25.10.23

Ante nosotros se prepara un crimen ¿Haremos algo para impedirlo? El ejército de Israel se prepara para iniciar una limpieza étnica en la franja de Gaza, un viejo sueño de los supremacistas judíos... el estado mayor de Israel ahora se plantea más bien arrasar la ciudad de Gaza para enviar después sus fuerzas terrestres a liquidar los sobrevivientes. Según los más altos responsables del ejército de Israel, la aplicación de ese plan podría tomar 3 meses... Pero en el propio Israel, y también en Estados Unidos, numerosos ciudadanos se oponen a ese crimen (Thierry Meyssan)

 "Los acontecimientos se desarrollan con gran rapidez en Israel/Palestina. Todos podemos ver como el ejército de Israel se prepara y da inicio a la limpieza étnica de la franja de Gaza. En la noche del viernes, la ONU dio a conocer un balance muy significativo al anunciar que una tercera parte de las viviendas que existían en Gaza han sido reducidas a polvo y que casi todos los habitantes de la ciudad han huido hacia el sur de la franja de Gaza, sin otra posibilidad que vivir a la intemperie.

Luego de haberse planteado el inicio de una guerra de contrainsurgencia, según el modelo que Francia aplicó durante la batalla de Argel o el de la Operación Phoenix aplicado por Estados Unidos en Vietnam, el estado mayor de Israel ahora se plantea más bien arrasar la ciudad de Gaza para enviar después sus fuerzas terrestres a liquidar los sobrevivientes. Según los más altos responsables del ejército de Israel, la aplicación de ese plan podría tomar 3 meses.

El general Herzl Halevi, jefe del estado mayor del ejército israelí, declaró el 21 de octubre: «Entraremos en la franja de Gaza en una misión operativa y profesional: destruir los agentes y las infraestructuras del Hamas (…) Gaza es compleja y densa, el enemigo prepara muchas cosas allí. Pero nosotros también nos preparamos para él.»

La Organización Mundial de la Salud (OMS) protestó, el 14 de octubre, contra la orden de evacuación que Israel impartió a los hospitales de la ciudad de Gaza. La OMS resaltó que desplazar enfermos que se hallan bajo cuidados intensivos es condenarlos a muerte [1].

Tres días después, el hospital Al Ahli fue destruido por un artefacto de guerra. Israelíes y palestinos se acusan entre sí. Pero ninguno de los aliados de Israel ha tratado de enviar ayuda a la población de Gaza, aunque Estados Unidos, Alemania y Reino Unido disponen de hospitales de campaña, de medicinas y de alimentos que pueden lanzar en paracaídas sobre Gaza. En vez de tratar de ayudar a la población que sufre, esas 3 potencias occidentales se preparan más bien para ayudar al ejército de Israel.

Estados Unidos ha enviado al ejército de Israel miles de municiones de artillería de 155 milímetros y una cantidad indeterminada de bombas pesadas penetrantes del tipo Joint Direct Attack Munition (JDAM), capaces de penetrar en el suelo hasta 30 o 40 metros de profundidad, antes de estallar destruyéndolo todo en un radio de 400 metros.

ISRAEL ESTÁ DIVIDIDO

Durante meses, manifestaciones multitudinarias denunciaron en Israel a los supremacistas judíos aliados del primer ministro Benyamin Netanyahu y las reformas del gobierno de coalición que modifican las leyes fundamentales de Israel y que ponen el poder judicial bajo el control del poder ejecutivo. A pesar de esas protestas, las más grandes en toda la historia de Israel, el gobierno de coalición formado alrededor de Netanyahu concretó este verano lo que muchos califican de «golpe de Estado».

Cuando hablo aquí de “supremacistas judíos” me refiero al partido Fuerza Judía (Otzma Yehudit), que se presenta abiertamente como “heredero” de la Jewish Defense League (Liga de Defensa Judía) creada en Estados Unidos por el rabino Meir Kahane. La Liga de Defensa Judía se opuso en su momento a todo contacto con la Unión Soviética… y hoy se opone a todo contacto con Rusia, ha exhortado a asesinar neonazis y asesinó al director del American-Arab Anti-Discrimination Committee. Es explícitamente racista y se opone a los matrimonios entre judíos y goyim (las personas no judías). En Estados Unidos, la Liga de Defensa Judía está catalogada como organización terrorista, desde el año 2001, y recibía financiamiento secreto de Yitzhak Shamir, financiamiento proveniente de los fondos del Estado de Israel [2].

Como una “sorpresa divina”, el ataque palestino del 7 de octubre, en el que participaron varias organizaciones de la resistencia palestina (con excepción de Al-Fatah), permitió a los supremacistas judíos resucitar el objetivo que tantas veces han enunciado: emprender una limpieza étnica para sacar de Palestina a los árabes palestinos, ya sea implementando un gran desplazamiento de esa población o exterminándola. (...)

Antes de la guerra, los reservistas aseguraban masivamente que no obedecerían las órdenes criminales del gobierno antidemocrático de su país. Ahora están movilizados y nadie sabe qué harán. Netanyahu ha visitado algunas unidades de las fuerzas terrestres, tratando de hacerse una idea de la fidelidad de esos hombres a su gobierno. Por ahora, tropas de infantería y fuerzas blindadas están desplegadas frente a Gaza y en la frontera libanesa, en espera de órdenes que no llegan. Mientras tanto, la fuerza aérea bombardea la ciudad de Gaza con una intensidad nunca vista. La ONU reporta oficialmente que los bombardeos israelíes ya han reducido a escombros al menos una tercera parte de las viviendas de Gaza.

En la ONU, el embajador de Israel, Gilad Erdan, trata por todos los medios de lograr que las agencias de la ONU y los Estados miembros emitan condenas contra el Hamas. Fue bien recibido inmediatamente después del 7 de octubre, pero ahora está teniendo cada vez más dificultades para imponer el punto de vista de Israel. (...)

En Estados Unidos, pacifistas judíos realizaron una manifestación ante la sede del Congreso. Quizás recordando el “asalto” de los seguidores de Trump, la policía del Capitolio los reprimió duramente: 500 manifestantes fueron detenidos y podrían ser enviados a los tribunales.

También en Washington, un alto funcionario del Departamento de Estado, Josh Paul, dimitió estruendosamente el 18 de octubre, acusando a la administración Biden de carecer de política y, en definitiva, de encubrir una limpieza étnica en fase de preparación. Josh Paul, no es un funcionario cualquiera. Después de haber hecho una brillante carrera en el equipo del secretario de Defensa Robert Gates, y en el Congreso, Josh Paul, era, desde hace 11 años, el director de la Oficina de Asuntos Políticos y Militares. En otras palabras, era él quien validaba todos los envíos de armas.

En ese contexto, 441 asistentes parlamentarios se reunieron en un edificio adyacente del Capitolio para denunciar la inconciencia de la administración Biden y de los miembros de las dos cámaras del Congreso. Josh Paul es un judío cercano al grupo de presión proisraelí contrario a Netanyahu. Pero los 441 asistentes parlamentarios contestarios provienen tanto de la minoría judía como de la minoría musulmana y no cuestionan la lucha contra el islam político que promueve el Hamas, pero lanzan una sonora advertencia sobre la realización de un genocidio. Todos tienen plena conciencia de que la posición que han adoptado los expone a ser despedidos.

Los funcionarios del Departamento de Estado, independientemente de su posición en la jerarquía, tienen la posibilidad de expresar sus desacuerdos en un foro dedicado a ese fin. Generalmente se limitan a criticar los abusos de algún jefe de servicio. Pero en este momento están comentando la bancarrota moral de la administración Biden, que no toma en cuenta las opiniones de sus expertos. Los emails más virulentos llevan las firmas de numerosos compañeros de oficina y el foro mismo está dando lugar a una especie de amotinamiento [3]. (...)

En el «mundo basado en el derecho internacional», los Estados son soberanos y están obligados a respetar los tratados que firman libremente. Ese fue el principio básico de la creación de las Naciones Unidas. Hoy tenemos que volver al texto fundador: la Carta de San Francisco. Aplicado al conflicto actual, eso significa, en primer lugar, que Israel está obligado a respetar su propia firma, que aparece al pie de su adhesión a la ONU. Y también debe hacerlo la Autoridad Nacional palestina, firmante de los Acuerdos de Oslo."

( THIERRY MEYSSAN, Observatorio de la crisis, 24/10/23)

No hay comentarios:

Publicar un comentario