Seguro que has escuchado muchas veces que el envejecimiento de la población pone en riesgo las pensiones públicas e incluso la economía del futuro. Nada más lejos de la realidad. Lo explico con datos y argumentos en este vídeo e hilo-resumen https://youtu.be/Ft2lS6Bj6vA
El punto de partida de esa visión tan extendida es simple y conocido: cada vez se vive más tiempo y cada vez hay menos nacimientos, por lo que la población está envejeciendo progresivamente, lo que implica que cada vez habrá más jubilados por cada persona en edad de trabajar.
Pero esto requiere varios matices. El primero es que no hay ninguna garantía de que por cada año que pase vayamos a vivir más: de hecho, en el año 2020, y debido a la pandemia, la esperanza de vida se desplomó en España y en la mayoría de los países. Y veremos en el futuro...
El segundo matiz es que tampoco sabemos a ciencia cierta cómo evolucionará la tasa de natalidad, porque aunque hoy día su evolución sea claramente descendente debido a que los jóvenes están teniendo menos hijos que en el pasado, tampoco sabemos qué puede ocurrir en el futuro.
¿Y si la economía prospera mucho por algún motivo, la precariedad se reduce y más jóvenes se animan a tener hijos? El caso es que hacer predicciones sobre la cantidad de población más allá de los 5 o 10 años es siempre un ejercicio de ciencia ficción.
El tercer matiz es que la evolución demográfica también depende de los flujos migratorios, que dependen fundamentalmente de la economía: si las cosas van bien entonces viene mucha gente a trabajar, y esta gente suele ser joven, por lo que la población se rejuvenece; y al revés.
En España durante los años de auge económico la población de inmigrantes, en su mayoría jóvenes, aumentó desde el 2% de la población total hasta el 12%. Y al contrario, tras la crisis del año 2008 este porcentaje disminuyó considerablemente, para volver a crecer luego en 2016.
Por lo tanto, si alguien quiere que haya más personas jóvenes en nuestro país, lo que tiene que hacer es proponer políticas que mejoren la economía y las condiciones laborales para que los jóvenes puedan tener más hijos y para que vengan más inmigrantes a trabajar...
y no proponer políticas que retrasen la edad de jubilación -como siempre hacen- porque eso no va a solucionar en nada el envejecimiento poblacional, además de que perjudicaría claramente a los jóvenes, que no podrían sustituir a los nuevos jubilados.
Pero esto no es todo. Incluso aunque no hagamos nada por modificar la evolución poblacional, los análisis típicos se equivocan cuando se aproximan a esta cuestión. Vamos a ver los errores e inexactitudes más importantes.
Existe una obsesión por fijarse en la relación entre el número de jubilados y el número de personas en edad de trabajar, cuando eso no es lo verdaderamente importante.
La clave es fijarse en la cantidad de bienes y servicios que esa población en edad de trabajar, sea muy numerosa o sea muy escasa, puede producir para ser utilizados por toda la población, incluida la mayor de 65 años. Eso se llama productividad, y es lo realmente importante.
Por ejemplo, en Haití hay mucha más gente en edad de trabajar que jubilados en comparación con España, pero no pueden producir tantas cosas para garantizar la vida de sus mayores. La productividad es lo que importa, no el número de personas jubiladas y en edad de trabajar.
En este gráfico podemos ver cómo ha evolucionado esa productividad en España, utilizando el PIB como indicador de los bienes y servicios producidos. Excepto en los años de crisis que van desde 2008 a 2014, la producción por persona en edad de trabajar ha ido aumentando.
Y si miramos la productividad de sólo los trabajadores, entonces la evolución es incluso más positiva. Es decir, se han producido más bienes y servicios que están a disposición de toda la población, incluyendo a los mayores de 65 años.
Si cogemos todos esos bienes y servicios producidos por la población en edad de trabajar, y los repartimos entre todos los mayores de 65 años, lo que vemos es que el reparto, lejos de empeorar, ha mejorado con el paso del tiempo, con la única excepción de los años de crisis.
Por otro lado, si además quisiéramos aumentar la productividad de una forma rápida, bastaría con lograr que los 3 millones y medio de personas que hoy día quieren y pueden trabajar en España lo hagan; como por ejemplo proponemos muchos economistas con el Trabajo Garantizado.
¿Qué sentido tiene decir que no tenemos suficientes personas en edad de trabajar para atender las necesidades de nuestros mayores si al mismo tiempo estamos dejando que más de 3 millones de esas personas en edad de trabajar no trabajen? Absolutamente ninguno.
Quizás ayude a entender esto pensar que de los 47,4 millones de personas que somos en España, sólo 20, menos de la mitad, están contribuyendo directamente a producir los bienes y servicios que necesita toda la población.
De hecho, esta relación era incluso peor en el pasado, cuando las mujeres no estaban todavía en el mercado laboral. Y el mundo funcionaba y no pasaba nada. ¿Por qué? Pues porque lo que producían los trabajadores era suficiente para atender las necesidades de toda la población.
Hoy día gozamos de importantes avances tecnológicos, utilizamos máquinas muy complejas que son hasta robots, y tenemos conocimientos y habilidades muy sofisticadas, y todo ello nos permite producir más cosas en menos tiempo y con menos manos.
Los economistas de hace casi un siglo, como John Maynard Keynes (1930), se dieron cuenta de ello y llegaron a imaginar sociedades en las que para el año 2028 sólo trabajaríamos 3 horas al día porque con eso bastaría para cubrir las necesidades humanas. https://aspeninstitute.org/wp-content/upl
A pesar de ello, ya estamos casi en el año 2022 y nuestra sociedad avanza precisamente en sentido opuesto, nos exigen trabajar más horas al día y jubilarnos más tarde. ¿De verdad esto tiene algún sentido? Pues humano y social, no, evidentemente. Sólo tiene sentido capitalista.
Por último, otra típica obsesión de la visión dominante es centrarse en el dinero. Pero no podemos olvidar que el dinero es simplemente un invento del ser humano y que se crea a voluntad y sin límites; preguntarnos de dónde se puede obtener el dinero es la pregunta fácil.
La pregunta difícil es saber de dónde sacaremos las materias primas, los recursos reales, la maquinaria y la fuerza de trabajo suficiente para producir todo lo que necesitarán los mayores del futuro. Pero eso es preguntarse por las cuestiones reales, no por las monetarias.
Los jubilados no comen dinero, ni se visten con billetes, ni son cuidados por monedas. Los jubilados lo que necesitan es que haya personas en edad de trabajar produciendo los alimentos que se van a comer, la ropa que van a vestir, los servicios de dependencia que van a recibir...
Imaginad que en el futuro las cuentas públicas españolas están súper saneadas; pero si luego no hay suficientes personas en edad de trabajar para producir las cosas que necesitan los jubilados, ¡entonces que estos tengan dinero en sus bolsillos no servirá de nada!
Hoy día tenemos suficiente capacidad productiva y tecnológica para producir lo que necesitan nuestros mayores; y sólo nos tenemos que preocupar de que siga siendo así en el futuro.
Lo podemos lograr haciendo que los desempleados trabajen, mejorando las condiciones laborales, mejorando la economía y la distribución de recursos. Así además tendríamos más natalidad y también atraeríamos a más población joven de otros países para trabajar en el nuestro.
Preguntarnos de dónde obtendremos el dinero para eso es la pregunta fácil; la pregunta difícil es si tendremos suficientes recursos naturales y suficiente mano de obra para cubrir las necesidades de los mayores y del resto de la población.
9:08 a. m. · 27 dic. 2021
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