21.8.23

España llegó a la final del Mundial compitiendo como la gran Selección que es. Y muchas de las que lucharon para estar allí lo verán por la televisión. Y recibirán burlas, y recibirán insultos. Porque la vida, y bastante más, el fútbol, es así. Cruel en su máxima expresión. Pero es de justicia acordarse de ellas, de las que creyeron en sí mismas y en sus valores, de las que solo querían, precisamente, lo que acabó por suceder: que la Selección Femenina Española entrase en el lugar de la historia que le corresponde como campeonas del Mundo. Por Mapi León, Nerea Eizagirre, Patri Guijarro, Leila Ouahabi, Lucía García, Laia Aleixandri, Claudia Pina, Andrea Pereira, Sandra Paños, Lola Gallardo, Amaiur Sarriegi y Ainhoa Moraza... ¿Cómo era posible que con las mejores jugadoras de España y con muchas de las mejores jugadoras de Europa no se consiguía llegar a cuartos de final? Por ello, las tres capitanas de la selección en ese momento (Alexia Putellas, Irene Paredes y Patri Guijarro) intentaron resolver ese problema de manera privada con la RFEF... Los altos cargos de la Federación ignoraron las peticiones de las jugadoras e hicieron una declaración pública sobre la situación expresando su apoyo al seleccionador, tergiversando que renunciaban a la Selección... a pesar de que las jugadoras querían resolver dichos problemas de forma privada... En vez de buscar una solución amenazaron a las jugadoras. Solo las dejarían volver si pedían perdón... Posteriormente, solo 7 de las 15 (Mapi, Patri Guijarro, Claudia Pina, Lola Gallardo, Ainhoa Moraza, Nerea Eizagirre y Amaiur) se mantuvieron firmes en su decisión. Vilda, como buen hombre, tenía que quedar por encima, y, a pesar de que 8 jugadoras retrocedieron en su decisión, 5 de ellas fueron castigadas (Lucía García, Laia, Leila, Sandra Paños y Andrea Pereira)... Es por ello que las ganadoras, las merecedoras de aplausos y verdaderas referentes, son esas 7 jugadoras que no se han dejado amedrentar por las críticas e insultos, que han puesto sus valores y principios por delante, y se han mantenido siempre firmes... ellas gestaron el "España se hace inmortal con su primer Mundial femenino"

 "Si algo me ha enseñado el deporte, y es algo que siempre he dicho y por lo que me muevo, es la cantidad de valores que podemos aprender de él. 

Es por ello, que pese a que es una grandísima noticia que la Selección Española de Fútbol Femenino haya conseguido un pase a la final del Mundial, estoy decepcionada. 

Comienza todo en el 2014, cuando las 23 integrantes de la Selección solicitaban un cambio, apuntando hacia el entrenador (Ignacio Quereda), que llevaba 27 años en el puesto y solo 3 apariciones internacionales (Eurocopas de 1997 y 2013, Mundial de 2015) y hacia la RFEF, destacando dietas de apenas 40€, poca confianza en el seleccionador y que actuaba con bastante paternalismo. A esto, Quereda, respondió que no iba a dimitir y que volvería a hacer las cosas de la misma manera.

En 2015, Quereda, es destituido. Jorge Vilda fue nombrado seleccionador del primer equipo de la Selección Española de Fútbol Femenino, aunque en ese momento ya se había cuestionado la decisión.

Una de las razones es que había sido colocado en el puesto por petición de su padre, algo que ha reconocido esta semana con las siguientes palabras “Jorge entró por una casualidad, por una urgencia. Yo di su nombre porque era una situación límite. A partir de ahí, no he hecho nada más. Todo lo demás se lo ha ganado él”

En el momento en el que Vilda aceptó el cargo se hablaba de que venía en camino la generación de oro del fútbol español, con la que, este mismo seleccionador, apenas había conseguido dos títulos con ella en categorías inferiores y, después de 3 oportunidades con la selección absoluta, (Eurocopa de 2017, Mundial de 2019 y Eurocopa de 2022) España no conseguía pasar de la fase de grupos. 

Además de esto, poco después de que Jorge Vilda aceptara el cargo, Vero Boquete y Vicky Losada dejaban de ser convocadas, estando en el mejor momento de su carrera. Y es que, a los hombres, que las mujeres tengan voz propia y exijan lo que se merecen, no les gusta nada.

¿Pero cómo es posible que con las mejores jugadoras de España y con muchas de las mejores jugadoras de Europa no se consiga llegar a cuartos de final?

Quedaba claro que era debido el estilo de entrenamiento y las decisiones del entrenador, pero eso es lo que yo he visto desde fuera, las jugadoras son las que realmente sabían lo que pasaba.

Por ello, las tres capitanas de la selección en ese momento (Alexia Putellas, Irene Paredes y Patri Guijarro) intentaron resolver ese problema de manera privada con la RFEF.

Algunas de las quejas de las jugadoras eran la falta de asistencia médica y falta de descanso (ya que no hacía suficientes rotaciones), lo que provocaba lesiones fácilmente evitables. Falta de nutricionistas, falta de comprensión táctica, entrenamientos de baja calidad en comparación con las de sus respectivos clubes, lo que ocasionaba un rendimiento más bajo y falta de privacidad (el seleccionador prohibía a las jugadoras cerrar las puertas de sus habitaciones de hotel durante las concentraciones). 

Los altos cargos de la Federación ignoraron las peticiones de las jugadoras e hicieron una declaración pública sobre la situación expresando su apoyo al seleccionador, a pesar de que las jugadoras querían resolver dichos problemas de forma privada, y filtrando que habían recibido 15 correos electrónicos de 15 jugadoras (Mapi León, Aitana Bonmatí, Patri Guijarro, Sandra Paños, Mariona, Claudia Pina, Lola Gallardo, Ainhoa Moraza, Leila Ouahabi, Laia Aleixandri, Lucía García, Ona Batlle, Andrea Pereira, Amaiur y Nerea Eizaguirre) en los que manifestaban que la actual situación afectaba de forma importante a su estado emocional y su salud y tergiversando que renunciaban a la Selección comunicando lo siguiente:

“La RFEF no va a permitir que las jugadoras cuestionen la continuidad del seleccionador nacional y de su cuerpo técnico”, y “no acudir a una llamada de la selección es calificado como una infracción muy grave y puede acarrear sanciones de entre dos y cinco años de inhabilitación”.

En vez de buscar una solución amenazaron a las jugadoras. Solo las dejarían volver si pedían perdón.

Esto ocasionó que las jugadoras emitieran un comunicado oficial mostrando su enfado con la RFEF, donde escribían:

“Lamentamos que la RFEF haya hecho pública, de forma parcial e interesada, una comunicación privada, con información que afecta a nuestra salud -que es parte de nuestra intimidad- (…)”. 

“En ningún caso hemos RENUNCIADO a la Selección Española de Fútbol tal y como señala en su comunicado oficial la RFEF. Como dijimos en nuestra comunicación privada hemos mantenido, mantenemos y mantendremos un compromiso incuestionable con la Selección Española”.

“Solicitamos no ser convocadas hasta que no se reviertan situaciones que afectan a nuestro estado emocional y personal, a nuestro rendimiento y, en consecuencia, a los resultados de la Selección y que podrían derivar en indeseables lesiones (…)”.

“Nunca hemos pedido el cese del seleccionador como se ha comentado. Entendemos que nuestro trabajo no es en ningún caso elegir dicho cargo, pero sí expresar de forma constructiva y honesta lo que consideramos puede mejorar el rendimiento del grupo”.

“¿Alguien puede pensar que, a ocho meses de un Mundial, un grupo de jugadoras de máximo nivel, que es lo que nos consideramos, se plantean esta decisión, como se ha dado a entender públicamente, como un capricho o un chantaje? Solicitando no ser convocadas penalizamos nuestra carrera profesional, nuestra economía y por supuesto seguir construyendo algo importante en el fútbol femenino (…)”

“No vamos a tolerar el tono de infantilización con el que la RFEF concluye su comunicado”.

Posteriormente, solo 7 de las 15 (Mapi, Patri Guijarro, Claudia Pina, Lola Gallardo, Ainhoa Moraza, Nerea Eizagirre y Amaiur) se mantuvieron firmes en su decisión.

Vilda, como buen hombre, tenía que quedar por encima, y, a pesar de que 8 jugadoras retrocedieron en su decisión, 5 de ellas fueron castigadas (Lucía García, Laia, Leila, Sandra Paños y Andrea Pereira).

Por otro lado, Alexia Putellas, que se había posicionado a favor de las 15, no emitió comunicado alguno, y, debido a la presión de sus patrocinadores, debía jugar, siendo una pieza clave para Vilda, y por la que volverían jugadoras como Aitana y Ona.

Esto supone un paso atrás, pudiendo ocasionar que en un futuro, cuando sea necesario volver a exigir avances, no se tome en serio lo que se pueda llegar a demandar.

Es por ello que, para mí, las ganadoras, las merecedoras de aplausos y verdaderas referentes, son esas 7 jugadoras que no se han dejado amedrentar por las críticas e insultos, que han puesto sus valores y principios por delante, y se han mantenido siempre firmes.

Por último, destacar que este domingo se enfrentan, la Selección Inglesa liderada por Sarina Wiegman, una mujer con un medallero digno de admirar (Oro en las Eurocopas de 2017 (Países Bajos) y 2022 (Inglaterra) Plata en la final del Mundial de 2019 (Francia) y la Finalissima Femenina en 2023), además de varios títulos nacionales, y sus títulos individuales, siendo los más destacables el Premio The Best a Mejor Entrenadora de categorías femeninas (2017), Mejor Entrenadora del Mundo (2020) y Premio The Best FIFA a la mejor entrenadora (2020), por lo que, sin duda, es merecedora del campeonato; y la Selección Española, la cual deseo que llegue a estar liderada algún día por una mujer."                (Paula Dapena, elComún, 19/08/23)

 

"Mapi León, Nerea Eizagirre, Patri Guijarro, Leila Ouahabi, Lucía García, Laia Aleixandri, Claudia Pina, Andrea Pereira, Sandra Paños, Lola Gallardo, Amaiur Sarriegi y Ainhoa Moraza. Hoy me acuerdo de ellas

 "Tenemos claro que si tomamos esa decisión es por la mejora del fútbol español. Al final, los que no lo quieren ver, no lo van a ver". Fue Eizagirre la que, en febrero, pronunció estas palabras en Ser Deportivos Gipuzkoa. Los que no lo quieran ver, no lo van a ver.

En esta guerra de trincheras constante, casi siempre escenificada con el eterno Madrid-Barça que monopoliza el fútbol español, hay dos opciones: caer en el revanchismo, en el "un saludo para las que eligieron verlo desde casa", en los "hemos olvidado a las personas con resentimiento y que no suman"; o reconocer a mujeres que, no se olviden, sí estuvieron en la clasificación de España para este Mundial, se partieron el lomo por dicho escudo y, finalmente, antepusieron sus valores al momento más importante de sus carreras deportivas. Caprichosas. Claro. Cualquiera renuncia a cumplir sus sueños por un capricho.

 Y es que, al fin y al cabo, lo que pedían las amotinadas era la misma vara de medir deportiva que en la Selección masculina. Si un equipo con varios de los mejores jugadores del mundo, que consiguen éxitos nacionales e internacionales, fracasa como sucedió en la pasada Eurocopa… A nadie se le escapa el resultado de la ecuación para el líder del banquillo. Jorge Vilda, hombre de la casa que goza del máximo apoyo de Rubiales, hizo lo que creía más adecuado para el buen hacer de la Selección. Nadie duda de eso. Al igual que las 15 futbolistas —más Irene Paredes, Jennifer Hermoso y Alexia Putellas, que compartían el mensaje de sus compañeras, pero que no enviaron el famoso email—, quienes consideraron que el nivel estructural y técnico de la Selección no era suficiente.

A partir de ahí, barro y más barro. El núcleo duro del Barça, que no dejaba de ser el núcleo duro de la Selección, solicitó a Luis Rubiales la marcha de Vilda, en una información adelantada por El Confidencial y firmada por Kike Marín. Aunque se negase en un primer momento, la puesta en escena pública de ambas partes confirmó la guerra. Un conflicto que, lejos de los cara a cara, se convirtió en una guerra fría, de desgaste, sin medias tintas ni sutilezas. Hubo un vencedor y unas vencidas. El seno de la Federación, que entendió todo como un ataque al sistema, se mantuvo inamovible en su postura. Vilda no iba a irse.

A las amotinadas se las tachó de caprichosas, de querer mandar, hacer y deshacer a su antojo. Por supuesto, con tufo a paternalismo. Sí, sorpresa, las futbolistas importantes de un vestuario acaban ejerciendo su poder cuando consideran que las cosas no se hacen bien. Con más o con menos acierto. Exactamente igual que en cualquier vestuario masculino. Exactamente igual que en cualquier ambiente laboral. Por cierto, tres futbolistas que mandaron los emails tras cumplir con los requisitos de la Federación han asistido al torneo, Mariona Caldentey, Aitana Bonmatí y Ona Batlle. También quiso estar Sandra Paños, aunque Vilda, finalmente, convocó a su suplente, Cata Coll, quien ha acabado por arrebatar la titularidad a Misa Rodríguez en la fase final del Mundial.

Si hay algo que sí es caprichoso en la vida es el deporte, y, bastante más, el fútbol. En mitad de la tormenta —en estas líneas no se quitará mérito alguno a la gestión deportiva del torneo—, España llegó a la final del Mundial compitiendo como la gran Selección que es. Y muchas de las que lucharon para estar allí lo verán por la televisión. Y recibirán burlas, y recibirán insultos. Porque la vida, y bastante más, el fútbol, es así. Cruel en su máxima expresión. Pero es de justicia acordarse de ellas, de las que creyeron en sí mismas y en sus valores, de las que solo querían, precisamente, lo que acabó por suceder: que la Selección Femenina Española entrase en el lugar de la historia que le corresponde como campeonas del Mundo. Por Mapi, por Nerea, por Patri, por todas.

Mapi León, Nerea Eizagirre, Patri Guijarro, Leila Ouahabi, Lucía García, Laia Aleixandri, Claudia Pina, Andrea Pereira, Sandra Paños, Lola Gallardo, Amaiur Sarriegi y Ainhoa Moraza. Hoy me acuerdo de ellas. "Tenemos claro que si tomamos esa decisión es por la mejora del fútbol español. Al final, los que no lo quieren ver, no lo van a ver". Fue Eizagirre la que, en febrero, pronunció estas palabras en Ser Deportivos Gipuzkoa. Los que no lo quieran ver, no lo van a ver."            (Alberto Ramírez, El Confidencial, 20/08/23)

 

"España se hace inmortal con la conquista de su primer Mundial femenino.

 España derribó la puerta de la eternidad para hacerse inmortal, para ponerse el laurel de oro y diamantes, para significarse al fin como la mejor del mundo, cosa que llevaba años haciendo en las categorías inferiores. Es, sin embargo, el relato de una selección que en pocos años ha hecho mucho, siempre a rebufo de las grandes potencias como Estados Unidos, Alemania o los equipos nórdicos; ahora referencial y ejemplo del planeta fútbol porque, igualado el físico, no hay quien le tosa ni le quite el balón o la identidad. Lo intentó, en cualquier caso, una Inglaterra eléctrica y de recursos, en ocasiones un conjunto en combustión; aunque insuficiente en cualquier caso para discutir que España es la gloriosa campeona de la Copa del Mundo en su tercera intentona, nuevo y definitivo capítulo en la historia del fútbol jugado por mujeres.

 España se miró al espejo y se encontró de una vez por todas con un rival que le discutió el esférico, que incluso también le explicó que podía circular el balón con tanta o más diligencia, por más que su hoja de ruta para llegar a la portería contraria fuera bien diferente. Para Inglaterra el fútbol es un pelo más primario aunque no menos eficaz, pues se contenta con los pases de seguridad en defensa para lanzar en largo a los costados —por algo es la nación del seven-eleven, en referencia a los extremos que se hinchan a sacar centros—, donde trataba de generar superioridades con las proyecciones ofensivas de las carrileras (Bronze y Daly) y las diagonales de las delanteras. Ninguna como Hemp, una diablesa con botas, carcoma insaciable que juega tan bien con el cuerpo como con los pies, capaz incluso de hacer tiritar a Paredes. Al menos al inicio porque la central, imperial, se recompuso al tiempo que lo hizo España, que cuando le cogió el ritmo al duelo y el gusto al toque, evidenció que no hay nadie que se lleve mejor con la pelota. Pero antes de eso, Inglaterra tuvo sus momentos, sus aspiraciones. (...)

España, como ha ocurrido durante todo el torneo, supo sufrir y madurar el envite, llevárselo a su terreno.

 Lo hizo como sabe, con la pelota entre las botas, con la voluntad de sacar el balón desde la raíz por más que Inglaterra seleccionara siempre el acoso —cuando había un mal control español, cuando una jugadora estaba de espaldas a la portería rival, cuando se daba un pase comprometido—, y tratara de desnaturalizarla negándole líneas de pase. Pero a la que aparecían Jenni y Aitana para dar sentido al fútbol, el juego se volvía de color rojo. Como en esa triangulación de área a área, el tuya-mía de Olga y Jenni para la carrera de Salma, que pisó la línea de fondo a la espera de un crochet que no llegó. Lo mismo que ocurrió con otro centro de Olga al que ni Salma ni Alba Redondo supieron ponerle el lazo. Pero España tenía más y llegaba a partir de Salma y sus carreras, corre que corre, piernas para qué os quiero, excelente en la interpretación del juego porque era tan efervescente en los desmarques de ruptura como en los de apoyo, quiebros y virguerías, fútbol diamante. Le falló, en cualquier caso, el remate, ese que entró ante Suecia en la semifinal y ese que se estrelló con el poste antes del entreacto. Pero España ya había dicho la suya.

Fue en un ejercicio de presión, en un robo de balón de Aitana, inteligencia y elegancia, que le cedió el esférico a Tere Abelleira, la que siempre se salta líneas de presión, en ocasiones dos, la única que entiende el desplazamiento en largo como una rampa para llegar al gol. Control exquisito de Mariona y doblaba por la izquierda de Olga Carmona como mandan los cánones de la buena carrilera, que le pegó a la carrera un disparo seco y cruzado, ajustado al poste, pero también a la red. Heroína en semifinales, leyenda en la final.

 No cambió su propuesta España en el segundo acto como no lo ha hecho en todo el torneo —aunque frente a Japón no perdiera la identidad pero sí la compostura, único cachiporrazo en el Mundial—, de nuevo abrillantada por la zurda de Jenni y la diestra de Aitana, otra vez catapultada por una Mariona que tras recortar en el balón del área se sacó un disparo que le susurró al poste, pero por fuera. Inglaterra adelantó las líneas y buscó destilar un fútbol por dentro para catapultarlo por fuera, ahora con James sobre el césped y por la izquierda, jugadora diferencial y superdotada que extrañó que no saliera de la partida, balones al área y remates de Hemp y Kelly, ninguno entre los tres palos.

 Vilda, entre conservador e inteligente, redobló el costado derecho de laterales —entró Oihane por Redondo— y sofocó la rebelión. Tanto que los problemas se dieron en el área de Earps, penalti de Walsh después de sacar a pasear la mano tras un recorte de Mariona, castigo penalizado por el VAR. Pero Jenni, peleada con los once metros, erró como le ocurriera ante Costa Rica en la apertura del Mundial, chut flojo y a las manoplas de la portera. Momentos de tiritera para las españolas que bajaron la cabeza menos Cata Coll, loca cuerda, gallarda como ninguna. Así, salió del área para despejar con la testa una contra rival, se marcó un baile con la pelota no apto para cardíacos para descontar a una contrincante y puso el guante a tiempo para torcer el disparo de James. Y con la paz de Cata, con la experiencia al fin de Alexia Putellas —suplente, disputó los minutos finales—, llegó la tranquilidad de España, que supo morder, que supo poner el cuerpo, que supo frenar a Inglaterra, que supo sufrir, que supo ganar. Nada más y nada menos que un Mundial, ese que reescribe la historia y que las hace inmortales."          (Jordi Quixano , El País, 20/08/23)

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