17.4.22

La nueva reforma laboral genera en tres meses un millón de contratos fijos, tantos como empleos precarios provocó la de Rajoy... comienza a generar efectos estabilizadores en el empleo, un ámbito caracterizado desde hace más de cuatro décadas en España por una clara tendencia a la precarización y a la temporalidad

"La nueva reforma laboral comienza a generar efectos estabilizadores en el empleo, un ámbito caracterizado desde hace más de cuatro décadas en España por una clara tendencia a la precarización y a la temporalidad: la tasa de contratos indefinidos lleva tres meses en unos niveles que no había registrado en todo el decenio anterior, según los datos del SEPE (Servicio de Empleo Público Estatal), y del Ministerio de Trabajo, al haber encadenado sendos registros del 14,95%, el 21,94% y el 30,73% de enero a marzo, cuando lo habitual era que oscilara entre el 8% y el 11%, y llevar dos meses por encima de los 300.000 visados de ese tipo (316.841 en febrero y 513.677 en marzo), un volumen que no aparece en la serie.

La marca porcentual anterior estaba en el 14,76% de marzo del año pasado mientras que la de volumen se encontraba en los 282.981 contratos fijos del último noviembre, en el primer caso después de que los agentes sociales retomaran las negociaciones de la nueva normativa laboral, suspendidas con la pandemia cuando empezaban a estar hilvanadas, y en el segundo cuando comenzaban a estar encarriladas. Desde enero de 2013, solo en ocho ocasiones (de 108) se había llegado a superar en España la barrera de los 200.000 contratos fijos en un mes.

Hay otro dato especialmente ilustrativo del cambio que está suponiendo en materia de contratación la nueva reforma laboral, íntegramente vigente desde el pasado 30 de marzo: el millón largo (1.069.190) de contratos indefinidos visados en las oficinas de empleo de toda España entre el 1 de enero y el 31 de marzo, es decir, durante el periodo de transición o de adaptación a la nueva normativa, guarda un asombroso parecido con los 1.121.400 empleos eventuales que arroja como saldo, en términos de media anual de la EPA (Encuesta de Población Activa), el periodo de mayor creación de empleo con la anterior reforma laboral, cuando, entre 2013 (3,25 millones) y 2019 (4,37), el tejido productivo y comercial de España alcanzó unas cotas desconocidas de precarización del empleo a un ritmo vertiginoso.

De hecho, entre 2014 y 2016, en la fase inicial de la recuperación tras la crisis posterior al estallido de la burbuja inmobiliaria, el empleo eventual ocupaba más de la mitad de los puestos de trabajo que se iban creando en un país volcado en el sector servicios y, dentro de este, en todo lo relacionado con el turismo y la hostelería.

Era un crecimiento débil e inestable, tal y como demostró la pandemia, cuya crisis, pese a la rápida habilitación de mecanismos de protección social y empresarial como los ERTE y los avales del ICO, se llevó por delante medio millón de empleos temporales y apenas 61.000 indefinidos.

El impacto había sido ocho veces más intenso antes de comenzar una nueva recuperación en cuyo primer año la creación de empleo eventual sigue teniendo más peso que la del fijo, con una relación de 292.900 por 223.500, algo menos desproporcionada (56%/44%) que la de la década anterior.

No es un proceso de reemplazo, pero sí marca una tendencia

Obviamente, la similitud entre la magnitud que alcanzó la creación de empleo precario con la anterior reforma y en la anterior crisis y el actual ritmo de formalización y de conversión de contratos indefinidos, según el caso, no responde a un proceso de reemplazo en el que los nuevos fijos van sustituyendo a los antiguos eventuales. Entre otras cosas, porque "fijo" no equivale a "para siempre".

No obstante, las cifras sí dan pistas de por dónde pueden ir las tendencia del mercado laboral a partir de ahora y pese a las lagunas que presenta un cartapacio de normas en cuya elaboración prevaleció el consenso, y por lo tanto la renuncia a las posiciones iniciales por parte tanto de sindicatos como de patronales y de Gobierno, aunque, pese a ello, se cerró como la primera reforma laboral que, en cuatro décadas, revierte el proceso de precarización para mejorar la protección de la parte más débil de la relación laboral, que es la del trabajador.

El aumento de los contratos indefinidos coincide en el tiempo, por otro lado, con otra tendencia positiva como es el aumento de la duración de los empleos eventuales, que al cierre del mes de febrero, y según los datos del SEPE, se elevaba a 57,83 días, con marcas superiores al mes y medio (49,26) para los empleos por circunstancias de la producción y a los dos y medio (77,33) para los de obra y servicio.

Dos años antes, en el mes previo a la declaración oficial de la pandemia, las cifras  respectivas eran 52,66, 46,8 y 62,37 días, es decir, cinco, tres y quince menos que en 2022, en los tres casos con una ligera mejora en relación con febrero de 2019 (53,43, 47,9 y 65,05). 

"¿Va a aumentar la estabilidad laboral de esos trabajadores?"

"Veo esta reforma como un primer paso para la transformación de la cultura empresarial española de la contratación laboral, que se caracteriza por un miedo atávico al contrato indefinido", explica Vicente Lafuente, profesor de Derecho del Trabajo en la Universidad de Zaragoza, quien, no obstante, se muestra "crítico" con algunos de sus aspectos. (...)

Una cultura de la temporalidad con cuatro décadas de arraigo

Lafuente, que plantea las colisiones que pueden darse entre la "fundamental naturaleza indefinida" de los contratos y la irregularidad de algunas actividades, una combinación que "puede aumentar la parcialidad no deseada", muestra su confianza en que "la reforma laboral pueda influir en un cambio de mentalidad en torno a la contratación", aunque anota que
"quizá para eso sea necesario un cambio del modelo productivo en el que
predomine una industria más estable y tecnologizada y tengan menos peso
los servicios".
               (Eduardo Bayona, Público, 16/04/22)

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