11.10.23

¿Apoyamos la causa palestina pero a la vez son terroristas? ¿Sufren un apartheid y colonialismo pero solo debemos concederles leche y azúcar a través de nuestras ONG? ¿Era comprensible, aunque no deseable, que los nativos norteamericanos atacasen las filas de carromatos de colonos blancos que avanzaban por sus praderas del Oeste americano, e incluso les secuestrasen? ¿Y qué debemos decir entonces de los nativos palestinos que han secuestrado a colonos israelíes mientras bailaban en una rave techno en las tierras de los encerrados en el gueto de Gaza? Asesinar niños palestinos —como reflexionaba el autor Yossi Klein en el periódico israelí Haaretz el pasado mayo— produce un hermanamiento en la sociedad colona israelí, y este pilar ideológico común teóricamente otorga una robustez añadida al aparato israelí... El proyecto supremacista de colonos en Palestina está destinado a ser una empresa fallida antes de dos décadas, los palestinos son hoy el 52% de la población frente al 48% de sociedad colona israelí... En menos de dos generaciones se alcanzará la proporción de dos tercios para los palestinos... Ante estos números, es obvio que el régimen colapsará salvo que ejecute un genocidio masivo o una limpieza étnica de millones de palestinos... los palestinos y sus cohetes no pueden derrotar militarmente al ejército israelí, pero pueden hacer pagar un coste desorbitado a la sociedad colona que los propios israelíes no estén dispuestos a afrontar, lo que de facto equivale a una derrota

 "Las imágenes del 7 de octubre de 2023 con los indígenas palestinos rompiendo el cerco del gueto de Gaza en el que llevan encerrados a la fuerza 75 años —tras ser desposeídos de todo— van a tener un efecto histórico en acelerar el colapso del régimen colonial (...)

Está por ver cómo afecta el histórico Prison Break del megacampo de confinamiento de Gaza a ese discurso, pero los primeros síntomas son de confusión en la izquierda institucional. ¿Tienen derecho a salir los palestinos de su encierro? ¿apoyamos la causa palestina pero a la vez son terroristas? ¿sufren un apartheid y colonialismo pero solo debemos concederles leche y azúcar a través de nuestras ONG? ¿Era comprensible, aunque no deseable, que los nativos norteamericanos atacasen las filas de carromatos de colonos blancos que avanzaban por sus praderas del Oeste americano, e incluso les secuestrasen? ¿Y qué debemos decir entonces de los nativos palestinos que han secuestrado a colonos israelíes mientras bailaban en una rave techno en las tierras de los encerrados en el gueto de Gaza?

 La izquierda europea y la latinoamericana, salvo contadas excepciones, han reproducido el lenguaje confuso impuesto por los opresores del pueblo palestino: el vocabulario contenido en los Acuerdos de Oslo de hace 30 años. Fraudulentos Acuerdos como luego se explicará. Este fosilizado discurso parecía estar cambiando en algunos sectores de izquierda junto a la precipitación de eventos en Palestina. Parecía que parte de la izquierda era capaz de ver que el tiempo histórico se aceleraba. Otra gran parte de la izquierda, no. No asociaban los elementos: el incremento de la opresión desde 2021 y especialmente el resultado del enfrentamiento con Gaza en mayo de ese año, la resistencia armada palestina multiplicando acciones y el terror en aumento dentro del régimen a un enfrentamiento total con Líbano y otros actores regionales. Y, sin embargo, todo forma parte de un proceso de avance hacia un horizonte. El derribo de la jaula de Gaza del sábado 7 de octubre deja a buena parte de la izquierda aún más descolocada y desarticulada en el lenguaje. En este artículo se analizará más adelante esto. (...)

¿En realidad Palestina está en la cuenta atrás como la Argelia colonizada de los años 40 o 50, o la Sudáfrica de los años 70?, ¿a una generación de distancia —o menos— del fin de su opresión?. (...)

Es significativo que la disputa política entre las facciones de israelíes estriba en conservar o suprimir el barniz de democracia liberal de su Estado, pero ambos sectores comparten un consenso en proseguir la limpieza étnica y el apartheid a los indígenas. Asesinar niños palestinos —como reflexionaba el autor Yossi Klein en el periódico israelí Haaretz el pasado mayo— produce un hermanamiento en la sociedad colona israelí, y este pilar ideológico común teóricamente otorga una robustez añadida al aparato israelí. Demócratas supremacistas frente a autócratas supremacistas, con los nativos en sus guetos correspondientes.

Sin embargo, varios muros insalvables rodean Israel y le impedirán convertirse en una entidad colonial triunfante contra los nativos, de las que evolucionan a ‘democracia liberal’ como Australia, Canadá o EE UU tras conseguir saquear todo el territorio a sus dueños autóctonos. Ese no va a ser su camino y por eso lo que observamos es una sociedad colonial israelí consciente de ello y que se revuelve contra sí misma.

El proyecto supremacista de colonos en Palestina está destinado a ser una empresa fallida antes de dos décadas como fueron Argelia, Rhodesia, Angola o Sudáfrica. Las bases de ese triunfo palestino se remontan a la Nakba de 1948 cuando la población palestina sufrió un masivo desplazamiento forzoso, desposesión y limpieza étnica. Sin embargo, la gran mayoría de nativos, aunque expoliados y desplazados, consiguieron quedarse dentro del territorio palestino y sentar las bases de la victoria demográfica actual.

Ese es el primer muro y más decisivo, la demografía. A pesar de las sucesivas oleadas de inmigrantes judíos durante cien años a Palestina, renombrada estas décadas como Israel, los indígenas hoy son el 52% de la población frente al 48% de sociedad colona israelí.

En menos de dos generaciones se alcanzará la proporción de dos tercios para los palestinos. Estos números demográficos nunca se mencionan en los medios occidentales porque es una fotografía que permite comprender al instante lo que ocurre y lo que ocurrirá. Ante estos números, es obvio que el régimen colapsará salvo que ejecute un genocidio masivo o una limpieza étnica de millones de palestinos.

 Además de la fuga de colonos, la fuga de capitales a bancos occidentales por parte de israelíes alcanza niveles récord. Ya se sabe que el dinero es el elemento más cobarde. En el futuro se alcanzará un punto crítico de pánico multiplicando ambas fugas: la económica y la demográfica.

Hay más muros que aprisionan al régimen israelí. Su superioridad militar no es suficiente para proteger sus frágiles infraestructuras vitales y a su sociedad colona que vive concentrada y vulnerable en una limitada franja entre Acre y Jerusalén. En 2021 Israel realizó un ataque a gran escala contra Gaza y a los diez días tuvo que anunciar un alto el fuego. En 2022 y 2023 nuevos ataques se redujeron a pocos días, a pesar de las familias enteras despedazadas intencionadamente mientras dormían. Por el contrario hace casi diez años, en 2014, Israel no necesitó detener sus bombardeos sobre Gaza durante dos meses de masacre y 2.300 personas asesinadas (500 niños y niñas). La diferencia de estos años frente a 2014 se explica en las mayores capacidades de la resistencia palestina. En 2021 las defensas antiaéreas israelíes se agotaron en diez días contra los cohetes de Gaza, y EE UU tuvo que rellenárselas meses después. El espacio aéreo controlado por Israel estuvo cerrado, y puertos, aeropuertos y zonas industriales fueron alcanzados por cohetes palestinos. Por otro lado, desde 2014 los tanques y soldados israelíes tampoco se atrevían a entrar en Gaza.

 Ahora, la contraofensiva de la resistencia palestina rompiendo el cerco de Gaza ha mostrado que no solamente los tanques israelíes ya eran destruidos dentro del gueto, sino que los palestinos los destruyen fuera, con misiles o drones. Todo ha cambiado respecto a 2014. Por supuesto los palestinos y sus cohetes no pueden derrotar militarmente al ejército israelí, pero pueden hacer pagar un coste desorbitado a la sociedad colona que los propios israelíes no estén dispuestos a afrontar, lo que de facto equivale a una derrota.

 Por eso Israel ha tratado de mantener dormido el frente de Gaza mientras se ha enfocado más en su sueño de intentar expulsar a los casi cuatro millones de palestinos de Jerusalén y Cisjordania. Esa estaba siendo su estrategia: elevar al máximo la opresión en Cisjordania y Jerusalén y controlar el frente norte de Líbano. Intentar dejar congelado eternamente el campo de confinamiento de Gaza no ha dado resultado: los nativos confinados en Gaza han dado una patada al tablero, y a los diputados del partido de Netanyahu solo les queda clamar desesperados por otra imposible Nakba, otra imposible limpieza étnica masiva como en 1948.

 Si Israel ya no puede abrir un enfrentamiento total con el campo de concentración de Gaza, menos aún con Líbano. Los túneles libaneses de cientos de kilómetros esconden una potencia de fuego en cohetes, misiles, drones y antitanque miles de veces superior a la de Gaza. Estas amenazas a pocos kilómetros de las urbes coloniales israelíes no las pueden resolver las bombas atómicas. Uno de los momentos más descriptivos de esa incapacidad contra su frente del norte ocurrió en abril de 2023 cuando recibió varios cohetes desde Líbano como respuesta a su opresión en Jerusalén. Israel no se atrevió a culpar a Hezbollah y por tanto tampoco se atrevió a iniciar un enfrentamiento a gran escala contra Líbano por el precio a pagar para los israelíes. Realizó una operación de distracción bombardeando de forma limitada el gueto de Gaza, no Líbano.

 En la próxima respuesta del régimen contra Gaza durante estos próximos días, en la que seguramente asesinará a cientos de palestinos, el límite lo marcarán los misiles y drones que desde Líbano vayan siendo lanzados hacia la sociedad colona israelí. La encrucijada israelí es irresoluble y no conseguirá apaciguar el terror de los israelíes. Cada cohete y misil de los palestinos que impacta significa un incremento en el número de colonos que desean huir hacia otros países. Si se suma la llegada de misiles desde Líbano eso supondrá el pánico en los colonos. Escalar hasta una vía militar desenfrenada solo conduce a un dolor desconocido para la sociedad colona israelí, que nunca ha pagado un precio de sufrimiento como el que sí han pagado los civiles de los países de la región por las agresiones israelíes. 

 Israel está en un callejón sin salida militar y se ha movido en estrategias al filo de la navaja: masacres específicas de líderes de la resistencia en Gaza y sus familias sin llegar a la guerra total (agosto 2022, mayo 2023) y ejecuciones incesantes de combatientes en Cisjordania. Todo medido sin activar demasiado la resistencia armada palestina. Junto a esto, intentar impedir el reforzamiento militar regional bombardeando territorio sirio.

La geopolítica tampoco juega a favor de Israel con la progresiva debilidad de EE UU-UE en Asia occidental y en el resto del planeta, junto al reposicionamiento de los actores regionales. Los regímenes árabes no son estúpidos a pesar de ser cómplices en la opresión al pueblo palestino. Aunque sus regímenes entablen relaciones oportunistas con Israel y le concedan fotos en los enterrados y vacíos Acuerdos Abraham.

 Los regímenes árabes no recibirán los F35 y misiles de EE UU que esperaban con estos acuerdos, y el artefacto colonial ha fracasado en la creación de una OTAN árabe-israelí que actuase como escudo protector de Israel. Aún más, las oligarquías árabes históricamente subordinadas a EE UU y a Israel, ahora se reposicionan a la contra en lo regional y en lo global.  (...)

Los Acuerdos de Oslo atrofiaron el discurso de la izquierda

El evidente proceso de colonialismo por asentamiento de colonos y reemplazo demográfico forzoso contra los indígenas palestinos fue transformado por los Acuerdos de Oslo en un falso acuerdo entre supuestas partes iguales. Con ello también se transformó el lenguaje manejado internacionalmente a través del cual se definía la relación entre opresor y oprimido.

Todo el vocabulario de la izquierda utilizado en la segunda mitad del s.XX como invasión, liberación nacional, descolonización, lucha, apartheid, desposesión, reemplazo demográfico forzoso, limpieza étnica, resistencia, combatientes, reclusión en guetos, tortura, crímenes contra la humanidad, crímenes de guerra, derecho al retorno, e incluso el derecho internacional, fue abandonado en su mayor parte. En su lugar se reemplazó por conceptos como reconocimiento, ambas partes, mesa de negociación, diálogos, acuerdos, proceso de paz, dos Estados, gobierno palestino, compromiso, garantías de seguridad para el colonizador, petición de moderación a colonizador y colonizado, coordinación, terrorismo, islamismo, antisemitismo, derecho de Israel a existir y defenderse, ocupación referida sólo a Cisjordania y Gaza, enfoque exclusivo sobre derechos humanos, omitir sistemáticamente el derecho al retorno de los millones de palestinos, etc. (...)

Otro elemento que reforzó la adopción de este vocabulario por la izquierda fue la transformación de la economía colonial en Palestina que supusieron los Acuerdos de Oslo. A partir de ese momento irrumpieron en la sociedad nativa un ejército de ONGs de EEUU y Europa cuyas actividades y programas estaban financiados por esos países que a su vez patrocinan a la colonia israelí. Las ayudas se condicionaron a que los palestinos suprimieran su lenguaje de liberación, e incluso suprimieran el mero lenguaje de la legalidad internacional, a cambio de concederles algunos derechos humanos a través de esas ONGs. Esta ley del silencio impuesta por occidente a los nativos incluye a la UNRWA, la agencia de la ONU para los refugiados palestinos. Para recibir fondos tuvo que mutilar su lenguaje que incluso era de mera legalidad internacional, y su mandato existencial de ayudar a los refugiados palestinos ahora está condicionado a la posición política que tengan los nativos si quieren recibir leche o tratamiento médico. (...)

El miedo a la acusación de antisemitismo

Otro elemento que ha maniatado a la izquierda occidental sobre Palestina ha sido el temor a una posible acusación de judeofobia o, más comúnmente, el término manipulado de antisemitismo. A la inseguridad discursiva en muchos partidos de izquierda sobre la causa palestina por la confusión, ignorancia, o la creencia de que la cuestión colonial se zanjó en el siglo XX, se une el sentimiento de culpa inoculado culturalmente a todas y cada una de las personas occidentales, y no sólo a ellas, por el genocidio alemán contra las personas judías hace 80 años. Un sentimiento de culpa selectivo que se ha impuesto de forma universalizada y con su propio término, Holocausto. (...)

La resistencia en todas sus formas por los nativos palestinos es un ejercicio legítimo que la izquierda no se atreve a proclamar, a pesar de haber aplaudido a Zelensky y apoyado el envío de armas a Ucrania. La lucha armada contra la opresión y colonización está reconocida en la legalidad internacional, de forma implícita en el mismo preámbulo de la Declaración Universal de Derechos Humanos y de forma explícita en diferentes textos, como la Resolución 3070 de la ONU. De los tres niveles de resistencia del pueblo palestino —la exigencia de derechos humanos, la movilización no violenta y la resistencia armada— la mayor parte de la izquierda occidental sólo ha expresado su apoyo a los dos primeros durante estas décadas. Declarar el apoyo a la lucha armada significaba caer en el trampantojo del terrorismo. Hay que recordar que el régimen israelí ha declarado como terrorismo a los tres niveles de resistencia, incluyendo a las ONGs palestinas de DDHH. La izquierda de la metrópoli colonial está en una contradicción con la lucha armada indígena en Palestina que todavía no ha resuelto, paralizada en la telaraña de “terrorismo”.

Por eso los Verdes Europeos hicieron un comunicado infame sobre la operación desde Gaza llamándola terrorismo. Era de esperar habiéndose convertido en el brazo izquierdo de la OTAN. (...)

Son las personas que habitan un territorio, junto con las que fueron expulsadas de él, las que tienen derecho a una existencia en igualdad de derechos y obligaciones. Si los actuales colonos asumen la igualdad de derechos para los nativos palestinos tendrán cabida en la futura Palestina con las estructuras coloniales desmanteladas. Tal como hicieron los escasos colonos franceses, Pieds Noirs, que decidieron despojarse de su supremacismo y quedarse en la Argelia independizada frente a una mayoría de colonos que les pareció intolerable y decidieron regresar a la metrópoli francesa."              (Daniel Lobato Bellido  , El Salto, 09/10/23)

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