18.10.22

Pero qué cosas... no hay médicos en España porque emigran... menudo misterio... y es que se van a dónde puedan tener condiciones de trabajo dignas... 18.000 doctores pidieron en la última década un certificado para ejercer fuera

 "En los últimos 10 años miles de médicos formados en España se han ido a probar suerte fuera del país, tentados por unos sueldos mucho mayores y unas condiciones de trabajo con las que es complicado competir: estabilidad (en España un tercio no tiene plaza fija), malabarismos para suplir las bajas y atender agendas cada vez más saturadas o jornadas laborales extenuantes. 

Un éxodo que pasa factura en especial a la atención primaria: faltan 6.000 médicos de familia, sobre todo en zonas rurales, según el Foro de Atención Primaria. Un déficit que amenaza con extenderse a otras especialidades si no se reemplazan los 80.000 profesionales que se jubilarán en la próxima década, calcula un informe del Centro de Estudios del Sindicato Médico de Granada. En este contexto, los Presupuestos Generales del Estado 2023 prevén un desembolso de 50 millones de euros para abrir 1.000 plazas en el grado de Medicina. Para decanos y estudiantes no es la solución.

En un reciente encuentro del sector sanitario, el secretario general de Universidades, José Manuel Pingarrón, reconoció un secreto a voces: “La movilidad internacional de nuestros egresados es muy alta. Eso demuestra que la formación que les damos en las universidades públicas y privadas es buena y que les permite trabajar sin problemas allá donde quieran”. Una de cal ―se prepara bien a los médicos― y una de arena: con una población cada vez más envejecida, España no puede permitirse perder a unos doctores necesarios y cuyos estudios son muy costosos. Se invierten de media 90.000 euros en la formación de un alumno, aunque en algunas facultades la cifra es mucho más alta. El problema no está en el número de egresados, sino en cuántos se quedan. La sangría, alimentada por las malas condiciones laborales, no se detiene.

En los últimos 10 años miles de médicos formados en España se han ido a probar suerte fuera del país, tentados por unos sueldos mucho mayores y unas condiciones de trabajo con las que es complicado competir: estabilidad (en España un tercio no tiene plaza fija), malabarismos para suplir las bajas y atender agendas cada vez más saturadas o jornadas laborales extenuantes. Un éxodo que pasa factura en especial a la atención primaria: faltan 6.000 médicos de familia, sobre todo en zonas rurales, según el Foro de Atención Primaria. Un déficit que amenaza con extenderse a otras especialidades si no se reemplazan los 80.000 profesionales que se jubilarán en la próxima década, calcula un informe del Centro de Estudios del Sindicato Médico de Granada. En este contexto, los Presupuestos Generales del Estado 2023 prevén un desembolso de 50 millones de euros para abrir 1.000 plazas en el grado de Medicina. Para decanos y estudiantes no es la solución.

En un reciente encuentro del sector sanitario, el secretario general de Universidades, José Manuel Pingarrón, reconoció un secreto a voces: “La movilidad internacional de nuestros egresados es muy alta. Eso demuestra que la formación que les damos en las universidades públicas y privadas es buena y que les permite trabajar sin problemas allá donde quieran”. Una de cal ―se prepara bien a los médicos― y una de arena: con una población cada vez más envejecida, España no puede permitirse perder a unos doctores necesarios y cuyos estudios son muy costosos. Se invierten de media 90.000 euros en la formación de un alumno, aunque en algunas facultades la cifra es mucho más alta. El problema no está en el número de egresados, sino en cuántos se quedan. La sangría, alimentada por las malas condiciones laborales, no se detiene.

No es posible dar una cifra exacta del éxodo de doctores. En la última década (2011-2021), el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) ha expedido certificados de idoneidad para que 18.000 facultativos españoles puedan ejercer fuera. En total, ha emitido visados para 24.763 profesionales ―se tramitan también para otras tareas fuera de España―, pero de ellos aproximadamente tres de cada cuatro (un 73% el año pasado) lo han reclamado para emigrar, calcula CGCOM. El consejo aclara que no todos los doctores que solicitan el certificado se van. Pero a esta cifra de 18.000 ―equivalente a casi tres promociones de graduados: en 2021 terminaron la carrera 6.718 alumnos― hay que añadir el número creciente de cientos de facultativos que cada año cursan la carrera en España y se van fuera a hacer la especialidad. Estos recién graduados no están contabilizados en esos 18.000 porque no necesitan el certificado.

Las cifras del CGCOM no coinciden con los de una encuesta de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que se basa en los datos de colegiación de médicos españoles ―un requisito obligatorio para ejercer como facultativo― en el mundo. La OCDE estima que en los últimos 11 años (de 2010 a 2021) se han colegiado fuera de España 4.927 doctores de esa procencia para trabajar en el extranjero.

Deborah Repullo Jennen, de 32 años, terminó la carrera en Madrid hace nueve años, en plena ola privatizadora de los hospitales de la capital y con la temporalidad disparada (un tercio de los médicos en España no tiene puesto fijo). Eso, unido a su interés en volver a vivir fuera ―su madre es holandesa― la llevaron a instalarse un año en Francia. Poco después empezó el MIR (Médico Interno Residente) en Bélgica ―concurso de méritos, currículum, motivación y entrevista, y en algunos casos examen propio― en cirugía, y de allí no se ha movido. “La formación de MIR en España es también excelente”, deja claro. Trabaja un 70% de la jornada, se mueve en bici entre las tres sedes de los Hospitales Iris Sud (Bruselas), público, en el que trabaja, y más que el sueldo ―un 50% más neto del que tendría en Madrid, calcula― valora la “seguridad laboral, eso no tiene precio”. Ahora se plantea si abre una

Alberto Diosdado, de 30 años, a veces opera con Deborah Repullo en el quirófano. Ella de cirujana y él de anestesista. En el hospital hay también, que sepan, una hematóloga, una internista, un neurólogo, además de enfermeras. Sus trayectorias son muy diferentes. Él sí hizo la residencia en España, en el Hospital del Mar de Barcelona, del que cuenta maravillas, pero al terminar decidió “vivir la aventura” en otro lugar. Hizo otra formación de seis meses en un hospital belga y lleva ocho en el Iris Sud. Para él ha supuesto un “supercambio de idioma, costumbres, formas de trabajar...”, pero ahora recoge los frutos. Gana el triple que en España, pero sabe que en algún momento le tentará volver ―”por ahora me quedo un año más”―. Sabe que en Barcelona no tardaría en encontrar trabajo porque el paro no existe para los anestesistas.

El año pasado el CGCOM expidió visados para 1.827 médicos que querían trabajar en el extranjero tras el parón de 2020 por la pandemia. Los destinos más demandados fueron Francia, el Reino Unido, Irlanda, Suiza y Alemania, dentro de Europa, y Argentina y Emiratos Árabes Unidos, fuera.

 “El 80% de los médicos a los que ayudamos vienen a hacer el MIR”, explica Alejandro Barros, presidente de la Asociación de Médicos Españoles en Europa, creada el pasado marzo. La organización tiene apenas 150 socios porque se acaba de dar a conocer, pero en Instagram les siguen 4.300 personas, la mayoría sanitarios interesados en cuestiones de burocracia e integración. Barros no lleva la cuenta ―empezó su ayuda desinteresada en 2020 desde una página de Facebook―, pero los nueve médicos implicados, entre ellos Deborah Repullo, han echado una mano a “cientos” de profesionales. Empezaron aconsejando a quien emigra a Alemania y Bélgica, aunque cada vez están presentes en más países ―Francia, Reino Unido o Italia― y aportan también su experiencia a enfermeros u odontólogos.

 “En Colonia hay operaciones en las que solo se habla español. El urólogo y el residente son españoles, por ejemplo, y los enfermeros colombianos”, prosigue Barros, que ejerce allí. En esta ciudad sobre el Rin hay una gran comunidad de médicos de Latinoamérica, el Golfo Pérsico y Europa, “sobre todo de griegos y españoles”, relata el neurólogo. En el Reino Unido se dan escenas parecidas a las de Colonia, porque en su sistema de salud los españoles son multitud: en 2021 trabajaban (contando doctores y enfermeras) 7.199 profesionales españoles, según estadísticas internas. Es la quinta colonia sanitaria tras la India (17.823), Filipinas, Irlanda y Polonia. (...)"                             (Elisa Silió, El País, 17/10/22)

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