2.12.22

Rodrik considera que es imposible perseguir simultáneamente la democracia, la autodeterminación nacional (soberanía) y la globalización económica... para Italia el trilema se reduce a un simple dilema: o la Constitución o la globalización. La Constitución o los tratados europeos (Unión Europea y Eurozona)... Pero elegir entre los derechos consagrados en nuestra Constitución y los tratados europeos significa elegir entre los derechos sociales (pleno empleo, dignidad de los salarios, nacionalización, proteccionismo) y la ley del más fuerte, es decir, el capital financiero apátrida y transnacional contra el trabajo... no debería ser un dilema.

 "Dani Rodrik es un economista turco que enseña Economía Política Internacional en Estados Unidos, primero en Princeton y actualmente en Harvard.

Es una de las voces más autorizadas en la crítica a la globalización.

En su libro "Globalización inteligente", el economista turco introduce un principio que se ha dado a conocer como el Trilema de Rodrik.

Veamos en qué consiste en palabras de su creador.

"Si queremos avanzar en la globalización, debemos renunciar al Estado-nación o a la democracia política. Si queremos defender y ampliar la democracia, tendremos que elegir entre el Estado-nación y la integración económica internacional. Y si queremos preservar el Estado-nación y la autodeterminación tendremos que elegir entre potenciar la democracia y potenciar la globalización".
Según Rodrik, la globalización es intrínsecamente destructiva y produce ganadores o perdedores.

La globalización (libre circulación de mercancías, capitales y mano de obra) conduce al control de la sociedad por el "libre mercado", a una carrera constante hacia la baja de los salarios y trae consigo la inestabilidad financiera, es decir, crisis más o menos frecuentes (causadas por el fracaso de un mercado muy desregulado).

Por lo tanto, Rodrik considera que es imposible perseguir simultáneamente la democracia, la autodeterminación nacional (soberanía) y la globalización económica.

Rodrik distingue entre soberanía y democracia porque puede haber Estados soberanos pero con regímenes no democráticos o países con soberanía limitada pero guiados por procesos democráticos.

Sin embargo, las cosas cambian si intentamos aplicar el trilema de Rodrik a Italia. O, más exactamente, a la Constitución italiana y a los principios que consagra.

El primero de ellos es la soberanía popular, es decir, democrática.

Veamos por qué es tan importante a través de las palabras de uno de nuestros Padres Constituyentes, Lelio Basso. "En la Constitución escribimos, en el primer artículo: 'Italia es una república democrática'; luego añadimos esas palabras, quizá demasiado abundantes, 'fundada en el trabajo'; y después volvimos a afirmar el concepto de que 'la soberanía pertenece al pueblo'.

Parece una frase elegante y no lo es. Las constituciones en general siempre han dicho "la soberanía emana del pueblo" "reside en el pueblo"; pero una afirmación tan rigurosa como "la soberanía pertenece al pueblo que la ejerce" era una novedad audaz.

Frente a la concepción alemana de la "soberanía del Estado" y la francesa de la "soberanía nacional", afirmamos la "soberanía popular", es decir, la soberanía democrática. Este tipo de soberanía es la que yo aprecio".
Nuestra Constitución establece que la soberanía es democrática.

Pero para nosotros el trilema de Rodrik se reduce a un simple dilema: o la Constitución o la globalización. La Constitución o los tratados europeos (Unión Europea y Eurozona).

 Pero elegir entre los derechos consagrados en nuestra Constitución y los tratados europeos significa elegir entre los derechos sociales (pleno empleo, dignidad de los salarios, nacionalización, proteccionismo) y la ley del más fuerte, es decir, el capital financiero apátrida y transnacional contra el trabajo.

Por lo tanto, podemos decir que, si se examina con detenimiento, lo de Rodrik no es, ni siquiera debería ser, un dilema.

Debería ser una simple pregunta retórica. La pregunta retórica de Rodrik."   
            (Gilberto Trombetta, L'Antidiplomatico, 02/12/22)

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