"Desde que Bruselas anunciara la acogida ilimitada de refugiados procedentes del conflicto en Ucrania, la derecha y la extrema derecha política –y su altavoz mediático– se han afanado en diferenciarlos entre sí.
Irónicamente, en el seno de la Unión Europea nunca se había contemplado dicha medida, a pesar de haber sido testigo de la popularmente llamada crisis de los refugiados del año 2015, que originó un flujo de personas sin precedentes. Aunque en aquel entonces, la piel de aquellos que escapaban del horror y la muerte no era blanca.
De facto, el principal problema que plantea esta política comunitaria es que excluye a todo aquel que no tenga un pasaporte ucraniano. La situación en el país queda en manos de cada Estado miembro, que podrá decidir si la aplica o no en cada caso.
Esto provoca que aquellos estudiantes, trabajadores y personas que hayan vivido en el territorio desde hace menos tiempo podrán ser deportados a sus países de origen.
La xenofobia en la que Europa se ahoga ha resurgido con más fuerza que nunca, creando una división entre los refugiados que valen la pena y los que no. Ya han aparecido vídeos en internet que muestran a cientos de personas de procedencia africana siendo empujados por los guardias fronterizos mientras les bloquean el paso para evitar que accedan a los trenes de rescate. "Dicen que solo mujeres y niños, pero luego ves a los chicos ucranianos subirse y simplemente dejan atrás a los africanos", señalaba un joven nigeriano que estudiaba en Ucrania.
Y este racismo que excluye a las personas extranjeras de esta directiva es el mismo que nos deja imágenes como las que se vieron en La Hora de la 1 el pasado miércoles. Un periodista defendía, en relación a los refugiados ucranianos y sirios, que “no es lo mismo” la situación de guerra en uno y en otro país.
Llegaba a hablar de las “expectativas” de los refugiados en función del origen y, sin mayor dato que su palabra, afirmaba que las de los sirios era no regresar nunca a su país de origen. “Esa es una generalización muy atrevida”, explicaba entonces el periodista y experto en migraciones Moha Gerehou, que cuenta con experiencia de trabajo con refugiados, justamente, sirios. “Su expectativa es la de volver”.
Un peligroso argumento difundido en las horas más seguidas de la mañana de TVE que, además, se basa en profundos prejuicios. “El argumento era que unos (ucranianos) quieren volver cuanto antes y otros (sirios) buscan quedarse. Se obvia que cuando huyes forzado vuelves cuando puedes, no cuando quieres. Y que en el país de llegada deberás mantenerte: trabajar, estudiar, etc. Eso seas ucraniano o sirio”, apunta Gerehou.
“Es importante no caer en la diferenciación entre las expectativas de unos refugiados/migrantes u otros bajo el único criterio del lugar de procedencia. Dice más de las expectativas que colocamos nosotros en base a criterios raciales”, sentencia el periodista.
Esta clase de discursos se están popularizando en los medios de comunicación de muchos países, sobre todo, en los que acuden, por cercanía, las personas refugiadas en primera instancia." (Alba González, LUH, 12/03/22)
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