25.1.22

Steven Forti: La mala salud de hierro del gobierno progresista español... ha conseguido poner en marcha buena parte de la agenda progresista anunciada hace dos años y, salvo imprevistos, llegará al final de la legislatura... aprobó la nueva ley de presupuestos -que incluía 27.000 millones de los 72.000 millones de subvenciones asignados a España por la UE- con un nivel de gasto récord e importantes medidas sociales... también la reforma de las pensiones y la ley de los repartidores, la reforma laboral y la eutanasia... leyes desde las medidas contra la violencia de género, hasta el cambio climático y la transición energética, desde la memoria democrática hasta la igualdad de las personas trans y los derechos LGTBI... además el empleo ha superado por primera vez los niveles de 2007... pero la economía no crece como se esperaba, del 7% previsto al 4,5% para 2021... la inflación alcanzó el 6,7% y las facturas de electricidad y gas alcanzaron un máximo histórico. Todo esto preocupa... En resumen, un gobierno progresista en minoría que hace lo que puede y lo que consigue, pero con la brújula claramente orientada a la izquierda. Eso es mucho para los tiempos que corren... el espíritu progresista del ejecutivo es más que palpable y abraza tanto la causa de los derechos como la de la desigualdad

 "En enero de 2020 nació en España el gobierno de coalición formado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y Unidos Podemos (UP). ¿Cuál es su estado de salud a medio plazo? A pesar de las dificultades y tensiones por el contexto marcado por la pandemia y una derecha que no ha dejado de hacer una oposición de corte trumpista, podemos decir, en primer lugar, que el ejecutivo presidido por Pedro Sánchez ha conseguido poner en marcha buena parte de la agenda progresista anunciada hace dos años y, en segundo lugar, que, salvo imprevistos, llegará al final de la legislatura.

 De hecho, hasta ahora no sólo se ha mantenido la coalición de gobierno, más allá de las diferencias fisiológicas de opinión en algunos temas entre los socialistas y UP, sino que se ha confirmado el apoyo parlamentario de las fuerzas regionalistas y nacionalistas que han permitido la formación del ejecutivo. Una mayoría heterogénea y compuesta que es consciente de ser la única alternativa al Partido Popular (PP) y a Vox. Cabe recordar, de hecho, que Sánchez gobierna en minoría en un Congreso muy fragmentado.

Como prueba de ello, a finales de diciembre se aprobó la nueva ley de presupuestos -que incluía también 27.000 millones de los 72.000 millones de subvenciones asignados a España por la UE de nueva generación- con un nivel de gasto récord e importantes medidas sociales. Es la primera vez en mucho tiempo, por cierto, que el Parlamento aprueba una ley presupuestaria durante dos años consecutivos. 

Pero la actividad legislativa del ejecutivo ha sido notable. Tras la reforma de las pensiones y la ley de los repartidores, se ha aprobado un insólito acuerdo en el que participan tanto sindicatos como industriales, incluyendo la reforma laboral que supone una derogación, aunque parcial, de la contrarreforma neoliberal aprobada por Mariano Rajoy en 2012, hasta la eutanasia, desde la ampliación de las medidas contra la violencia de género hasta el cambio climático y la transición energética, desde la memoria democrática hasta la igualdad de las personas trans y los derechos LGTBI. En definitiva, el espíritu progresista del ejecutivo es más que palpable y abraza tanto la causa de los derechos como la de la desigualdad.

Dicho esto, no todo son rosas y flores para la izquierda ibérica. En primer lugar, al igual que en el resto de Europa, la pandemia no parece estar disminuyendo con el pico de infecciones debido a la variante omicron. También es cierto que la tasa de mortalidad es mucho menor que el año pasado, en parte debido al éxito de la campaña de vacunación, con más del 80% de la población con dos dosis. 

Y que, a diferencia de otros países, ahora hay pocas restricciones en España: no se ha establecido un Superpase Verde y el Pase Verde no se exige en todas las regiones y generalmente se limita a restaurantes y hospitales. Tampoco se ha desarrollado un movimiento más o menos organizado de No Vax, como en Austria, Holanda, Italia o Francia.

Sin embargo, aunque el empleo ha superado por primera vez los niveles de 2007, la economía no crece como se esperaba: del 7% previsto por el Gobierno a principios de año, las últimas estimaciones del Banco de España son del 4,5% para 2021. Además, en diciembre la inflación alcanzó el 6,7% y las facturas de electricidad y gas alcanzaron un máximo histórico, a pesar de las intervenciones del ejecutivo para mitigar el gasto. Todo esto preocupa en el Palacio de la Moncloa porque el Gobierno cuenta con la salida de la crisis -una salida que debe ser socialmente "justa", como suele repetir Sánchez- de cara a 2023, año electoral por excelencia, con elecciones municipales en mayo y parlamentarias en noviembre.

En segundo lugar, la navegación del gobierno se enfrenta a numerosos obstáculos. Por un lado, los derechistas, como se ha dicho, han estado en las barricadas desde el inicio de la pandemia y el PP ha acabado aceptando, tras algunas dudas, el discurso de la ultraderecha de Vox. En consecuencia, los acuerdos bipartidistas sobre reformas institucionales son muy difíciles o simplemente imposibles, como en el caso de la renovación de los miembros del Consejo Superior de la Magistratura, cuyo mandato expiró hace más de tres años. 

Por otro lado, 2022 promete ser un año marcado por algunas citas electorales inesperadas que polarizan aún más el ambiente. El 13 de febrero se votará en Castilla y León de forma anticipada -tras la ruptura de la coalición entre el PP y Ciudadanos- y antes o después del verano será el turno de Andalucía, ambas regiones gobernadas por los populares que esperan una doble victoria para debilitar a Sánchez y allanar el camino a Casado para llegar a la Moncloa.

En tercer lugar, tanto los socialistas como Unidos Podemos están pasando por una fase de reconfiguración interna que podría tener consecuencias tanto para la estabilidad del gobierno como para el futuro de la coalición. En verano, tras la aprobación de los indultos a los líderes independentistas catalanes, Sánchez sustituyó a siete ministros socialistas.

 No se trata de una simple remodelación, ni de un intento de reanimar la ejecutiva, debilitada por un año y medio de pandemia, sino sobre todo de un reforzamiento del aparato del partido y de un giro centrista, confirmado por el congreso del PSOE celebrado en octubre en Valencia, al que también acudió el ex presidente del Gobierno Felipe González, que siempre ha sido muy crítico con Sánchez.

En cuanto a Unidos Podemos, la situación es bastante diferente. Tras la salida de Pablo Iglesias de la política, la coalición intenta reestructurarse en torno a Yolanda Díaz, actual ministra de Trabajo. Díaz, procedente del Partido Comunista de España, es una de las ministras más apreciadas por la opinión pública: la reforma laboral sería la guinda de su trabajo, siempre que supere el último escollo de la aprobación en el Parlamento.

 Desde hace tiempo se trabaja en la construcción de una plataforma laboral que remiende las fracturas que se han abierto en los últimos años en el ámbito de la nueva izquierda, no sólo estrechando las relaciones entre Podemos, Izquierda Unida y los Comuns de Ada Colau, sino también recuperando a Más Madrid, la escisión que encabezó Íñigo Errejón en 2019, y a los regionalistas valencianos de Compromís. La propuesta es sin duda atractiva y podría ser un éxito electoral, pero hay muchas dificultades.

En resumen, en medio de todas las tormentas y tempestades, el gobierno de Sánchez goza de muy mala salud. En la derecha, además de tachar al ejecutivo de ilegítimo, se le ve como una especie de régimen chavista en salsa española. En la izquierda se le critica por no ser lo suficientemente valiente o por venderse al centrismo. Probablemente la verdad, como suele ocurrir, esté en el medio: un gobierno progresista en minoría que hace lo que puede y lo que consigue, pero con la brújula claramente orientada a la izquierda. Eso es mucho para los tiempos que corren. Veremos qué ocurre ahora en la segunda mitad de la legislatura."                  

(Steven Forti, Micromega, 13/01/22; Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator)

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