10.11.22

Los urbanitas no pararán hasta freir a multas a los campesinos... por cierto, los únicos que pueden hacer frente al cambio climático... ahora les prohiben quemar rastrojos... no sé a quién se la habrá ocurrido tamaña barbaridad... pero es seguro que no sabe luchar contra el cambio climático

 "Cabreada”. “Confundida”. Así describen los sindicatos la situación de la España rural desde que el pasado mes de abril se prohibió la quema de desechos generados en el entorno agrario, con escasas excepciones, en aplicación de la nueva Ley 7/2022 sobre residuos y suelos contaminados. La prohibición afecta la quema de rastrojos de toda la vida, una actividad que suele realizarse en los meses más fríos del año, y provoca que las quemas tan habituales en el entorno rural solo se puedan hacer por razones fitosanitarias o de prevención de incendios forestales. Recientemente en el Congreso se ha aprobado una flexibilización a instancias del PDeCAT, pero sus efectos son casi tan confusos como la propia prohibición.

Esa reforma, sin embargo, solo estará en vigor a finales año y desde el Ministerio de Transición Ecológica defienden que no implicará un gran cambio. Ya en plena campaña de poda y de quema, los agricultores piden celeridad a las administraciones para poder hacer las incineraciones “de siempre” y evitar plagas, riesgo de incendios forestales y pérdida de plantaciones.

En España hay unas 914.800 explotaciones agrícolas. Y están en pie de guerra. En Cataluña, desde que empezó la época de quema ―que va del 15 octubre al 15 de marzo― se han presentado 1.671 solicitudes de quema y se han respondido 1.197, 1.048 viables y 149 denegadas. Pere Guinovart, del sindicato Unió de Pagesos (UdP) de Tarragona, denuncia “un gran malestar” en el sector, pues “en algunas zonas los permisos llegan en dos días y en otras llevan 17 sin respuesta”. El pasado viernes, 150 agricultores se concentraron frente la oficina del Departamento de Acción Climática de Reus para reclamar rapidez y eficiencia en esta tramitación. “Pedimos que el permiso de quema sea una realidad y un criterio unificado”, dice Guinovart.

En Cádiz, algunos agricultores y silvicultores aún no han podido hacer ninguna quema, y no descartan “salir a la calle” si no hay cambios sustanciales. El presidente regional de Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA), Pedro Gallardo, critica: “No se puede legislar desde los despachos ni paralizar el campo”. “Estamos generando combustible, un polvorín, y va a poner en grave peligro de incendio los bosques en primavera y verano”, alerta. Las empresas de trabajos forestales, añade Gallardo, “no están haciendo nada. Tenemos líneas de ayudas forestales para hacer podas, y no pueden hacer nada con ellas”. (...)

Este embrollo jurídico hace que cada comunidad haya aplicado soluciones más o menos a medida y que haya diferencias de criterio. Por ejemplo, en Castilla y León, fuentes cercanas al sector aseguran que esa nueva normativa tampoco va a cambiar mucho el escenario que viven los labradores en la comunidad. Los agricultores insisten en que en la última década apenas han podido realizar quemas porque “hace años que no se puede quemar si no es por motivos fitosanitarios”. La clave, mantienen, es la elevada exigencia recogida por los parámetros considerados para resolver si los terrenos sobre los que se plantean estas actuaciones con fuego pueden ser quemados: “Nunca hay suficientes motivos fitosanitarios así que en la práctica lleva prohibido quemar muchos años, tiene que venir un problema muy gordo para que dejen hacerlo”. Confían en que prospere una iniciativa impulsada por el PP en el Congreso para que la ley de la PAC incluya una propuesta para eliminar la prohibición de la quema de residuos vegetales, informa Juan Navarro.

En cambio, la preocupación es máxima en el sector del olivar. Se estima que una hectárea de este cultivo deja cada dos años en torno a 3.000 metros cúbicos de residuos, y en toda Europa son siete millones de toneladas las que se generan con la poda del olivar, informa Ginés Donaire. “Esos residuos son el caldo de cultivo perfecto para los incendios forestales, es una barbaridad e insensatez”, critica Juan Luis Ávila, responsable del olivar de la Coordinadora de Organizaciones Agrarias y Ganaderos (COAG) en Andalucía. Tampoco convence al sector la alternativa para que estos rastrojos se piquen o trituren: “En torno a un 30% del olivar, el que está en pendiente principalmente, no tiene posibilidad de introducir la mecanización para picar esos residuos, con lo que esos restos son propicios para que se propague la plaga del barrenillo.

Lo habitual en el olivar es la quema de estos residuos. Solamente en la provincia de Jaén se reciben anualmente unas 12.000 solicitudes de quema de ramón (así se le llama a los restos de la poda) aunque una pequeña parte se incorpora a la cubierta vegetal para su uso como abono. La Junta de Andalucía ha mostrado su preocupación por esta normativa por el problema de gestión de los residuos que va a suponer, según ha admitido el delegado del Gobierno andaluz en Jaén, Jesús Estrella. Aunque la campaña del olivar está recién comenzada, el conflicto podría agudizarse cuando se inicie la poda."                  (Marta Rodríguez, El País, 08/11/22)

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