"Unas semanas después de la sonada quiebra del banco estadounidense Silicon Valley y una semana después del igualmente sonado rescate in extremis del banco suizo Credit Suisse, se ha producido un revuelo en los principales medios de comunicación y en los sitios de Internet sobre la inminente quiebra del gigante bancario alemán Deutsche Bank.
El desencadenante de estos rumores fue el espectacular aumento del coste de los CDS (Credit Default Swaps) que aseguran a los acreedores del Deutsche Bank contra la quiebra. A su vez, la subida de estos particulares valores derivados desencadenó el desplome bursátil de la cotización del gigante alemán.
En tiempos de histeria mediática, esto bastó para que muchos pronosticaran un cataclismo bancario europeo con todas las consecuencias imaginables para el sistema financiero mundial.
Sin duda es cierto; tras la quiebra de Lehman Brothers todo es posible, incluso lo impensable. Sin embargo, nunca hay que olvidar analizar los llamados fundamentos relativos al país donde está radicada la empresa en cuestión antes de entregarse a predicciones cuando menos temerarias.
Alemania tiene un sistema de país (todavía) muy rico con una posición financiera neta positiva de alrededor de 3 billones de dólares (lo que significa que la nación alemana es acreedora del resto del mundo por valor de esta cifra estelar), el Estado alemán tiene (todavía) un amplio margen de maniobra con un ratio déficit/PIB del 4,1% y un ratio deuda/PIB del 72% (estas son las cifras oficiales para 2022), y además donde los particulares tienen un amplio margen de maniobra gracias al enorme capital acumulado en el extranjero.
Por lo tanto, no hay que ser Tiresias para predecir que la alquimia para salvar al Deutsche Bank la encontrarán los alemanes de todos modos. En caso de impago (pero no lo será) éste será controlado y con el único objetivo político de "castigar" en parte a los accionistas, bonistas y directivos del banco considerados responsables. En resumen, ni más ni menos que lo que ocurrió hace sólo unos días con Credit Suisse; rescate garantizado si es necesario y castigo para los chivos expiatorios.
Entonces, ¿dónde está el problema? ¿Por qué hay tantos bancos occidentales en quiebra o en peligro de quiebra? El problema es -en mi opinión- la salida de recursos financieros (saudíes, chinos y rusos, por citar sólo algunos) de los circuitos financieros occidentales hacia otras orillas. En consecuencia, los tipos suben porque ante una demanda constante de dinero, si hay menos liquidez disponible, la lucha por el atesoramiento hace subir los precios (que cuando se trata de dinero son los tipos de interés).
En ese momento, por ejemplo, estallan los problemas de los instrumentos derivados en las carteras de muchos bancos; pero a medio plazo, la subida de los tipos afectará también a la capacidad de las empresas para devolver sus préstamos, aumentando las insolvencias y erosionando en consecuencia la rentabilidad y el capital.
Así pues, nos enfrentamos tanto a problemas inmediatos de liquidez como a problemas de recapitalización en el futuro. Los primeros pueden resolverse mediante inyecciones de los bancos centrales y los segundos mediante ampliaciones de capital en las que se recurra a inversores privados y públicos para que suscriban las acciones de nueva emisión.
En lo que respecta a las inyecciones de liquidez, todos los bancos centrales occidentales, desde la FED hasta el Banco de Japón, pasando por el BCE, han declarado que están dispuestos a hacer lo que sea necesario: en esencia, los Señores de la Moneda han puesto en marcha la red de arrastre "Cueste lo que cueste".
La cuestión de las eventuales (y yo diría probables) ampliaciones de capital necesarias es diferente. Ciertamente, los bancos centrales no pueden imprimir dinero para suscribir las acciones de los bancos; eso supondría su pérdida total de credibilidad, así como la pérdida de credibilidad del dinero que imprimen.
Así que el capital debe ser aportado por quienes lo tienen. Y aquí resulta erróneo hablar del sistema occidental en general: hay que distinguir al menos entre los países (entendidos como nación y, por tanto, como suma de Estado, hogares y empresas) que son acreedores y, por tanto, en posesión de ese capital que necesitan los bancos y los países que, en cambio, son deudores netos frente al exterior. Entre los primeros se encuentran Alemania, Austria, Países Bajos, Bélgica, Dinamarca y Suecia. Entre los países deudores exteriores netos están sin duda Francia y Gran Bretaña, los dos grandes enfermos con una posición financiera exterior neta de más de 800.000 millones de dólares cada uno, pero también España y Portugal, y fuera del euro también Polonia y Hungría.
Aquí no hay capital y pueden ser necesarias maniobras de austeridad y, en el caso de los países de la UE, la intervención del MEDE.
Unas últimas palabras sobre Italia.
En caso de crisis bancaria, el sistema italiano (entendido como la suma de Familias, Empresas y Estado) también dispondría de capital para rescates, dado que la posición financiera neta del Bel Paese es positiva en unos 300.000 millones de dólares. El problema es que el Estado italiano está lleno de deudas y, por tanto, esos fondos están -por lógica- totalmente en manos de particulares y en algún lugar del extranjero.
¿Estarán dispuestos los ricos frailes italianos a ayudar al pobre y miserable convento donde viven?" (Giuseppe Masala, L'Antidiplomatico, 25/03/23; traducción DEEPL)
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