20.1.22

Yolanda Díaz (y Piketty): La cogestión empresarial tendrá un peso específico considerable en la agenda gubernamental en 2022... Que los trabajadores compartan el poder en las empresas con los accionistas... para “salir de una organización monárquica de la economía y de una concentración de poder en unas pocas personas”... en Alemania o Suecia, existen empresas participadas por sus trabajadores hasta el 50%... ante el reto climático no basta “desplegar políticas igualitarias. Necesitamos el qué se produce, quién, cómo en esas decisiones estén los trabajadores... también hay que reclamar un impuesto unilateral a los hiperricos... "Hemos asistido a un proceso de desfiscalización absoluta, y para que hablemos de estado social, sanidad pública y educación, hay que hablar de ingresos públicos"... “Estamos a 6 puntos de distancia fiscal con Europa, lo que supondría la recepción de 75.000 millones de euros”... y debemos incluir en el mandado del BCE el pleno empleo y afrontar la emergencia climática... No hay igualdad sin impuestos ¿Alguien comprende, por qué razón las socimis [sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria] tienen un tipo impositivo de cero y que los trabajadores aporten cantidades elevadísimas?

  "Thomas Piketty pone deberes a Yolanda Díaz para construir un “socialismo participativo”.

Una charla sobre economía un viernes por la tarde convertida en un acto de masas y con una mayoría de público joven. Ese ha sido el logro del Instituto de Estudios Culturales y Cambio Social y el Círculo de Bellas Artes anteayer en Madrid. Tanto que murieron de éxito y la sala habilitada en el céntrico centro cultural se quedó pequeña y muchas personas no pudieron entrar.

Buena parte de esta expectación se motivó por sentar a dialogar a dos figuras muy reconocibles del panorama progresista europeo: el economista francés Thomas Piketty, cuyos trabajos han vuelto a poner en la agenda académica y política la redistribución de la riqueza y la vicepresidenta de Unidas Podemos en el Gobierno Yolanda Díaz, cuya propuesta de frente amplio suscita creciente interés aunque también incógnitas. (...)

El acto, que sirve de apertura de un curso sobre desigualdad, también trataba de dar esperanza. Así lo explicaba el coordinador del Instituto de Estudios Culturales y Cambio Social, Manuel Romero: “Veíamos que el corto, pero a la vez larguísimo ciclo que se inauguró en el 2011 y nos ocupa toda la década nos había traído algunas victorias, pero también nos había traído algunas derrotas y estábamos asistiendo con cierta preocupación al retorno un clima de cierta resignación, zozobra y otros afectos antipolíticos”.

Una esperanza que, para un sector no pequeño de la izquierda pero aún está por dilucidarse si suficiente, representa Yolanda Díaz. El propio Thomas Piketty apuntaba a ello nada más comenzar el acto. “Vengo de un país donde la izquierda se pelea mucho, hay mucha división. Llegar a España, donde Yolanda y otros muestran que es posible que la izquierda puede tener cierta unión, estoy muy feliz de estar aquí también por eso”, afirmó.

“La igualdad es una opción política”

Preguntado directamente sobre si la ideología resta en el análisis económico, Thomas Piketty aseguró que “siempre existirán conflictos ideológicos respecto de la estructuración de las sociedades” para situarse nítidamente en ese debate en favor del movimiento por la igualdad. Se mostró optimista de que ese movimiento continuaría avanzando y se remitía a la experiencia histórica.

“El capitalismo socialdemócrata de hoy no tiene nada que ver con el capitalismo colonial, autoritario, patriarcal de hace un siglo, cuando veo las transformaciones pienso que ese movimiento de transformación va a seguir. Esa conclusión no es una llamada a conformarse con la situación presente. Al revés, para seguir la lucha con una base histórica concreta, precisa, que nos permita seguir esa lucha”, sentenció.

Yolanda Díaz, desde la experiencia de gobierno, secundó al economista. Comparó la crisis de 2008 a la de la Covid 19, asegurando que se han seguido “políticas de rentas radicalmente diferentes”. Reconoció sin embargo que la pandemia ha demostrado la debilidad del Estado del Bienestar español y la presencia de una economía sumergida a la que asume que no han podido llegar las políticas de protección social. Por esa razón reclamó que “la intervención del Estado no tiene que estar solo cuando tenemos crisis”. Y reivindicó el valor del trabajo “son los/as sanitarios, los/as docentes, las cajeras, las reponedoras, los riders las personas que nos han salvado como país. El trabajo es clave como factor de igualación social”. En línea con Piketty en dar la batalla ideológica, criticó la tesis de Fukuyama del fin de la historia, entendida como confrontación de modelos de sociedad y economía. “La igualdad se configura como una pulsión de la historia. Yo apelo a un proyecto en base a la igualdad”.

Continuando la idea apuntada por Diaz, Piketty reflexionó que la búsqueda de un modelo alternativo al capitalismo quedó paralizada en los años 90 y 2000, en lo que tildó de “victoria ideológica temporal” del modelo neoliberal. “Aún estamos saliendo de esa fase, que comenzó en 2008 con la crisis” y reclamó continuar los trabajos de reflexión para una nueva forma de socialismo.

El descontento por la reforma laboral se coló en el acto

Terminando Díaz su intervención en la que ponía en valor el mecanismo de los ERTE, un espontáneo desde el final de la sala comenzó a increpar a la vicepresidenta. El motivo, la reforma laboral, que aseguró solo servía “para tapar las vergüenzas de la patronal”. El manifestante mencionó específicamente que el Ministerio de Trabajo no haya tocado la indemnización por despido y los 33 días por año trabajado que ya impuso el Gobierno de Rajoy. “Váyase con la patronal”, le espetó la vicepresidenta antes de que el equipo de seguridad lo sacase del evento sin resistencia por su parte.

Justo a continuación de esta acción de protesta, Piketty abogaba por que los trabajadores compartieran el poder en las empresas con los accionistas. Con ello, reclamaba “salir de una organización monárquica de la economía y de una concentración de poder en unas pocas personas”. Díaz se mostró favorables a las tesis de Piketty en este punto y citó a Marcelino Camacho cuando dijo que “la democracia se había quedado a las puertas de la empresa”. Informó que su departamento va a trabajar en esta línea este año, para desarrollar el artículo 129.2 de la Constitución, el cual habla de fomentar las sociedades cooperativas y de facilitar el acceso de los trabajadores a la propiedad de los medios de producción.

El economista francés ponía el ejemplo de esta política a Alemania o Suecia, donde existen empresas participadas por sus trabajadores hasta el 50%, e iba más allá y reclamó otro límite en el poder de los accionistas, para que solo pudieran tener el 10% de una empresa. A esto Piketty lo denominó “socialismo participativo” y reconoció que la crisis abría una ventana de oportunidad. “En la historia las cosas se han hecho mediante crisis. Muy violentas incluso”. “Estamos trabajando aún en la alternativa, en el principio de esta nueva esperanza”, concluyó.

Díaz aseguró que ante el reto climático no basta “desplegar políticas igualitarias. Necesitamos el qué se produce, quién, cómo en esas decisiones estén los trabajadores. Para ensanchar la democracia no podemos dejar ajeno el mundo de la empresa” sentenció. Consciente del brete que supone abrir ese debate, Díaz pidió “ayuda a todas las personas que estáis aquí, que tenéis tanta luz”.

Los impuestos pasan por Bruselas… o no

Los impuestos representaron una parte importante del diálogo entre el economista y la vicepresidenta y donde había algunos de los matices más visibles. La mayor discrepancia que pudo escucharse entre Díaz y Piketty fue sobre el papel de la Unión Europea en la tarea de la progresividad fiscal. Díaz reclamó en varias ocasiones una fiscalidad común para el club comunitario y Piketty reclamó un impuesto unilateral a los hiperricos. “No podemos esperar a que los 27 se pongan de acuerdo”.

El economista francés denunció el problema de la evasión fiscal, que califico de “máquina de un nuevo poder censitario para que los que poseen capitales y grandes empresas puedan escapar al derecho común y a los impuestos”. Criticó que “tenemos responsables políticos que le dicen al público que no sabemos donde esta el dinero, vamos a tener que poner impuestos a las clases populares y medias que no pueden desplazar sus riquezas y después nos sorprendemos de que a la gente no le guste la mundialización”. 

“Europa en estos debates ha tenido un efecto mas bien negativo” aseguró. Piketty relató el caso del impuesto mundial a las corporaciones, afirmando que Biden estaba preparado para unas tasas más elevadas, del 20-25%, pero lo disuadieron Macron y Merkel y lo limitaron al 15. “En Irlanda está en el 12, casi no había diferencia, no ha cambiado nada al final”. Introdujo una posible solución, y es que los países reclamen el pago de la diferencia de los impuestos a las empresas que quieran operar en su país, pero para ello “la única manera de avanzar es de manera unilateral para invitar a los demás países a subir a tasas más realistas”. “Los países de manera individual puedan trasgredir algunas reglas para empujar el cambio” y reclamó para ello una coalición entre Francia, Alemania, Italia y España, constituyendo una asamblea europea de diputados para impulsar un impuesto a los hiperricos.

Piketty puso como ejemplo de una economía próspera y con altos impuestos los Estados Unidos entre los años 30 y 80. “No solo no destruyó el capitalismo americano, sino que fue el periodo de mayor dominio”. Y apuntó la educación como otros de los factores que lo propiciaron.

La vicepresidenta coincidía con el profesor en el diagnóstico. “Hemos asistido a un proceso de desfiscalización absoluta” afirmó. Para sostener su tesis, aportó dos datos: en 1979 el tipo máximo del impuesto sobre la renta estaba en el 65%, mientras que hoy está en el 45%; y que el 80% de la recaudación del IRPF se sostiene sobre rentas salariales. “No hay nada más que determine tanto la vida de la gente como los impuestos”, aseguró Díaz, que pidió defenderlos de forma “pedagógicamente activa y con una enorme valentía, porque no hay igualdad sin impuestos”. Reconoció que “las fuerzas de izquierdas tienen miedo de hablar de esto”, en un mensaje velado al PSOE, pero apunto a que la razón radicaba en asumir el marco de la derecha. “La cuestión no es subir los impuestos, sino quién paga los impuestos”.

Díaz se apoyó en Europa para reclamar más impuestos. “Estamos a 6 puntos de distancia fiscal con Europa, lo que supondría la recepción de 75.000 millones de euros” y reclamó trabajar en esta línea, “ser europeos también en esto”. Unas palabras que dirigió más hacia Fuentes, el moderador y economista en la órbita del PSOE, que a Piketty. Díaz resumió su intervención en anomalía fiscal de España respecto a Europa, deserción fiscal de los hiperricos y unas arcas públicas sostenidas por los trabajadores. Unas líneas relevantes dado que se prevé que 2022 sea un año clave en la reforma fiscal que prepara el Gobierno Central. Muy enérgica, la vicepresidenta remató diciendo que “los tributos es la educación, la sanidad, la ciencia. ¿Qué discursos hay en esta materia? Siempre escuchamos a la derecha. Si hay crisis, porque hay crisis, si no hay crisis, hay que bajarlos también. La alternativa es la más injusta, a través de los impuestos indirectos. Daba igual quien gobierne”. Otro recado al PSOE.

Sobre Europa, tanto Piketty como Díaz coincidieron en la necesidad de reformar el Banco Central Europeo. El economista propuso que la institución comunitaria congelase la deuda “hasta que estemos seguros de limitar el calentamiento global”, reconociendo que ese mecanismo no sería suficiente por sí solo. También apuntó a la necesidad de “más supervisión democrática y social” de la entidad. La vicepresidenta no habló de la deuda pública, pero sí reclamó incluir en el mandado del BCE el pleno empleo y afrontar la emergencia climática.

La vicepresidenta apuntó en este capítulo además que España, Bélgica y Portugal vienen impulsando un mecanismo de alerta social europeo, con el objetivo de introducir indicadores sociales en el análisis macroeconómico y hacerlo al mismo nivel que el Ecofin, la reunión de los ministros de Economía de la UE. Díaz da la batalla con Calviño también en Bruselas. “¿Vamos a volver al corset?”, se preguntaba Díaz, refiriéndose a las políticas de austeridad.(...) "
                             (Alfonso Torres, El Salto, 16/01/22)


"Yolanda Díaz: “No hay igualdad sin impuestos; un proyecto transformador debe poner el acento ahí”. El economista francés Thomas Piketty llama a los gobiernos europeos a “salir del marco irresponsable vigente desde los años ochenta” y a extender la tributación progresiva al patrimonio.

 “Hemos asistido a un proceso de desfiscalización absoluta, y no hay nada que determine más la vida de la gente que los impuestos”. En pleno proceso de construcción de su propio proyecto político, la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, puso el foco el viernes en la importancia de la fiscalidad como elemento central de su proyecto social y abogó por la necesidad de “explicarle a la gente con valentía” la importancia de los tributos para la financiación de los servicios públicos. “Hay que ir con un discurso fuerte en materia tributaria. No hay igualdad sin impuestos, y no hay proyecto social que camine a la igualdad sin progresividad fiscal y un Estado de bienestar fuerte”, remarcó la líder de Unidas Podemos en el Ejecutivo durante su participación en un acto en el que compartió escenario con el economista francés Thomas Piketty.

“La legislación tributaria española y europea”, añadió Díaz, “están pensadas para una realidad del siglo XX, y tenemos que ir hacia políticas públicas que acomoden los ingresos públicos a la realidad actual. Hay una anomalía fiscal, y un proyecto transformador debe poner el acento aquí”. “Asistimos”, afirmó, “a una auténtica deserción fiscal de los hiperricos, tanto en España como en el mundo. ¿Alguien comprende, por ejemplo, por qué razón las socimis [sociedades anónimas cotizadas de inversión inmobiliaria] tienen un tipo impositivo de cero y que los trabajadores aporten cantidades elevadísimas? ¿Hay algo más injusto y más desigual?”, se preguntó retóricamente al tiempo que clamaba por un marco fiscal común en la UE.

El acto, celebrado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid bajo la moderación del economista Daniel Fuentes, fue brevemente interrumpido por los gritos de desaprobación contra Díaz proferidos por uno de los asistentes por el reciente pacto con la patronal para la reforma laboral.

Un mínimo global para el impuesto de sociedades

Aún más crítico con la acción comunitaria en materia fiscal se ha mostrado el profesor de la Escuela de Economía de París, que ha cargado contra la “muy escasa influencia” de Europa en estos debates. Uno de los mejores ejemplos de esa falta de ambición, ha deslizado, está en la reciente creación de un mínimo global del 15% en el impuesto de sociedades: “[El presidente de EE UU Joe] Biden estaba preparado para ir más allá de esa cifra y [el presidente francés Emmanuel] Macron y [la entonces canciller alemana Angela] Merkel le dijeron que era demasiado alto”.

Piketty propone ir más allá. La “única forma de avanzar”, afirmó, es que los Gobiernos europeos no esperen a un acuerdo de todos los Estados miembros para “salir del marco irresponsable que está vigente desde los años ochenta. Necesitamos impuestos progresivos no solo de los ingresos, sino también sobre el patrimonio. Y, de nuevo, no debemos esperar a que los Veintisiete se pongan de acuerdo”.

En pleno debate sobre la reforma de las reglas fiscales, Piketty también ha negado que la austeridad —la vía elegida en el Viejo Continente para reconducir los déficits públicos tras la Gran Recesión— sea “la única salida de las crisis” y ha defendido con ahínco la idea de que los bonos públicos que están en manos del Banco Central Europeo (BCE) dejen de contabilizarse en la deuda nacional, como ya defendió en estas páginas en febrero pasado.

“Hemos creado un derecho casi sagrado para enriquecerse utilizando la educación, la salud y las infraestructuras de un país, y luego poder transferir las riquezas a otros lugares para evitar pagar por los servicios que han permitido ese enriquecimiento”, criticó Piketty, una de las voces académicas con mayor peso en materia de desigualdad. “Y se trata, además, de hacer creer que ese sistema tiene algo de ineluctable”.

 El autor de, entre otros libros, El capital en el siglo XXI (Fondo de Cultura Económica, 2013), Capital e ideología (Deusto, 2019) y Una breve historia de la igualdad (Deusto, 2021), con quien la voz más destacada de Unidas Podemos en el Ejecutivo mostró una importante sintonía durante el acto, recordó que en Estados Unidos durante 50 años se aplicó un tipo [impositivo] marginal del 82% a las rentas más altas sin que eso “destruyese el capitalismo ni tuviese consecuencias negativas sobre la productividad”. Más bien al contrario, enfatizó, “fue el periodo de mayor avance” del país norteamericano. “Todos deberíamos mirar esas cifras y esas experiencias para ir en contra de determinados a prioris ideológicos”, abogó.

Alegato en favor de la cogestión empresarial

Más allá de lo fiscal, Díaz y Piketty se mostraron en la misma longitud de onda en uno de los temas que, según ha dejado caer la número tres del Ejecutivo, tendrá un peso específico considerable en la agenda gubernamental en 2022: una gestión conjunta que permita una mayor participación de los trabajadores en la toma de decisiones de las compañías.

 “Es una gran asignatura pendiente: Marcelino Camacho [histórico dirigente sindical y fundador de Comisiones Obreras] decía que la democracia se había quedado a las puertas de las empresas de nuestro país a pesar de que la Constitución habla de la participación de los trabajadores en los medios de producción. La pregunta es qué ha pasado para que no se hayan desplegado fórmulas de cogestión que sí existen en otros países”, expuso.

En ese sentido, Díaz prometió trabajar” en favor de una “mayor participación de los trabajadores para avanzar en la igualdad”. “Ante el proceso de absoluta financiarización de la economía y concentración del capital, y para la transformación social del modelo productivo, necesitamos que los trabajadores formen parte de los procesos de toma de decisión sobre qué se produce, cómo se produce y quién lo produce”, subrayó tras criticar lo que —según su parafraseo— Umberto Romagnoli, una de las mayores figuras mundiales del Derecho del Trabajo y catedrático de la Universidad de Bolonia (Italia), cataloga de “empresa monárquica y no democrática”.

 A grandes rasgos, se trata, según Piketty, de que los empleados tengan voz y voto real en los consejos de administración. “Es un modelo que en Alemania y en Suecia funciona bastante bien y que se debería extender a todas las empresas. Compartir el poder dentro de las compañías cambiaría las cosas de manera importante”, defendió el economista francés al tiempo que lanzaba un alegato político: “Tenemos que reflexionar sobre nuevas formas de socialismo. Es el principio de una nueva esperanza”.              (Ignacio Fariza, El País, 14/01/22)

No hay comentarios:

Publicar un comentario