22.11.21

'Los que se quitan'... La dimisión del empleo... ¿Por qué sucede esto y, sobre todo, por qué ocurre ahora? No hay escasez de trabajo, sino de trabajo digno... muchos simplemente no quieren volver a trabajos de mierda con bajos salarios, algunos se han jubilado antes de tiempo; otros han encontrado la forma de llegar a fin de mes sin permanecer en empleos que aborrecen... los de abajo aguantan peor que antes la explotación y los de arriba planean la escapada... El fenómeno de los quitters americanos significaría un cambio de paradigma estructural, si se generalizase

 Óscar Guardingo  @oguardingo

Hay una lectura post68 sobre la Gran Deserción que traslada a la clase trabajadora la posibilidad de apearse del capitalismo mediante estilos de vida progresistas: la comuna, el poliamor o el consumo ecoético. “Abandonar el mercado de trabajo para acabar con la explotación”.
 
 “Salirse del capitalismo” es la ensoñación individualista de la clase media que dirige la izquierda desde el retroceso del movimiento obrero. No hay emancipación social desde el apeamiento individual.
 

 "La dimisión del empleo. Los de abajo aguantan peor que antes la explotación y los de arriba planean la escapada.

 No hay escasez de trabajo, sino de trabajo digno. Algunos se han jubilado antes de tiempo; otros han encontrado la forma de llegar a fin de mes sin permanecer en empleos que aborrecen; muchos simplemente no quieren volver a trabajos de mierda con bajos salarios… De este modo describe Robert Reich, secretario de Trabajo con Bill Clinton, un fenómeno relativamente nuevo en EE UU, que se está convirtiendo en tendencia: millones de asalariados abandonan sus puestos de trabajo y cambian de vida. A ello se lo denomina “la Gran Dimisión” (“The Big Quit” o “The Great Resignation”).

Los científicos sociales se muestran asombrados ante este reacomodo del mercado de trabajo, y aunque hay factores específicos y muchas diferencias con otros lugares, se preguntan si esta propensión no llegará al resto del mundo. El Nobel de Economía Paul Krugman afirma que, al contrario que en la Gran Recesión, ahora se está viviendo una crisis de oferta: las mercancías no llegan a los consumidores y muchos empresarios no encuentran los trabajadores adecuados para realizar su actividad. Tras el confinamiento con el que se combatió la covid, cada mes abandonan su puesto de trabajo una media de cuatro millones de asalariados, alrededor del 3% de la fuerza de trabajo estadounidense. Recuérdese que la tasa oficial de paro en EE UU no llega al 5%, lo que técnicamente significa pleno empleo.

¿Por qué sucede esto y, sobre todo, por qué ocurre ahora? Krugman avanza su opinión: la pandemia ha llevado a muchos trabajadores a replantearse la vida “y a preguntarse si valía la pena seguir con el trabajo horrible que muchos de ellos tenían”. EE UU es un país rico que trata a muchos de sus trabajadores extraordinariamente mal, con salarios estancados, jornadas leoninas, contratos inestables y escasas vacaciones. En muchos casos, ello genera episodios de ansiedad y frustración.

Pero todo ello ya estaba presente en las últimas décadas. Hoy se le une el agotamiento laboral de una larga pandemia de muchos asalariados y la flexibilidad que han conocido en muchos casos al teletrabajar en su casa (aunque ello haya supuesto una disponibilidad desmedida al servicio de la empresa), lo que implica que se resisten a volver a la sede social. También el hecho de que hayan podido ahorrar o porque no había donde gastar o porque les han llegado los cheques de la Administración (el “dinero helicóptero”); además, porque los inversores en las Bolsas de valores han visto cómo estas subían, etcétera.

Durante el confinamiento, muchos ciudadanos han sido más conscientes de que sus empleos eran malos o pésimos, y creen que han soportado demasiado. Un estudio encargado por Microsoft concluye que a más del 40% de la fuerza laboral global le gustaría cambiar de empleador este año. Los sectores más afectados son la hostelería, el transporte (atención a la falta de camioneros), la sanidad y la industria de cuidados, e incluso los asalariados de “cuello blanco” que no quieren incorporarse a sus oficinas y despachos. Resumen: los de abajo aguantan peor que antes la explotación y los de arriba planean la escapada.

Algunos empresarios buscan trabajadores subiendo los salarios más que su competencia (el “pay them more”, “páguenles más” de Biden). Ello conlleva dos tipos de situaciones: la primera, que los sindicatos tienen otra oportunidad para reivindicarse y convertirse en protagonistas de la negociación; Reich menciona en su artícu­lo de The Guardian el estallido de huelgas en todo tipo de sectores. La segunda situación tiene que ver con la inflación (que en EE UU ha alcanzado el 6,2%, según los últimos datos conocidos): al subir los costes salariales, se incrementan de nuevo los precios. Hasta ahora había consenso en los organismos multilaterales y en la mayoría de los economistas de referencia en que la inflación actual era un fenómeno transitorio, pero los incrementos salariales generan lo que se denomina “inflación de segunda ronda”, que no estaba contemplada.

El fenómeno de los quitters americanos significaría un cambio de paradigma estructural, si se generalizase. La utopía factible de trabajar para vivir, y no vivir para trabajar."             (Joaquín Estefanía, El País, 21/09/21)

 

 "(...) ¿Pero por qué estamos experimentando lo que muchos denominan la “gran dimisión”, en la que tantos trabajadores dejan el trabajo o exigen un sueldo más alto y mejores condiciones laborales para quedarse?

 A medida que la covid-19 retroceda y la vida vuelva poco a poco a la normalidad, los consumidores comprarán más servicios y menos cosas, reduciendo la presión en puertos, transportes por carretera y ferrocarriles. La situación laboral, por el contrario, sí parece deberse a una verdadera reducción de la oferta. El empleo total sigue estando cinco millones de puestos por debajo del nivel máximo alcanzado antes de la pandemia. El empleo en el sector del ocio y la hostelería sigue más de un 9% por debajo. Pero todo lo que vemos indica un mercado laboral muy rígido.

Por una parte, los trabajadores están dejando sus puestos de trabajo a ritmos insólitos, señal de que confían en encontrar nuevos empleos. Por otra parte, los empresarios no solo se quejan de escasez de trabajadores, sino que intentan atraerlos con aumentos de salarios. A lo largo de los últimos seis meses, los salarios de los trabajadores en los sectores del ocio y la hostelería han registrado una tasa de subida anual del 18%, y ahora están muy por encima de su tendencia anterior a la pandemia.

El empleo también ha envalentonado a los sindicalistas, que se han mostrado mucho más dispuestos de lo normal a acudir a la huelga tras recibir ofertas contractuales que consideran inadecuadas. (...)

Hasta hace poco, los conservadores culpaban a las prestaciones por desempleo ampliadas, afirmando que reducían el incentivo para aceptar un trabajo. Pero los Estados que cancelaron antes esas prestaciones no han experimentado un aumento del empleo mayor que los que no lo hicieron; y en todo el país, la eliminación de las prestaciones ampliadas el mes pasado no parece haber cambiado mucho la situación del empleo. Lo que parece estar ocurriendo más bien es que la pandemia llevó a muchos trabajadores estadounidenses a replantearse su vida y a preguntarse si valía la pena seguir con el trabajo horrible que muchos de ellos tenían.

Porque Estados Unidos es un país rico que trata a muchos de sus trabajadores extraordinariamente mal. Los salarios son a menudo bajos; ajustando la inflación, el típico trabajador varón ganaba prácticamente lo mismo en 2019 que su homólogo 40 años antes. Las jornadas laborales son largas: Estados Unidos es una “nación sin vacaciones” que ofrece mucho menos tiempo libre que otros países avanzados. El trabajo además es inestable, y muchos trabajadores con salarios bajos —y los trabajadores no blancos en particular— están sometidos a fluctuaciones impredecibles en las jornadas laborales que pueden hacer estragos en la vida familiar.

Y no son solo las empresas las que tratan mal a los trabajadores. Un número significativo de estadounidenses parece menospreciar a quienes les proporcionan servicios. Según una encuesta llevada a cabo no hace mucho, el 62% de los trabajadores de restaurantes dicen haber recibido un trato abusivo por parte de los clientes.

 Teniendo en cuenta estos hechos, no sorprende que muchos trabajadores estén dejando el empleo. La pregunta más complicada es por qué ahora. Muchos estadounidenses odiaban su trabajo hace dos años, pero no se dejaban llevar por esos sentimientos. ¿Qué ha cambiado?

Es solo una conjetura, pero parece posible que la pandemia haya hecho que algunas personas reconsideren sus elecciones vitales. No todo el mundo puede permitirse dejar un empleo que odia, pero un número considerable de trabajadores parece dispuesto a aceptar el riesgo de probar algo distinto: jubilarse antes a pesar del coste económico, buscar un empleo menos desagradable en un sector distinto, etcétera.

Y si bien esta nueva actitud exigente de unos trabajadores que se sienten empoderados les está haciendo la vida más difícil a consumidores y empresarios, seamos claros: en general, es bueno. Los trabajadores estadounidenses exigen un trato mejor, y al país le interesa que lo consigan."             (Paul Krugman, El País, 16/11/21)

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