20.4.22

La falta de cereal ucraniano y ruso encamina a Oriente Medio y Magreb a un estallido social

 "(...) Ahora la invasión de Putin a Ucrania ha vuelto a dinamitar la seguridad alimentaria. Este índice se encuentra por encima de su máximo de 2011 y el precio del trigo y el maíz, productos básicos en la dieta de la mayoría de las familias, alcanzan también sus récords históricos desde 1960.

 La dependencia del grano ruso y ucraniano amenaza la estabilidad política de las zonas más vinculadas, especialmente en el norte de África y Oriente Medio donde más de un 40% del grano proviene de estos dos países. La Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta: la estabilidad social y política de la región está en riesgo.

 El efecto de la crisis de Ucrania añade más tensión a una zona castigada ya de por sí. Antes de la guerra la OMS ya avisaba de un deterioro de los sistemas de seguridad alimentaria en todo el mundo. Desde el inicio de la pandemia, en marzo de 2020, el índice de precios no ha dejado de aumentar. Con el conflicto, las exportaciones agrícolas ucranianas se han detenido por completo y las rusas se han reducido. Esto ha exacerbado y acelerado todavía el encarecimiento de los productos alimentarios a nivel global, con especial incidencia en el importe del grano y los aceites vegetales.

Rusia y Ucrania, son juntos el mayor exportador agrario con más del 16% de las transacciones globales. En el caso del trigo la cuota de exportaciones de los dos implicados alcanzaba en 2020 hasta el 30% del mercado, según los datos del CEPII analizados para este reportaje. Por esta razón, el precio de este cereal también ha sido el que más se ha disparado desde el inicio de la invasión con un incremento del 30%. En determinados países como Somalia, Benín, Ruanda, Egipto, Líbano o Turquía, entre el 70 y 99% del trigo que se importa viene de Rusia y Ucrania.

 “Estamos extremadamente preocupados por los millones de personas en esta región que ya están sufriendo para acceder a alimentos debido a una combinación tóxica de conflicto, cambio climático y las consecuencias económicas de Covid-19”, explicó la pasada semana Corrinne Fleischer, la Directora Regional del Programa Mundial de los Alimentos para la región de Oriente Medio y África del Norte.

No se trata de una cuestión de falta de alimento sino de mecanismos para acceder a él. Y en aquellos países con una base social más empobrecida es más fácil que una parte importante de la sociedad no pueda tener acceso a la cesta básica. Jonathan Hill, director del Instituto de Estudios de Oriente Medio del King’s College de Londres explica que “en el pasado la inseguridad alimentaria ha provocado con frecuencia protestas y disturbios”. Los gobiernos de la región han utilizado los subsidios alimentarios como parte de su contrato social para comprar el apoyo de la ciudadanía. “La eliminación de estos subsidios genera disturbios y si bien esto es diferente, los efectos podrían ser muy similares”, concluye el investigador.

La existencia de estos subsidios provoca que los incrementos de precio supongan una gran carga adicional en el presupuesto financiero de estos países. Y en consecuencia, estos gobiernos podrían no ser capaces de amortiguar los aumentos de precios mediante las subvenciones, que serían necesarios para asegurar el acceso a la población con menos ingresos. (...)

 Para Egipto, que es el mayor importador mundial de trigo con un total de 13 millones de toneladas anuales, el precio del pan no subvencionado en el país incrementó hasta un 25% durante el primer mes de conflicto. Ahora, impacta directamente sobre el Ramadán, que se celebra durante el mes de abril, y que ha provocado que muchas familias tengan que limitar los menús después del ayuno. (...)"             (Laura Aragó y Marina Sarmiento, La Vanguardia, 13/04/22)

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