"(...) En el momento actual, el PIB de la Federación Rusa es inferior al de Italia y solo supera al español en un 3,6%. Eso sí con una población de 144 millones de habitantes (el noveno con más población del mundo). Y estos son datos concluyentes para creer que Rusia no debiera estar interesada en iniciar un conflicto armado que, de tener cierta continuidad en el tiempo y el espacio, no podría financiar.
A Rusia sólo le queda la capacidad de disuasión que le proporciona un armamento nuclear cada día más desfasado y obsoleto. Quizás incluso caducado y sustituido por otro de attrezzo. El presente de Rusia recuerda la leyenda de Harzenbusch del ventero enano que daba voces y no se mostraba a los clientes para mantener el orden en su establecimiento. ¡Hasta que los arrieros descubrieron que no era el gigante violento por el que se hacía pasar desde el piso superior! Y así lo confirma la propia evolución de las operaciones militares que daría risa de no tenerse en cuenta los muertos y heridos, la destrucción y el sufrimiento en general.
No obstante, lo anterior, lo cierto es que Occidente ha perpetuado las hostilidades propias de la guerra fría hacia Rusia. Una de cuyas manifestaciones es que la OTAN haya sido mantenida activa, pese a la inexistencia del atrabiliario comunismo que amenazaba a Occidente; pese al desmantelamiento del bloque militar contrario, el Pacto de Varsovia; pese a que Rusia mantiene un sistema político y económico, con todas las corruptelas que se quiera, análogo al de algunos países que son miembros de la OTAN… ¿O es que la Turquía de Erdogán o la Hungría de Orbán tienen regímenes homologables con las democracias occidentales?
Durante estos años, se ha mantenido la amenaza a Rusia desde Occidente, sin que el papel de Europa haya sido distinto del que, con carácter subordinado a los americanos, desempeñó siempre. La OTAN ha posicionado sus tropas a las puertas de todas las fronteras occidentales de Rusia. Y Rusia se ha quejado reiteradamente de política tan poco amistosa. De la amenaza que representan esas tropas en sus fronteras. Desde que España se uniera a los quince miembros de la OTAN en 1982, se han integrado Polonia, Hungría, Chequia, Bulgaria, Estonia, Letonia, Lituania, Rumanía, Eslovaquia, Eslovenia, Albania, Croacia, Bosnia y Herzegovina, Georgia y Macedonia del Norte. Actualmente se debatía la integración de Suecia, Finlandia, Serbia y Ucrania. Al propio tiempo, Biden instó la activación de la SEATO, que opera en el Pacífico, con la declarada finalidad de “parar” a Rusia y a China.
En este contexto, no somos ajenos a la guerra de Ucrania. Me refiero a USA y Europa, a los miembros de la OTAN. De hecho, estos Estados deberían felicitarse por el desencadenamiento de la misma y sus previsibles resultados, como intentaré aclararles más adelante. Todo lo demás es pura hipocresía. Llevamos “tocando las narices a Rusia” con Ucrania mucho tiempo. La hemos intentado atraer hacia la Unión Europea y la OTAN. Nos hemos inmiscuido en su política interior e incluso hemos coadyuvado de manera decisiva al Golpe de Estado de 2014 (el Maidán) en que, de manera irregular y saltándose la Constitución, la Duma ucraniana cesó al Presidente electo, del Partido de las Regiones prorruso, e impuso un Presidente pro-OTAN. Los propios políticos ucranianos se han prestado temerariamente a este peligroso juego. Además, todo lo anterior se ha hecho con plena consciencia de que el anormal de Putin acabaría reaccionando como lo ha hecho. Que repetiría exactamente lo que aconteció con Crimea. Esta guerra es un dejà vu. Y cuando ha acontecido, le hemos dicho a Ucrania “lo sentimos, no es Ud. miembro de nuestro Club”. Como si eso hubiera importado donde no importaba (Yugoeslavia, Libia por ej.). Hemos despertado a la fiera y la bestia se ha comportado como tal. (...)
De este modo, bien podría concluirse que Rusia ha mordido la manzana (Ucrania) que le vienen poniendo los americanos. Las víctimas no son de la OTAN, luego no son nuestras. Y todas las batallas que encierra esta guerra son victorias para el Imperio occidental. (...)
En lo militar, porque la OTAN, instrumento militar del imperialismo en Europa, vuelve a adquirir el sentido que parecía que había perdido; el interés por sumarse a la misma se ha extendido ampliamente entre los Estados europeos no miembros; se ha demostrado (¿?) que la neutralidad, tan atractiva para los europeos continentales, es un sinsentido ante el peligro ruso y en su día chino… ¡y del pacifismo ni hablamos!; los miembros de la OTAN han aceptado finalmente lo que Trump quiso imponerles y rechazaron (el 2% del PIB en gasto militar), entre ellos nuestro Gobierno(...)
En lo económico porque tras la quiebra rusa habrá ricos despojos que cambiarán de mano (gas, petróleo, minerales, etc.) hoy en las de la oligarquía rusa, mañana de las multinacionales americanas. (...)
En lo ideológico, porque esta es una operación “limpia” donde han conseguido engañar a todos haciéndonos creer que solo hay un culpable y nosotros “pasábamos por allí”. Y, para mayor cinismo, resultamos ser los hermanos benéficos, solidarios y compasivos que acogemos a las mujeres y niños desplazados. Los mismos que ayer levantaban alambradas, sembraban vallas de concertinas y perseguían con jaurías de perros a los refugiados sirios, afganos, iraquíes, subsaharianos, etc. hoy abren sus fronteras y prometen “papeles” para todos (los ucranianos). A los otros refugiados, los que no existen, los que no forman parte de ese “todos”, que les sean leves las gélidas aguas del Mediterráneo y la Ruta de la Muerte. ¿No hay nada que preguntar? ¿Son menos iguales?
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