29.8.23

La batalla contra el cambio climático es la batalla contra el capital... Significa por ejemplo proponer un sector eléctrico público, con la municipalización de las redes de distribución como en Alemania, con la recuperación de las concesiones hidroeléctricas por una empresa pública como en Francia o que cada céntimo de dinero público se transforme en propiedad de los activos y no en una subvención a fondo perdido

 "(...) debemos ser lúcidas y ser capaces de discernir la desidia generada por propuestas vacías y fenómenos como el “greenwashing” para poder constatar una vez más que el modelo neoliberal no es compatible con una vida humana decente en nuestro planeta, que se trata de un monstruo que devora todo ser vivo para la monetización y extracción de rentas.

De nuevo, las falsas soluciones individualistas y reformistas o las apuestas a la ruleta rusa de las tecnologías no probadas o inmaduras, aferrándose a un milagro tecnológico que revierta la situación, son las que desmovilizan a la clase trabajadora impidiendo una lucha radical por un mundo en el que el sistema de producción y consumo sea otro. ¿Dónde quedaron luchas como aquella contra el consumismo o contra la globalización tan necesarias ahora mismo? ¿Qué sentido tiene despilfarrar energía en la producción, transporte y publicidad de bienes y productos excesivos e innecesarios? Debemos ser valientes y estar a la altura que la situación exige, utilizando las herramientas de las que disponemos empezando por la autocrítica.

Muchas personas no especialmente vinculadas con el mundo marxista están declarando sin pudor alguno que debemos desmantelar urgentemente el sistema capitalista o sugiriendo una revolución que podría comenzar por los países del sur de Europa, revistas socialistas como el monthly review están publicando números enteros sobre el decrecimiento, ¿cómo puede ser que no estemos aprovechando esta ocasión para dar la talla? Y por dar la talla me refiero a no contentarnos en el plano institucional con ser meros seguidores de la supuesta transición energética pregonada desde las instituciones europeas et al. con su neoliberalismo, su individualismo, su criminalización de la pobreza y su extractivismo.

Significa por ejemplo proponer un sector eléctrico público, con la municipalización de las redes de distribución como en Alemania, con la recuperación de las concesiones hidroeléctricas por una empresa pública como en Francia o que cada céntimo de dinero público se transforme en propiedad de los activos y no en una subvención a fondo perdido. Y por dar la talla me refiero a ser intransigentemente radicales en el plano ideológico, en analizar cada propuesta con conciencia de clase, con una visión internacionalista que tenga en cuenta la totalidad del género humano. En ofrecer una alternativa a la desidia que sufre la clase trabajadora que, a pesar de lo que algunos parecen creer, es tristemente consciente que la mayoría de veces que es interpelada a sazón de la crisis climática es para culpabilizarla de las consecuencias de un modelo que se fundamenta en su explotación.

Y por encima de todo, dar la talla significa organizarnos al margen de las instituciones. Significa no observar desde la distancia, sino colaborar con una generación de personas jóvenes que son conscientes de que a lo largo de su vida no van a tener apenas vacaciones o jubilación, de que no van a tener acceso a muchos alimentos o agua y electricidad a precios asequibles y que intentan luchar contra ello. Significa invitarlas a compartir espacios y lucha, significa abrir espacios intergeneracionales para poder aprender las unas de las otras. Significa en definitiva integrar la lucha por otro modelo de producción y consumo en cada una de nuestras acciones políticas, la lucha por un uso racional e igualitario de la energía.

La batalla contra el cambio climático es la batalla contra el capital; sin socialismo no habrá un decrecimiento justo y sin decrecimiento justo no habrá socialismo y por ello tenemos que hacerla nuestra bandera y avanzar sin perder ni un ápice de radicalidad en nuestras demandas."                 

(Irene Calvo Saborit, ingeniera valenciana experta en energía, Observatorio de la crisis, 10/08/23)

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