21.2.22

Descripción del enredo ayusino: ya no hace falta vender la sede de Génova. Acaba de arder... El PP ha implosionado, Ayuso lo ha dinamitado al no saber dar explicación al hecho de que su hermano se lucre con su presidencia... El estallido de la guerra civil entre Génova y Ayuso tiene lugar después de que el PP de Casado intentara tumbar, «tamayazo» mediante, una Reforma Laboral que había recibido el visto bueno de importantes nódulos oligárquicos y de los centros de poder europeos... una degradación política extrema y trumpista, que estuvo antecedida por el asalto al ayuntamiento de Lorca alentada por el PP... con una cumbre en Madrid de la ultraderecha europea, con jefes de gobiernos -el húngaro Orbán, o el polaco Morawieck- de países que acaban de ser sancionados por la UE... dejar entrar a Vox en las instituciones, gobernando con ellos, supondría una contradicción nada baladí con los centros de poder europeos... mientras, casi toda la prensa de derechas a favor de Ayuso... Berlín y París, en contra... Aznar, Fátima Báñez, en contra... Losantos y Cayetana, a favor... la militancia a favor... Casado se envuelve en la bandera de la anticorrupción, y Ayuso le prende fuego a la bandera con él dentro... la ejecución que planeó Miguel Ángel Rodríguez se ha convertido en una carnicería sangrienta a la vista de todo el mundo... desde Galicia, Feijóo espera rezando para que esa sangre no coagule

 "Ya no hace falta vender la sede de Génova. Acaba de arder.  

La casa común del PP ha sido quemada por una Ayuso acorralada por un caso de corrupción que investigaba su propio partido. Isabel Díaz Ayuso reconoció en una rueda de prensa, sin precedentes en la historia de la democracia, que su hermano Tomás Díaz Ayuso cobró por un contrato que la comunidad que ella preside dio a una empresa de un amigo de su familia.

 La comparecencia no fue para dimitir por reconocer que su familia se benefició de manera sustancial por un contrato a dedo para comprar mascarillas en lo peor de la pandemia, sino para acusar a Pablo Casado, el líder de su partido, de haber tramado una trama de espionaje que tenía como objetivo acusarla de corrupción y hundirla por el simple hecho de querer presentarse a las primarias del PP de Madrid.

El Partido Popular ha implosionado, Isabel Díaz Ayuso lo ha dinamitado al no saber dar explicación al hecho de que su hermano se lucre con su presidencia. Las consecuencias de su movimiento casi suicida son imprevisibles. La lógica dice que Ayuso no podrá sobrevivir en el PP después de haber acusado al líder que la nombró de actuar de forma cruel contra ella para destruirla. Solo puede quedar uno y el que manda nunca cede voluntariamente. 

Los apoyos de Ayuso en esta guerra son el de Cayetana Álvarez de Toledo en el partido y el de Federico Jiménez Losantos en las ondas que, sin desdeñar el poder del locutor en su espectro ideológico, no es suficiente para doblar el brazo a un aparato que ya no puede hacer otra cosa que destruir a la que era la gran apuesta turboliberal de la derecha mediática cañí para frenar a VOX. Toca tomar posiciones por parte de cargos y voceros y un paso en falso defendiendo la chaqueta perdedora puede dejar sin calorcito pecuniario. 

 El expediente que le han abierto en la dirección nacional a Isabel Díaz Ayuso puede laminarla porque si la suspenden de militancia, y ha dado motivos legales con los estatutos por delante con su rueda de prensa, no podrá optar en el congreso regional y lograr el poder interno necesario para comenzar el proceso destituyente contra Pablo Casado. La fuerza de Ayuso es externa, de la militancia y los medios, pero la lucha interna tenía que ganarla desde fuera antes de comenzar la disputa orgánica. Puede que haya movido ficha demasiado rápido y de forma tan agresiva que es casi imposible que logre apoyos dentro del partido más allá de su núcleo duro de diputados.(...)

 Ayuso ha medido mal las fuerzas y ha intentando asestar el golpe en la yugular a Casado demasiado pronto. Las elecciones en Castilla y León y el fracaso de Pablo Casado con su adelanto le han hecho medir mal, el machete con el que quería descabezar de cuajo al líder de su partido estaba mellado. Lo que tenía que ser un golpe seco e indoloro falló y la respuesta igualmente agresiva la ha dejado herida de muerte. La ejecución que planeaba Miguel Ángel Rodríguez se ha convertido en una carnicería sangrienta a la vista de todo el mundo que no ha dejado a nadie sin salpicar en todo Madrid. Desde Galicia esperan para limpiar la sangre rezando para que no coagule."             (Antonio Maestre, blog, 17/02/22)

 

 "(...) Viendo los titulares y editoriales de los principales medios de comunicación (especialmente los más vinculados a los grupos mediáticos y oligárquicos que respaldan al PP, y que tienen predicamento entre sus bases y votantes), podemos hacernos una primera idea de la correlación de fuerzas inicial, en una batalla de incierto final y que no ha hecho sino comenzar.

El Mundo, uno de los dos medios que han detonado la «guerra», se pone inequívocamente de parte de Ayuso, pidiendo la dimisión de Casado, García Egea, y de toda la dirección nacional del PP. En un editorial durísimo contra Casado, lo centran todo en el chantaje «al mejor activo» del PP. En la misma dirección se expresaba esRadio de Federico Jiménez Losantos.

ABC habla de «Guerra civil» en el Partido Popular. Aunque de forma menos radical que El Mundo, también se pone de parte de Ayuso. No pide la cabeza de Casado, pero sí la de García Egea. Al igual que El Mundo, no da credibilidad alguna a las acusaciones de corrupción contra Ayuso. En una línea similar al ABC se expresa El Confidencial, -otra de las plataformas origen de este estallido- que titula «los barones populares exigen la cabeza de García Egea para salvar a Casado y frenar a Ayuso»

La Razón, en cambio parece mantener una posición conciliante entre ambos. Pide a ambos que bajen el tono y que la investigación a Ayuso se haga desde la “buena fe”. Medios como la Cadena Cope -que ha hecho una entrevista a Casado- o El Español sin embargo parecen ponerse de parte de Casado, centrando sus titulares en la presunta corrupción de Ayuso.

La contradicción es antagónica y ha llegado a un punto de no retorno. Sólo puede quedar uno, o quedar aniquilados los dos. Si la batalla la acaba ganando la dirección de Casado, Ayuso seguramente quedaría expulsada del PP y -dependiendo de los posibles hechos delictivos que revele la investigación judicial, del contrato irregular, ya en manos de la fiscalía- podría aventurarse a crear una nueva plataforma política que haría el mapa político de la derecha aún más complejo. Sin embargo, es difícil pensar en un escenario donde la actual dirección del Partido Popular salga airosa de esta crisis, con el partido abierto en canal y una gran parte de los barones exigiendo responsabilidades a Génova por el espionaje interno."                   (Julio Cebrián, De Verdad Digital, 18/02/22)


"(...) En un momento donde el conflicto ucraniano, la salida de la pandemia, la crisis energética, etc… amenazan las economías europeas, no parece que a los centros de poder les convengan focos de inestabilidad.

El estallido de la guerra civil entre Génova y Ayuso tiene lugar dos semanas después de una convulsa sesión parlamentaria en la que el PP de Casado intentó tumbar, mediante un «tamayazo», una Reforma Laboral que había recibido el visto bueno de importantes nódulos oligárquicos -por ejemplo Ana Patricia Botín-, de importantes figuras del PP -Aznar y la fundación FAES o la exministra de Trabajo Fátima Báñez, que actuó de negociadora de la CEOE- y de los centros de poder europeos. El PP llegó a acusar de «pucherazo» a la presidenta del Congreso, una degradación política extrema y trumpista, que estuvo antecedida, pocos días antes, por el asalto al ayuntamiento de Lorca alentada por el PP.

Tienen lugar también una semana después de unos resultados electorales en Castilla y León que suponen una «operación ruinosa» para el PP, que necesita a un Vox que pide entrar en el gobierno autonómico. En medio de esa campaña electoral castellanoleonesa tuvo lugar en Madrid una cumbre de la ultraderecha europea, donde Vox reunió no sólo a gran parte de los partidos de la ultraderecha xenófoba y euróescéptica, sino a jefes de gobiernos -el húngaro Víctor Orbán, o el polaco Mateusz Morawieck- de países que acaban de ser sancionados por la UE por sus derivas antidemocráticas. 

También inquietan a Berlín y París estos ultras por sus veleidades con Rusia (en el caso de Orbán o Le Pen) o por sus complicidades con la línea Trump en EEUU (en el caso de los polacos o de Vox). (...)

Dejar entrar a Vox en las instituciones, cobernando con ellos, es una línea que el PP no ha cruzado hasta ahora. Hacerlo supondría una contradicción nada baladí con los centros de poder europeos -especialmente Alemania y Francia- e incluso con la línea Biden, opuesta a que se desarrolle en Europa una ultraderecha desestabilizadora y trumpista. 

Amén que podría dar pie a movilizar a la mayoría progresista y complicar el camino de Casado a la Moncloa. Por eso Casado, o figuras como Aznar se oponen a dejar entrar a Vox en el gobierno de Castilla y León, mientras que Ayuso es una clara partidaria de gobernar con la ultraderecha. (...)

Contradicciones que quizá han llegado demasiado lejos y es necesario “corregir”, aunque sea de forma brusca. El hegemonismo y la oligarquía necesitan al Partido Popular, pero no a una dirección con estas veleidades desestabilizadoras y trumpistas, incapaz de llegar a pactos de Estado con el gobierno de Sánchez, y que da pie al avance, aún más desestabilizador, de la ultraderecha."            (David Bezoar, De Verdad Digital, 18/02/22)

No hay comentarios:

Publicar un comentario