15.9.22

Según el presidente Biden de EEUU y su ministro de Defensa, el objetivo de la guerra era y es debilitar a Putin, alargando el conflicto, aunque sea a costa del enorme sacrificio de la población ucraniana, con la esperanza en la victoria... No hay evidencia que tal estrategia esté debilitando Putin o afectando su popularidad. Y sabemos que significa unos costes humanos enormes y una crisis económica sin precedentes a nivel mundial... Debiera ser obvio que esta realidad hace incluso más difícil desarrollar la cooperación, solidaridad y complicidad a nivel mundial necesarias para resolver los problemas mayores que tiene hoy la humanidad, como son el cambio climático y la perpetuación de las pandemias

 "(...) LOS OBJETIVOS DE LA OTAN AHORA

Según el presidente Biden de EEUU y su ministro de Defensa, el objetivo de la guerra era y es debilitar a Putin, alargando el conflicto, aunque sea a costa del enorme sacrificio de la población ucraniana, con la esperanza en la victoria, debilitando y sustituyendo a Putin. Esta estrategia es de dudosa eficacia y sumamente peligrosa. No hay evidencia que tal estrategia esté debilitando Putin o afectando su popularidad. Y sabemos que significa unos costes humanos enormes, no solo para las poblaciones que están sufriendo directamente el conflicto bélico-militar (como es Ucrania), sino también para las poblaciones de los países que son parte del conflicto político-económico OTAN-Rusia. 

 Las políticas y sanciones aplicadas primordialmente por los países de la OTAN a Rusia, así como la respuesta de este país a las sanciones, están originando una crisis económica sin precedentes a nivel mundial. Y a tal coste hay que añadirles el enorme sacrificio a amplios sectores de la población global, debido a la falta de recursos procedentes de Ucrania y Rusia (el 30% del trigo exportado en el mundo procede de estos dos países) que abastecen a gran parte de la población del Sur Global. Estas y otras razones explican que a pesar de la impopularidad a nivel internacional de la invasión rusa de Ucrania, ningún país africano, latinoamericano o asiático (excepto Japón y Corea del Sur) haya aprobado las sanciones.

CONSECUENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES DE LAS SANCIONES

Las consecuencias más visibles y acentuadas de las sanciones realizadas por la OTAN a Rusia, así como la respuesta de este país, son el gran crecimiento de los precios de los recursos energéticos. Según el Financial Times (30/07/22), el precio de gas (producto energético esencial en un país) creció un 20%, como resultado de la disminución de la producción de tal producto por parte de Rusia, consecuencia directa del intento de la sanción que busca disminuir la dependencia de Europa del gas ruso. Este aumento del precio del gas ha sido una de las causas del crecimiento de la inflación. Sin lugar a duda, la reducción de este producto está teniendo un enorme impacto negativo en la calidad de vida de las poblaciones, así como en la actividad económica de los países. 

Y el gran temor es que Rusia misma interrumpa definitivamente la provisión de su gas a los países europeos, creando un problema económico mayor para Europa y en particular para Alemania, (cuya dependencia del gas ruso es muy acentuada). Según el mismo artículo del Financial Times, si Rusia interrumpiera la provisión de tal producto, (que está ya ocurriendo) el crecimiento económico de los países de la UE (muchos de ellos miembros de la OTAN) disminuiría de una manera muy significativa creando una Gran Recesión, que sin duda afectará intensamente a las clases populares de tales países.

LA APARICIÓN DE CRÍTICAS Y DESACUERDOS

Según los datos recientes, el valor del rublo, que cayó cuando se inició la invasión de Ucrania, se ha recuperado y los ingresos derivados de las ventas del gas como del petróleo ruso se han aumentado y recuperado. Es cierto, sin embargo, que las sanciones limitan la libertad de utilizar estos fondos para mantener el desarrollo técnico e industrial ruso al limitar el número de importaciones permitidas. Se intenta conseguir así uno de los objetivos de las sanciones definido por el vicepresidente de la UE, Valdis Dombrovskis, como "proveer Ucrania con el apoyo necesario para poder defenderse y al final vencer".

Hay un número creciente de críticas hacia tales sanciones en varios países de la OTAN y de la UE. Las más visibles son aquellas que cuestionan la política de reducción de recursos energéticos de origen ruso que, algunos consideran, están dañando más a las poblaciones europeas que a Rusia. El New York Times (31/07/22) acaba de publicar una editorial muy crítica de la política de sanciones, muy en especial sobre los productos energéticos y en particular del petróleo. No tiene sentido, dice el New York Times, intentar dañar a Rusia disminuyendo el consumo de petróleo ruso si ello conduce a un aumento del precio del producto que Europa compra a Rusia. En realidad, la cantidad de petróleo ruso consumido en Europa ha disminuido, mientras que el precio pagado por Europa para conseguirlo ha crecido enormemente. Y hace unas semanas, el Financial Times (12/08/22) subrayó que las sanciones han tenido un impacto mucho menor en disminuir la producción de productos energéticos (y muy en especial del petróleo) rusos, pues predeciblemente ha encontrado otros compradores muy rápidamente.

EL ENORME COSTE HUMANO DE LAS SANCIONES: EL CRECIMIENTO DE LAS CRISIS SOCIALES Y POLITICAS Y LAS INCOHERENCIAS DE LA RETÓRICA OFICIAL

El enorme crecimiento de las desigualdades es, en parte, una consecuencia más de la crisis actual. Y toda la evidencia existente muestra que las clases populares son las más afectadas por los efectos negativos de las sanciones, como es la inflación. Y es ahí donde el dominio de la OTAN y su ideología conservadora neoliberal contribuye al problema, contrastando su supuesta lucha para la libertad y democracia con la realidad que nos rodea, en que la democracia ya muy limitada y menguada a los dos lados del atlántico se está reduciendo. Tanto EEUU como Ucrania son ejemplos de ello. EEUU, como señalé en mi artículo anterior, y aunque pueda parecer paradójico, tiene una democracia limitadísima. La financiación predominantemente privada del proceso electoral corrompe al sistema democrático. Un ejemplo de ello es la reciente aprobación por el Senado de una propuesta, inicialmente muy ambiciosa, de desarrollar un programa de respuesta urgente al cambio climático. Tal propuesta fue gestionada y dirigida por dos senadores muy financiados por las energías no renovables tales como el gas y el petróleo. (...) De manera tal que, como indicó el senador socialista Bernie Sanders, la propuesta final variaba mucho de la original, siendo bastante decepcionante y de limitado impacto. ¿Es así como se construye la democracia por la cual las clases populares, incluyendo las estadounidenses, están sacrificándose para apoyar a la democracia en Ucrania?

Una situación alarmante ocurrió también en Ucrania, en la que hace dos semanas su parlamento aprobó una ley que redujo dramáticamente los derechos laborales de sus trabajadores, con el fin de facilitar la inversión de empresas extranjeras para reconstruir el país. Como indiqué en mi artículo anterior, su parlamento (donde las izquierdas están muy poco representadas y algunas incluso prohibidas) aprobó una propuesta que el gobierno ucraniano ya había hecho en el periodo preguerra, que debilitaba enormemente los derechos de la protección social del 70% de la población laboral ucraniana. Cuando la propuesta finalmente se aprobó, hubo una gran protesta de los sindicatos no solo ucranianos sino también de la federación europea sindical

Todos los datos (ignorados en la mayoría de los grandes medios de información de la Alianza Atlántica) han sido proveídos por autores de gran credibilidad, como Thomas Rowley y Serhiy Guz, en un artículo escrito en la revista, Social Europe de gran prestigio y reconocimiento internacional, (Thomas Rowley and Serhiy Guz, Ukraine to pass laws wrecking workers’ rights, Social Europe 07/22/2022).(...) No es sostenible que en el discurso retórico oficial del país se subraye que están luchando para defender su democracia, y a la vez promuevan y apliquen leyes que limitan estructuralmente (y no solo coyunturalmente por causas de la guerra) los derechos políticos y laborales de sus ciudadanos. Y tampoco es coherente para un gobierno, sea del color que sea, promover la defensa de la nación y de la patria, y a la vez promover políticas económicas y sanciones que están dañando el bienestar de sus clases populares.

Por otra parte, la enorme crisis social que ha creado el crecimiento del conflicto OTAN-Rusia está deteriorando el bienestar y calidad de vida de las poblaciones de los países a los dos lados del conflicto. Un análisis detallado de los determinantes sociales y económicos de este malestar general muestra que la gran mayoría de tales países tienen causas comunes parecidas (incluso antes de que estallara la guerra de Ucrania). Y tienen más intereses en común que diferencias que les separen. Todos ellos han sufrido políticas públicas que han deteriorado sus sistemas de protección social debido a un proceso de globalización económica neoliberal que se ha seguido en ambos lados del conflicto. Y que se ha hecho todavía más intensa debido a la militarización y al conflicto bélico. Debiera ser obvio que esta realidad hace incluso más difícil desarrollar la cooperación, solidaridad y complicidad a nivel mundial necesarias para resolver los problemas mayores que tiene hoy la humanidad, como son el cambio climático y la perpetuación de las pandemias. (...)"             (Vicenç Navarro, Público, 08/09/22)

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