeSantis, que tiene los hospitales del estado a reventar, está intentando echarle la culpa de la crisis a Biden y a los inmigrantes llegados de Méjico, como si en Florida él estuviera de paso. En Texas, mientras tanto, el gobernador ha prohibido que nadie haga obligatoria la vacuna, para después sorprenderse de que en el estado haya COVID.

Es bastante obvio que Biden tiene poco que hacer con esta nueva ola de coronavirus, y que todas estas muertes eran previsibles. Es difícil de entender cómo el GOP ha conseguido convencerse de que meter a los estados en los que gobiernan en esta catástrofe es una buena idea, pero así estamos.(...)"    (Roger Senserrich, Four Freedom, 31/08/21)

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