5.8.23

La desmitificación de la derecha... Con una reacción que ha desbordado a los poderes que se sienten propietarios del país, los ciudadanos han dibujado en el 23-J un mapa político que choca con el negacionismo posdemocrático... Las certezas de la derecha se han llevado a tal extremo que una parte de la ciudadanía se ha sentido amenazada, generando una oleada de complicidad en la resistencia... Los 200.000 votos que se pasaron de los partidos independentistas al socialista son significativos de una sensibilidad que antepone parar los pies al neofacismo antes que cualquier otra consideración... el voto útil era decir no al autoritarismo posdemocrático votando a quien tenía mayor capacidad para ponerle freno. Dando al mismo tiempo una inesperada lección a Europa dónde pocos confiaban en que fuera España quien rompiera la dinámica reaccionaria en curso... el segundo dato significativo de estas elecciones ha sido el voto femenino, como factor determinante del patinazo de la derecha... el supremacismo machista es el caldo cultural que alimenta la ebullición de Vox y en buena medida al PP. Y nos da la pista para entender por qué las mujeres han ido más prestas al voto útil contra la oleada de autoritarismo posdemocrático que los hombres... Estas dos señales, que las urnas transmiten de modo elocuente, deberían ser por sí mismas un impulso para afrontar con cierta apertura mental los regateos políticos que nos esperan ahora para la formación del próximo Gobierno (Josep Ramoneda)

 "El proceso electoral que ha culminado con el fracaso del PP de Alberto Núñez Feijóo ha abierto en canal algunas de las ficciones sobre las que se estructura la política española. Y ha puesto en evidencia el alejamiento de la realidad en el que habita el complejo económico-político-mediático que se siente hegemónico en la opinión publicada y en su autosuficiencia ha perdido el pulso de la opinión pública real. Quisieron creer y hacer creer que la hegemonía ideológica de la derecha era incontestable y se ha constatado que solo era un ejercicio de confusión de los deseos con las realidades. Las certezas de la derecha se han llevado a tal extremo que una parte de la ciudadanía se ha sentido amenazada, generando una oleada de complicidad en la resistencia.

Con una reacción que ha desbordado a los poderes que se sienten propietarios del país, los ciudadanos han dibujado, y no es la primera vez, un mapa político que choca con el negacionismo de los que no quieren ver lo que no les gusta. Al PP le ha faltado una dirección política con autoridad, autonomía y tacto para percibir lo que los poderes que lo amparan —y de los que cada día es más deudor— no quieren saber y, en consecuencia, para buscar soluciones políticas a los problemas políticos.

Donde la ciudadanía ha demostrado mayor sensibilidad contra la normalización del neofascismo por parte del PP ha sido en Cataluña y en el País Vasco. Sin el resultado del PSC, hoy el presidente Sánchez no estaría cantando victoria. Los 200.000 votos que se pasaron de los partidos independentistas al socialista son significativos de una sensibilidad que antepone parar los pies al neofacismo antes que cualquier otra consideración. Cada elección tiene su contradicción principal y en esta el voto útil era decir no al autoritarismo posdemocrático votando a quien tenía mayor capacidad para ponerle freno. Dando al mismo tiempo una inesperada lección a Europa dónde pocos confiaban en que fuera España quien rompiera la dinámica reaccionaria en curso. (...)

Y en una línea entrelazada va el segundo dato significativo de estas elecciones, que Víctor Lapuente ha subrayado en estas mismas páginas. El voto femenino como otro factor determinante del patinazo de la derecha, atrapada en la reacción de buena parte del mundo masculino que vive, más o menos conscientemente, el empoderamiento de la mujer como una amenaza. Con lo cual se hace evidente que el supremacismo machista es el caldo cultural que alimenta la ebullición de Vox y en buena medida al PP. Y nos da la pista para entender por qué las mujeres han ido más prestas al voto útil contra la oleada de autoritarismo posdemocrático que los hombres.

Estas dos señales, que las urnas transmiten de modo elocuente, deberían ser por sí mismas un impulso para afrontar con cierta apertura mental los regateos políticos que nos esperan ahora para la formación del próximo Gobierno. Y evitar de este modo que las miserias políticas, el cálculo mezquino que antepone el imperativo de las grandes apuestas —aun con conciencia de que no están en el orden del día— a la realidad de lo posible, se impongan y bloqueen los criterios de reconocimiento y de responsabilidad compartida que realmente puedan hacer cambiar alguna cosa. (...)"                  (Josep Ramoneda, El País, 04/08/23)

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