"El presidente francés, Emmanuel Macron, abrió la caja de Pandora y anunció el apocalipsis. En un mensaje a los franceses y francesas, con un cinismo tan grande que no le cabía dentro de su traje encorbatado y con el aire acondicionado a tope, anunció “estamos viviendo el fin de la abundancia”.
Macron y el apocalipsis
Durante la declaración institucional de este miércoles, antes del primer Consejo de Ministros tras las vacaciones estivales, en un tono desagradable y cínico, afirmó que estamos ante el fin de las evidencias, “de la democracia y los derechos humanos”. Pero fue más allá y en un discurso de extrema derecha, afirmó que “ante los desafíos económicos, energéticos y sociales que aborda el país, ha llegado el fin de la abundancia”.
“Creo que asistimos a una gran convulsión, un cambio radical. En el fondo, lo que estamos viviendo es el fin de la abundancia, de la liquidez sin coste”, sentenció Macron cortando con su convencional optimismo y el lema del “cueste lo que cueste” del que había hecho gala durante la pandemia. Con este discurso, Marine Le Pen estará frotándose las manos y sonriendo.
Después de dos años y medio de encadenar crisis, vemos como el presidente de Francia, afirma que los franceses han vivido por encima de sus posibilidades. Ya no se acuerda de los chalecos amarillos, de la pobreza y las desigualdades de los barrios de los inmigrantes.
Para Macron, la escasez de ciertas materias primas o del agua está sobre la mesa y habrá que tomar medidas al respecto.
Macron: El fin de la democracia, los derechos humanos
“Es también el fin de las evidencias. La democracia, los derechos humanos. Si alguien pensaba que era el destino del orden internacional, los últimos años han hecho saltar por los aires algunas pruebas”, dijo un mes después de reunirse con el príncipe de Arabía Saudí, Mohammed bin Salman, responsable del asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Y tras la condena a 34 años de cárcel a Salma al Chehab por defender en Twitter los Derechos Humanos y los derechos de las mujeres.
Guerra en Ucrania
El dirigente francés reflexionó sobre que la guerra en Ucrania “ha traído a Europa el fin de la despreocupación”.
“Ante tales desafíos, no tenemos derecho a esperar, a gobernar sobre la marcha. Debemos proteger nuestro país con ambición, preservar lo que sea necesario y proteger a los que lo necesitarán”, dijo Macron.
Al fin del Consejo de Ministros, el portavoz del Ejecutivo, Olivier Véran, puntualizó algunos de los temas discutidos, donde la consigna parece ser la sobriedad, si bien el Gobierno no quiere imponer restricciones sino apelar a la responsabilidad individual.
Interrogado por la regulación de los vuelos privados, cuando una petición para prohibirlos circula en redes sociales y el Gobierno ha admitido que planea limitarlos, Véran respondió de forma vaga, que “todo el mundo tendrá que hacer esfuerzos”.
“Más que esfuerzos, diría que todos debemos prestar atención”, afirmó. “Ha sido un verano del después del cambio climático, de toma de conciencia total, incluso entre los más escépticos”.
Aunque a decir verdad, el cambio climático no ha hecho nada más que comenzar." (Agustín Millán, Diario16, 25/08/22)
"(...) El presidente francés considera que la agresión rusa contra Ucrania, unida a los efectos acelerados del cambio climático, rompen una triple ilusión: que los recursos naturales eran inagotables, que la democracia acabaría triunfando irremediablemente, y que la guerra era una cosa del pasado.
“Vivimos un momento de gran convulsión”, ha dicho Macron al inicio del primer Consejo de Ministros, tras una pausa veraniega marcada por la sequía, la canícula y los incendios, y en el arranque del primer curso político del nuevo quinquenio, después de salir reelegido en mayo. “Es el fin de lo que podía parecer una abundancia: la de la liquidez [monetaria] sin coste (...); la de los productos y tecnologías que parecían perpetuamente disponibles, como vimos en la época de la covid, pero ahora lo vemos con más fuerza (...); y el fin de la abundancia de tierras y de materias, y del agua”.
Macron continuó con su análisis: “También es el fin de las evidencias si miramos a Francia, Europa y el curso del mundo. Si alguien pensaba que la democracia y los derechos humanos era la teleología del orden internacional, los últimos años han roto algunas evidencias, con el ascenso de los regímenes iliberales y el reforzamiento de los discursos autoritarios”. Y remachó: “Y es el fin, para quien la tuviese, de una forma de despreocupación. Hace seis meses la guerra regresó en Europa (...). Del mismo modo, la crisis climática, con todas sus consecuencias, está aquí. Y a eso se añade el riesgo cibernético”.
El discurso de Macron tenía un objetivo doble. Primero, preparar a sus ministros ante un curso político en el que, como otros años, se extiende el temor a la explosión social en la calle. El sindicato CGT ya ha convocado las primeras jornadas de protesta a finales de septiembre. Que los costes de la energía puedan destapar malestares profundos y desencadenar revueltas espontáneas quedó demostrado hace cuatro años con los chalecos amarillos. Nadie lo ha olvidado. Y el cierre temporal de decenas de reactores nucleares, en proceso de revisión, puede agravar las restricciones eléctricas en invierno. (...)
“No cedamos a la demagogia, que florece en todas las democracias, en un mundo complejo y que da miedo”, instó Macron.
La oposición ha criticado el discurso del presidente. “Vivimos el fin de la abundancia’, dice el presidente, que hace dos semanas posaba con orgullo sobre su jet-ski [moto de agua]”, ha escrito en su cuenta de Twitter la diputada de La Francia Insumisa Aurélie Trouvé. La política aludía a las fotos publicadas en la prensa de Macron con una moto de agua por el Mediterráneo. Philippe Martinez, secretario general de la CGT, ha declarado: “Cuando se habla del fin de la abundancia, yo pienso en los millones de desempleados, los millones de precarios, sobre todo mujeres, y en los que viven con el salario mínimo. Para muchos franceses los tiempos son duros, los sacrificios ya están aquí.”
El segundo objetivo de la intervención era explicar a los franceses el porqué de los sacrificios que les esperan. La “sobriedad energética” es el nuevo mantra del Gobierno francés, que ha fijado el objetivo de una reducción del consumo energético en un 10% en los próximos dos años respecto a los niveles de 2019. La nueva primera ministra, Élisabeth Borne, debe presentar un plan detallado en septiembre.
El esfuerzo pedagógico lo exige, sobre todo, la guerra. La extrema derecha, reforzada tras las legislativas, pide el fin de las sanciones a Rusia pues, según su líder, Marine Le Pen, “no sirven para nada, si no es para hacer sufrir a los pueblos europeos y al pueblo francés”.
Es un argumento que puede calar en la sociedad y que encuentra apoyos en la izquierda. De ahí que Macron lleve días ensayando una versión del “sangre, sudor y lágrimas” de Winston Churchill, una retórica que practicó en 2020 durante la pandemia y que recupera en este verano de guerra y catástrofes medioambientales. Lo repitió el miércoles: “Nuestro régimen de libertad tiene un coste que puede exigir sacrificios”. (Marc Bassets, El País, 24/08/22)
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