23.5.22

Ascanio Bernardesci: Europa será la víctima sacrificial de esta guerra de poder entre Estados Unidos y Rusia-China. El mundo del trabajo lo será, también... el imperialismo estadounidense y europeo ha relanzado una carrera de rearme apostando por la extensión de un conflicto que podría volverse incotrolable... No sé quién ganará la guerra, pero supongo quién ya la perdió: los pueblos europeos... avanzaremos hacia una crisis que podría ser más grave que la de 2008 y de la producida por la pandemia... La ya frágil construcción europea podría saltar de cara ante los gravísimos conflictos geopolíticos, presentes y futuros... Una salida para la izquierda de este callejón sin salida debe denunciar un hecho indiscutible: quienes pagarán la agresividad de la OTAN y EE UU serán los trabajadores, los parados, los precarios, los pensionistas y quienes se enriquecerán serán los monopolios armamentísticos del “occidente colectivo”

 "(...) No debemos repetir los errores cometidos por las socialdemocracias europeas durante la Primera Guerra Mundial, que estalló en el contexto de una crisis comparable a la actual. Casi todos creían que el imperialismo de las naciones “enemigas” era el malo, pero consideraban bueno al propio, apoyando chovinistamente los créditos de guerra.

Esa lección debe servirnos hoy para oponernos ante todo al imperialismo europeo como “el mejor”. Está al lado del más peligroso de todos, el de Estados Unidos, y nuestro trabajo es y será combatirlo. Por tanto, salir de la OTAN se convierte en un objetivo ineludible.

Con el pretexto de la guerra en Ucrania el imperialismo estadounidense y europeo ha relanzado una carrera de rearme apostando por la extensión de un conflicto que podría volverse incontrolable. Una guerra que se libra en el frente militar, pero también en el mediático, informático y económico.

En el frente económico, caracterizado principalmente por las sanciones estadounidenses y europeas a Rusia la vieja Europa se verá mucho más afectada que los EE UU. y que la propia Rusia. Como todos sabemos Europa que depende de las importaciones de productos energéticos, materias primas, fertilizantes y productos agrícolas del país sancionado. (...)

Estados Unidos no se ve afectado por el conflicto, no emplea a su ejercito en el frente, no acogerá a una proporción significativa de refugiados y tiene un desvergonzado interés por una escalada militar y económica para controlar las fuentes de energía y vender armas.

No logramos entender cuál es el interés de los europeos en prestarse a este juego cínico. Nada de la guerra impulsada por Estados Unidos le favorece a Europa. Como argumenta Alessandro Visalli, las sanciones económicas se traducirán en un boomerang para los países de la UE.

Entretanto, el diario británico The Economist se ha visto obligado ha admitir el 7 de mayo que la economía rusa ha superado todos los: «pronósticos de un colapso, a pesar de las sanciones sin precedentes. El rublo tiene ahora el más valor del que tenía antes de la invasión y Rusia está cumpliendo con los pagos de sus bonos en divisas extranjeras”.  Finalmente, el periódico afirma que » la economía real rusa es sorprendentemente resistente».

Otras de las implicaciones de las sanciones sobre el mercado y la producción de bienes y servicios, son aquellas de carácter financiero que igualmente podrían volverse en contra de quienes las implementen,

Como ha explicado el famoso Banco Credit Suisse, no se vive solo de las finanzas “porque se puede imprimir dinero, pero no comida” En contraste, estamos frente a una guerra que desafía indirectamente a un grupo de países que producen no solo productos industriales, sino que también materias primas imprescindibles para sobrevivir.

El bloqueo de alrededor de dos tercios de las reservas rusas en el extranjero ha provocado una reacción evidente: la demanda de que los materiales energéticos rusos son pagados por los países «hostiles» en rublos. Tanto esta circunstancia como la inevitable pérdida de confianza que sufre el gigante estadounidense por no haber cumplido con sus obligaciones acelerarán el proceso de pérdida de “centralidad del dólar” tanto como medio de pago internacional como depósito de valor.

Sobre todo, porque las monedas respaldadas por algo tangible -como el rublo- tienen un mayor atractivo que aquellas detrás de las cuales no hay nada fundamental. Hasta ahora, EE UU. se las ha arreglado con el tema del dinero, que no les cuesta nada, y ha sido aceptado globalmente sólo en base a su poderío militar, utilizado en todas las ocasiones contra algún país se ha negado a someterse a este arbitrio. (...)

No sé quién ganará la guerra, pero supongo quién ya la perdió: los pueblos europeos. Europa no debería haber aplicado sanciones, ni debería enviar armas a Ucrania, al contrario, debería haber buscado una solución negociada que garantizara la seguridad para todos. Deberíamos haber intensificado las relaciones con China y Rusia, oponiéndonos a su cerco militar, sin quedar engolosinados al imperio estadounidense cuyo principal campo de competencia es el militar. Pero, por ahora el viejo imperialismo europeo se ha convertido en un obediente servidor de los Estados Unidos.

Italia pagará un precio muy alto por su atlantismo inquebrantable. Además del mayor costo de la energía, deberá enfrentar la escasez de este recurso fundamental, al menos por el tiempo necesario para activar supuestos canales alternativos. El ministro Cingolani, el pasado 10 de marzo, admitió que «sin gas ruso habrá una tragedia social». (...)

Mientras tanto, el desabastecimiento generará grandes dificultades para las actividades productivas y de transporte, para familias, servicios públicos, hospitales y escuelas. Lo mismo ocurrirá con el aumento del precio de las materias primas (el níquel, por ejemplo, ha aumentado un 93%). Avanzaremos, pues, hacia una crisis que podría ser más grave que la de 2008 y de la producida por la pandemia.

Otro factor generador de la crisis será la escasez de alimentos. Afectará dramáticamente a los países africanos, provocando un enorme aumento de muertes y flujos migratorios, en Italia lo pagaremos en forma de aumento de los precios de los alimentos, y esto en ausencia de herramientas adecuadas de indexación salarial.

Mientras tanto, en este frente ya asistimos a grandes problemas en el transporte, especialmente naval y, de alimentos desde las zonas de guerra. (...)

La situación está cambiando rápidamente. La ya frágil construcción europea podría saltar de cara ante los gravísimos conflictos geopolíticos, presentes y futuros. Lo que surgirá puede no ser positivo si no se recompone un frente de clase unitario a nivel europeo, capaz de enfrentar los coletazos de Occidente ante su crisis más grave, incluso identificando nuevas alianzas internacionales.

En una interesantísima entrevista con el Corriere della Sera, el economista de la Universidad de Columbia Jeffrey Sachs, aclara que Rusia ha ocupado parte de Ucrania tras reiteradas provocaciones estadounidenses, que EE.UU. es el primero en no querer la paz, que Washington ha frenado a Zelensky que ha querido renuncia a su aspiración de  unirse a la OTAN, que el objetivo de Estados Unidos es hacer la guerra «hasta el último ucraniano» y, finalmente, que Europa y Estados Unidos están aislados del resto del mundo.

Aunque en los últimos días en algunos canales de televisión se reconoce tímidamente las grietas en el frente occidental, la grave censura contra la libertad de información- sigue dominando sin contrapeso en la narrativa del mainstream comunicacional.

Hay que trabajar duro para desmantelar esta narrativa, resaltar todas las responsabilidades de esta guerra y mostrar las implicaciones políticas y económicas de esta aventura. Una salida para la izquierda de este callejón sin salida debe denunciar  un hecho indiscutible: quienes pagarán la agresividad de la OTAN y EE UU serán los trabajadores, los parados, los precarios, los pensionistas  y quienes se enriquecerán serán los monopolios armamentísticos del “occidente colectivo”.                   (Ascanio Bernardesci, Observatorio de la crisis, 20/05/22)

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