"Fue una victoria sin júbilo.
Emmanuel Macron, infligió una segunda derrota a la ultraderechista Marine Le Pen, y salió victorioso de las urnas este domingo, con el 58,2% de los votos. Sin júbilo, porque los franceses fueron obligados a elegir entre la desilusión y la rabia y por ello los analistas vaticinan que se avecinan tiempos difíciles (...)
La ultraderecha puso en debate el fantasma de un Frexit(una hipotética retirada francesa de la Unión Europea) y en su programa se apuesta por una progresiva sustitución de la Unión Europea por una Alianza Europea de Naciones, un intento por hacer primar el derecho patrio por encima del derecho comunitario, obviamente incompatible con la pertenencia a la Unión Europea.
Pero tras las elecciones, el jefe de Estado puede respirar aliviado, pero no triunfante. Con un 28,2%, (un nivel no visto desde 1969) la tasa de abstención invita a la modestia y subraya hasta qué punto este resultado final, una repetición del duelo de 2017, ha disgustado y frustrado a los franceses. (...)
Para algunos analistas, la gran novedad de estos comicios parece ser la “normalización” de Marine Le Pen, quien consiguió que su agenda xenófoba sea percibida con una seriedad que en 2002, cuando su padre llegó por primera vez a la segunda vuelta, hubiera sido impensable. Estamos ante “el fin del dique de contención republicano”, dice la especialista Nonna Mayer en AOC media. (...)
“Los votantes han hablado, Le Pen ha sido derrotada, Francia claramente se negó a confiarle su futuro. La elección de Macron es el peor resultado de la Quinta República. Él nada en un océano de abstenciones y papeletas nulas”, afirmó Mélenchon, en referencia a la alta abstención."
(, Periodista chilena residenciada en Europa, Rebelión, 25/04/2022)
" (...) No creo que sean iguales Macron y Le Pen, ni que no sea peligroso que la ultraderechista llegue al poder, pero no somos pocos quienes nos negamos a regalarle a Macron la representatividad de "lo correcto" o de "los valores europeos" frente a la barbarie neofascista.
Macron, como la
mayoría de liberales, conservadores y una gran parte de la
socialdemocracia, hace años que le regalaron otras victorias a la
ultraderecha, aunque pinten de triunfo haber impedido su victoria
electoral. Otra cuestión es quién decide qué son los "valores europeos",
o incluso "el estilo de vida europeo"
que una vez se atrevió a reivindicar Von der Leyen hablando sobre
migraciones y demostrando como Europa había comprado el lenguaje y los
marcos de la extrema derecha. (...)
Le Pen ya ganó, insisto. Hace ahora tres años, recuerdo a Borrell denunciando que la migración era "el disolvente más grave de Europa". Sí, el mismo Borrell que hoy se llena la boca de derechos humanos con los refugiados ucranianos, usaba las mismas palabras que la ultraderecha para referirse a las personas migrantes. Pero no es tan solo retórica su victoria. Las políticas de fronteras europeas de conservadores y socialdemócratas no tienen nada que envidiar a las que propone la extrema derecha. Lo contaba Luisa Izuzquiza en Público en una entrevista de José Bautista sobre la batalla legal de esta y otras activistas contra Frontex.
Macron fue también aplaudido por una parte de la izquierda cuando propuso una ley "contra el separatismo islamista". El secuestro y la perversión del laicismo por parte de la extrema derecha ha sido aceptado por una parte de la sociedad que confunde la neutralidad del Estado con la intolerancia religiosa. Un laicismo que, en la práctica, solo suspende derechos a una parte de la población: la más estigmatizada, perseguida y marginada. El enemigo interno que para una parte de Europa son las personas musulmanas como durante siglos fueron los judíos, como advierten numerosos estudiosos de la extrema derecha como Enzo Traverso, Robert O. Paxton y todo aquél que recuerde cómo se articuló el antisemitismo durante siglos, y más recientemente con el nazismo.
Esa ley ilustrada que supuestamente ponía coto a la supuesta "islamización" de los barrios pobres franceses, ha servido recientemente para intentar ilegalizar a un grupo antifascista.
Como pasa aquí con la legislación de delitos de odio, que se ha
convertido en un arma de doble filo que persigue también a quienes
combaten el odio. Y siguiendo con la perversión de las leyes y sus
retóricas, no hay que olvidar que la campaña por el boicot, las
sanciones y las desinversiones de Israel en protesta por su política de apartheid
y sus constantes violaciones de la legalidad internacional, ha sido
perseguida y acusada de ser antisemita, igual que otros colectivos
antirracistas, propalestinos y de derechos humanos. Todo en nombre de la
liberté, la fraternité y todo eso, ya saben. (...)" (Miquel Ramos, Público, 25/04/22)
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