12.12.23

La segunda Guerra Fría: la bipolaridad ha sido sustituida por un mundo con múltiples actores estatales, con poderes y capacidades diferentes, pero en el que ninguno es capaz de imponer totalmente su voluntad sobre los otros... El adjetivo “fría” describe una realidad de tensiones en múltiples campos en la que hay un delicado equilibrio asociado a la incertidumbre. De hecho, estas son variables presentes en torno a Taiwán y la guerra de Ucrania... Estados Unidos y China “están tan igualados que esta vez no puede haber ganadores, sólo perdedores”... la primera señal de un verdadero deshielo llegará cuando ambos países reconozcan que ninguno puede dominar al otro... Sin embargo, la lógica militarista, los intereses de la industria militar, y diferentes manifestaciones del nacionalismo extremista podrían llevar a enfrentamientos armados... Si Trump regresa al poder en 2024 habrá consecuencias y dilemas graves para Europa respecto de la guerra en Ucrania. Como en la Guerra Fría, este continente quedará en el centro de la tormenta, entre Estados Unidos y Rusia, y quizá sin el apoyo ni liderazgo de un aliado en el que ha confiado durante demasiado tiempo

 "Hay una diferencia muy grande entre la bipolaridad de la Guerra Fría, y la confrontación a dos bandas, con China y Rusia, que tienen actualmente Estados Unidos y sus aliados. Pero las formas de esa confrontación son similares: espionaje, represalias diplomáticas, propaganda, detención de periodistas y empresarios, competencias por recursos en terceros países, censuras a disidentes, y críticas desde Washington, Beijing y Moscú para deslegitimar a los oponentes sobre sus sistemas políticos y actuaciones en el orden internacional.

La primera diferencia crucial es que el enfrentamiento no es entre capitalismo y comunismo como en la Guerra Fría. Las denominadas “grandes potencias” e intermedias operan en el mismo sistema capitalista. Políticamente, la Administración de Joe Biden indica que hay una lucha existencial entre Democracia y Autoritarismo, proyectada en un orden internacional basado en reglas. Pero abundan las zonas grises. 

La democracia enfrenta serios problemas: llegan al poder políticos autoritarios por la vía electoral (Italia, Suecia, Hungría, Estados Unidos, entre otros); y es amplia la adhesión social a gobiernos semi democráticos (India y Turquía) o represivos (China y Rusia). Respecto de ese orden liberal internacional, ha servido durante décadas a los intereses de los países del Norte, mientras crecen las críticas y propuestas de reformas y alternativas desde países del Sur, además de las de China y Rusia.  

La segunda diferencia, es que en la Guerra Fría Estados Unidos estaba en el auge de su poder global. Ahora, tiene una grave crisis interna, su alcance ha disminuido, y China le disputa parte de la hegemonía. Un ejemplo reciente es que, pese al masivo apoyo diplomático y militar que Biden ha dado a Israel para su ofensiva sobre Gaza en respuesta al ataque de Hamas del 7 de octubre, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha rechazado los pedidos de la Casa Blanca de permitir mayor acceso de ayuda humanitaria y cesar los ataques a objetivos civiles.

La tercera diferencia es que la bipolaridad ha sido sustituida por un mundo con múltiples actores estatales, con poderes y capacidades diferentes, pero en el que ninguno es capaz de imponer totalmente su voluntad sobre los otros. Los alineamientos, lealtades y pactos no son ideológicos sino pragmáticos, fluidos, y flexibles. Otros actores no estatales ejercen, además, mayor influencia de la que tenían en la Guerra Fría. (...)

El concepto “Guerra Fría” describía la alta tensión entre potencias que no se enfrentaban militarmente de forma directa. La interferencia en las luchas de liberación nacional completó la definición: tensión entre potencias nucleares, batallas reales en la periferia3

Actualmente esto, parcialmente, ha cambiado. Estados Unidos ha dejado de lado el financiamiento abierto a grupos insurgentes contra gobiernos considerados enemigos, y después de los fracasos en Vietnam, Irak y Afganistán evita implicaciones masivas de sus tropas. Se inclina, en cambio, por operaciones secretas, con limitados número de efectivos en 154 países. Solo en África las fuerzas especiales cuentan con 29 bases para sus operaciones4. En la doctrina militar estadounidense, la “Competencia entre Grandes Potencias” debe complementarse con “guerra no convencional” llevada a cabo por este tipo de fuerzas5.  (...)

Las Fuerzas de Operaciones Especiales rusas han actuado en la toma de Crimea el Este de Ucrania (2014), en Siria desde 2015, y en la invasión a Ucrania (2022). Sus acciones se complementan con grupos armados paraestatales como Wagner que han estado o están presente en Ucrania, Libia, República Centroafricana, Mali, Sudán, y Siria. Estos grupos oficial o semi oficialmente rusos apoyan a gobiernos aliados, participan en guerras civiles y en economías ilícitas en África.  (...)

Confrontarse, pero evitar la guerra era un comportamiento de las grandes potencias durante la Guerra Fría. La expresión más acabada fue la diplomacia del control de armamentos sobre los arsenales nucleares, químico-bacteriológicos y convencionales.(...)

 En la actualidad los tratados sobre reducción de los arsenales estratégicos nucleares y acerca de armas contra armas (Anti-Ballistic Missiles o ABM) han sido congelados por Washington y Moscú. China no forma parte de ninguna negociación sobre armamento, consecuencia de que todos los tratados fueron acordados durante la Guerra Fría. Por su parte, el Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares (TNP) se encuentra estancado. 

Esta falta de negociaciones unidas a la innovación tecnológica de las armas convencionales y nucleares, y la guerra de Ucrania, han resucitado el temor a una guerra nuclear8. “La Guerra Fría ha vuelto con una venganza, pero con una diferencia”, dice el secretario general de la ONU, Antonio Guterres. “Los mecanismos y salvaguardas que existían en el pasado para gestionar los riesgos de escalada ya no están presentes”9.   (...)

El adjetivo “fría”, por lo tanto, describe una realidad de tensiones en múltiples campos en la que hay un delicado equilibrio asociado a la incertidumbre. De hecho, estas son variables presentes en torno a Taiwán y la guerra de Ucrania (...)

Un cambio geopolítico relevante es que la –peligrosa– “confrontación sin guerra nuclear” se ha desplazado también al Sur. India y Pakistán son potencias nucleares con disputas por territorio y minorías. A la vez, entre India y China hay litigios territoriales y ambiciones de liderazgo regional en Asia y en el marco de los BRICS. En ambos casos ha habido enfrentamientos militares.

En Oriente Medio, la proliferación nuclear es un peligro. Israel posee un arsenal nuclear –aunque no lo admite formalmente–. Irán cuenta con un programa nuclear civil que puede transformarse en militar si fracasan las actuales y difíciles negociaciones con Estados Unidos y Europa para volver al acuerdo que la Administración Trump anuló. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) negocian con Washington contar con tecnología nuclear para programas civiles pero que podrían ser militares, como una condición para establecer relaciones diplomáticas con Israel. Y el gobierno israelí amenaza cíclicamente con atacar a Irán. 

Ahora un conflicto local puede escalar a regional, con uno de los actores amenazando con usar armas nucleares13.  (...)

El imposible divorcio

En el curso de 2022 Estados Unidos lanzó la idea de que su economía, y especialmente el sector tecnológico productivo, debía “desvincularse” (delinking) de China. Empresas estadounidenses y europeas lo rechazaron: el coste de cerrar plantas de producción de bienes en China, y terminar programas tecnológicos totales o parciales conjuntos, alterar las cadenas de suministros, y los consiguientes cierres de mercados y represalias tendría un coste muy alto para China, pero también altísimo para Occidente14.

 La remodelación de “la geografía de las cadenas de suministro”, escribe Jean-Michel Bezat, resultará en mayores costos para las empresas y los consumidores que se abastecen de países más caros: sería un alto precio para garantizar la seguridad de Estados Unidos. Más importante aún, la política de reubicación en países amigos –Vietnam, Tailandia o Malasia– o cercanos –como México y Canadá– está lejos de haber aislado a la robusta industria china, que representa el 29% de la base instalada mundial, un tercio considerable más que hace diez años”. Muchos bienes que ahora se importan desde estos terceros países a Estados Unidos son fabricados con licencias y tecnologías chinas. 

Estados Unidos necesita, además, las denominadas “tierras raras”, el 60% de las cuales se extraen y el 90% se refinan en China. (...)

El FMI ha advertido sobre el riesgo de fragmentación geoeconómica, y es probable que un nuevo impulso proteccionista frene la actividad global en el mediano plazo”15

Estados Unidos y China “están tan igualados que esta vez no puede haber ganadores, sólo perdedores”, opina Andrew Browne del Brunswick Group China Hub. “En consecuencia, dice, la primera señal de un verdadero deshielo llegará cuando ambos países reconozcan que ninguno puede dominar al otro”16

Tendencias

Observando las tendencias actuales, surgen dos interrogantes hacia el futuro. 

Primero, si servirán los beneficios de la vinculación entre China y Estados Unidos y Europa para disminuir la tensión política, sostener la competencia económico-tecnológica, y establecer mecanismos de seguridad entre las tres partes. El pragmatismo y la búsqueda de beneficio lo recomienda. 

Sin embargo, la lógica militarista, los intereses de la industria militar, y diferentes manifestaciones del nacionalismo extremista podrían llevar a enfrentamientos armados. Tampoco es descartable que una cadena de sucesos en Ucrania o Taiwán termine provocando un choque militar entre grandes potencias que ningún gobierno quiere. O las consecuencias imprevisibles de un conflicto regional, como en Oriente Medio. (...)

Si Trump regresa al poder en 2024 habrá consecuencias y dilemas graves para Europa respecto de la guerra en Ucrania. Como en la Guerra Fría, este continente quedará en el centro de la tormenta, entre Estados Unidos y Rusia, y quizá sin el apoyo ni liderazgo de un aliado en el que ha confiado durante demasiado tiempo. También habrá incertidumbres sobre el futuro de la OTAN y peligros para las negociaciones internacionales sobre cambio climático, refugiados, pandemias y cómo sostener un sistema multilateral reformado. Y aunque los Republicanos no lleguen a la Casa Blanca, la diplomacia estadounidense, sea en Ucrania o en Oriente Medio, no parece tener ideas novedosas, más allá de proveer armas masivamente. (...)

 El sistema internacional está inmerso en serias tensiones entre potencias, y entre poderes regionales y locales. La época actual tiene diferencias sustanciales con la Guerra Fría. Pero en muchas de sus formas y tendencias hay peligrosas similitudes, aunque con más complejidad y menos instrumentos de control de posibles escaladas.  "                 (Mariano Aguirre , El Grand Continent, 09/12/23)

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