4.10.22

Liz Truss pone el Reino Unido al borde de la bancarrota con su rebaja fiscal a los ricos... y en el PP miran para otro lado

 "Cuando la primera ministra británica, Liz Truss, sustituyó al festero Boris Johnson en el despacho de Downing Street se autoproclamó como la nueva Margaret Thatcher revivida dispuesta a encarnar la próxima revolución conservadora en el Reino Unido. Hoy, cuando apenas lleva un mes como premier, se ve obligada a afrontar su primera gran crisis interna y nadie sabe cuánto puede durar en el cargo.

 Resulta que la señora Truss anunció, a bombo y platillo, un plan fiscal para recortar 50.000 millones de euros en impuestos (un auténtico destrozo en el Estado de bienestar) y de paso anunció una amnistía tributaria para los más ricos. Tal como era de esperar, al día siguiente el país se le vino abajo, los mercados colapsaron, el Banco de Inglaterra tuvo que intervenir de urgencia para evitar el desplome de la libra, la prima de riesgo se puso por las nubes, la amenaza de una recesión planeó siniestramente sobre las cabezas de los orgullosos británicos y a Truss no le quedó otra que meter su engendro tributario en un cajón. Conclusión: esta señora es una chamana de los impuestos que no sabe lo que se lleva entre manos y si no la paran a tiempo es capaz de abocar a su país a la más absoluta bancarrota. Sus propios compañeros de partido, los diputados tories, ya están pensando en cómo quitársela de encima. (...)

Liz Truss ha llegado al cargo prometiendo enderezar el rumbo del partido tory, pero pronto se ha comprobado que más allá de la demagogia barata y de las ideas patrioteras no hay una personalidad brillante, ni programa, ni nada, de modo que la aristocrática señorona ha quedado en evidencia y con las vergüenzas al aire. En realidad, todo lo que está ocurriendo estos días en la pérfida Albion no es ni más ni menos que consecuencia de unas políticas ultraconservadoras enloquecidas. (...)

Hoy los ingleses pagan los efectos de una inflación desbocada, de una libra que está por los suelos, de la falta de trabajadores (cerraron fronteras a los inmigrantes porque les olían mal), de la escasez de tomates y pepinos españoles (los mejores del mundo), de la pérdida de clientes europeos y en definitiva del estancamiento de la creación de riqueza. O sea, un caos, un auténtico sindiós que vino a demostrar la falacia de que el patriotismo siembra grandeza cuando lo cierto es que del patriotismo no se come. (...)"             (José Antequera, Diario16, 04/10/22)

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