17.11.21

El típico camarero ecuatoriano que cobra el salario mínimo, la mitad con contrato y la otra mitad en negro... ¿No apoyarían a la Ayuso que mantiene abierto el bar donde trabaja y que le permite pagar su habitación en un piso compartido?

 "(...) Cuando preguntas a un izquierdista madrileño por la ‘ayusomanía’ suele recurrir a dos argumentos comodín: el apoyo de los medios de comunicación y el bajo nivel cultural del electorado. Excusas de mal pagador, ya que con esa misma correlación de fuerzas la izquierda ganó otras elecciones o quedó mejor situada. 

Un excargo del PSOE consultado, que trabaja en uno de esos municipios progresistas de la periferia de Madrid con alto nivel de renta, tiene un análisis mucho más estimulante, que le ha ganado antipatías dentro de su propio partido: “En las reuniones poselectorales pregunté a mis compañeros a quién habrían votado ellos si fueran el típico camarero ecuatoriano que cobra el salario mínimo, la mitad con contrato y la otra mitad en negro.

 ¿No apoyarían a la candidata que mantiene abierto el bar donde trabajan y que les permite pagar su habitación en un piso compartido? ¿Preferirían a Pedro Sánchez o a Ayuso gobernando si fuesen un autonómo o pequeño empresario de esos que se asfixiaron por el largo estado de alarma mientras se mantenían abiertas las grandes superficies?”, preguntaba. 

 Luego seguía el argumento: “El problema es que la mayoría de los cargos políticos de izquierda son académicos o funcionarios, a los que el mercado laboral les pilla lejos. Casi todos tuvieron un confinamiento cómodo, trabajando desde casa o incluso desde el campo, sin ninguna merma de su salario. Han desconectado por completo de la situación material de los trabajadores”. Siempre que expone este tipo de explicaciones, le tachan de “enemigo” y de “apologista de Ayuso”.

El incisivo ensayista Walter Benjamin invitaba a la izquierda a “ganar las fuerzas de la ebriedad para la revolución”. Se refería a incorporar al combate político la alegría social, sean fiestas colectivas o placeres cotidianos. Quien ha logrado realmente comunicar esto es Ayuso, con su defensa de las cañas, la movida cultural de los 80 y la “democracia tabernaria” (expresión con la que el progresismo quiso denigrarla y que, una vez más, fue una victoria para ella). 

Su apuesta por resucitar la lógica de la movida, e incluso llevarla al ámbito empresarial, demuestra que ha comprendido el papel que jugó para la hegemonía cultural construida por el PSOE felipista. Además se ha encontrado con un clima artístico favorable, cuyo ejemplo más evidente es el disco El madrileño de C. Tangana. "La derecha ha sabido transformar la movida en la contracara del 15-M, lo cual es fascinante desde el punto de vista del análisis cultural", decía hace unos meses en Vozpópuli el profesor de Teoría del Arte Alberto Santamaría, de la universidad de Salamanca. 

Entrar al trapo

¿Ha ganado Ayuso, entonces, todas las batallas culturales a la izquierda? Casi todas. Resulta llamativo que los dos políticos que gobiernan Madrid -Ayuso y Almeida- no se hayan decidido todavía a formar familias. Por eso la líder de la oposición en la Comunidad, Mónica García, hace bandera de su papel de “madre y médica”, frase ya célebre que la derecha intenta ridiculizar porque saben que les hace daño electoral (no encaja del todo en su relato de defensores de los vínculos familiares).

 Una Díaz Ayuso con niños, enraizada en valores cristianos y con mayor sensibilidad social sería una candidata mucho más dura (si cabe) para una izquierda que sigue tumbada en la lona, sin saber de dónde le vienen los golpes.

El primer paso implica reconocer que Díaz Ayuso ganó imponiendo sus marcos culturales en el debate. “Socialismo o libertad”, dijo la presidenta, mientras un Pablo Iglesias crecido entraba al trapo con “Democracia o fascismo”. ¿Han visto ustedes alguna encuesta del CIS en la que el fascismo sea una preocupación de los españoles en 2021? Lo es solo en Lavapiés y en las asambleas de Ciencias Políticas de Somosaguas. Hoy parece improbable que la izquierda madrileña sea capaz de espabilar y diseñar la larga ruta hacia su recuperación política. Mientras mande la ‘mentalidad Maestre’, Ayuso va a ganar todas las batallas culturales. Por goleada."             (Víctor Lenore, Vox Populi, 16/11/21)

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