3.6.22

El problema de la sostenibilidad de las pensiones, si queremos empezar por el primer factor, es que no hay el trabajo suficiente, y que además está peor pagado, del que se necesitaría. Esa es la causa principal de que se recaude menos y de que, en consecuencia, los equilibrios en las cuentas sean cada vez más inestables... en la medida en que haya suficiente trabajo, y en que los salarios sean dignos, la posibilidad de afrontar el coste de las pensiones será mucho mayor, ya que se recaudará más. Tampoco la baja natalidad sería aquí un gran obstáculo: si hay empleo, la inmigración ayudaría a cubrir las vacantes... y hay menos trabajo y peor pagado por dos motivos, ambos relacionados con las fórmulas que nos dieron esos economistas. Nos dijeron que había que llevarse los trabajos a China porque era más eficiente, y que debíamos orientar la economía hacia una mayor competitividad... es difícil encontrar peores ideas en los últimos tiempos que las impulsadas por estos economistas que nos prometían un mundo eficiente y brillante, y que nos han conducido a enfrentamientos sociales, territoriales y de bloques geopolíticos que, en teoría, habían desaparecido de la historia

 "Una sociedad que produce muchas malas películas no es necesariamente decadente; una sociedad que hace las mismas películas una y otra vez sí lo es". Es una afirmación de Ross Douthat, un columnista estadounidense, recogida en su libro 'La sociedad decadente' (Ed. Ariel), que resulta especialmente atinada en nuestra época. Y más todavía si la aplicamos al terreno económico, donde las mismas fórmulas son utilizadas una vez y otra, a pesar de que nos han metido en un lío tremendo.

La reforma de las pensiones es un ejemplo más, pero no menos significativo, de esta tendencia. Por las consecuencias a las que aboca, pero también por el argumentario que se pone en juego.

Como punto de partida, se fija un marco a partir del cual se limitan las posibilidades de lo que puede ser analizado. Más o menos es este: dentro de una década o dos (da igual, en el futuro) como la natalidad ha caído, las pensiones entrarán en quiebra porque habrá poca gente trabajando y muchos jubilados, lo que hará imposible seguir ingresando para pagar a nuestros mayores. Como la esperanza de vida ha subido mucho y la gente vive más años, cobrará la pensión durante más tiempo. De manera que el Estado, que ya está incurriendo en déficit para pagar las pensiones, está generando incesantemente una deuda que supondrá una carga grande para las generaciones jóvenes. El bienestar actual de los viejos está arruinando el porvenir de los jóvenes.

La causa primera

Lo curioso es que este tipo de cosas se afirman como verdades evidentes, y de tanto repetirlas suenan como tales, pero no constituyen más que un proceso de enmarcado, que parte de suposiciones y que reduce enormemente el espacio de reflexión. Sobre todo, porque deja fuera aspectos muy relevantes.

El problema de la sostenibilidad de las pensiones, si queremos empezar por el primer factor, es que no hay el trabajo suficiente, y que además está peor pagado, del que se necesitaría. Esa es la causa principal de que se recaude menos y de que, en consecuencia, los equilibrios en las cuentas sean cada vez más inestables.

Nos dijeron que había que llevarse los trabajos a China porque era más eficiente, y que debíamos cobrar menos para ser más competitivos

Y hay menos trabajo y peor pagado por dos motivos, ambos relacionados con las fórmulas que nos dieron esos economistas que quieren salvar las pensiones. Nos dijeron que había que llevarse los trabajos a China porque era más eficiente, y que debíamos orientar la economía hacia una mayor competitividad.

Eso fue lo que ocurrió: por una parte, deslocalizaron la producción; por otra, para poder integrarnos en la economía globalizada, se redujeron los salarios; y por último, para aumentar el rendimiento de los accionistas, se contrajeron las plantillas y se abarató aún más el coste salarial.

Las peores ideas

Ese goteo incesante durante décadas ha producido disfunciones de toda clase. Desde luego sociales, con dificultades para llegar a fin de mes en una parte importante de la población. Pero también ha provocado un exceso de ahorro en partes beneficiadas de la sociedad, que fue invertido en el ámbito financiero y creó burbujas que derivaron en crisis, o en un rentismo que ha encarecido los bienes esenciales para la subsistencia, como la vivienda. Por supuesto, también produjo desequilibrios muy importantes entre regiones y países.

Las ideas de estos economistas nos han conducido a enfrentamientos sociales, territoriales y de bloques geopolíticos

Y desde luego, está en el centro de los actuales problemas geopolíticos: el ascenso chino se debe a su eficacia a la hora de organizar su país, pero lo hicieron con todo aquello que les proporcionamos: capital, propiedad intelectual, ‘know how’, mercados. Si nos fijamos solo en los resultados, sin entrar en consideraciones políticas o sociales, es difícil encontrar peores ideas en los últimos tiempos que las impulsadas por estos economistas que nos prometían un mundo eficiente y brillante y que nos han conducido a enfrentamientos sociales, territoriales y de bloques geopolíticos que, en teoría, habían desaparecido de la historia.

De modo que, volviendo al principio, en la medida en que haya suficiente trabajo, y en que los salarios sean dignos, la posibilidad de afrontar el coste de las pensiones será mucho mayor, ya que se recaudará más. Tampoco la baja natalidad sería aquí un gran obstáculo: si hay empleo, la inmigración ayudaría a cubrir las vacantes. (...)"              (Esteban Hernández, El Confidencial, 25/05/22)

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