9.4.24

En el ambulatorio soy testigo del éxito de esta era dorada del periodismo. En la sala de espera, un tipo mata el tiempo hablando a voces por teléfono asegurando que en España tenemos un dictador apellidado Sánchez... Y si Sánchez es un dictador, en la lucha contra la dictadura todo vale... Si usted quiere salir en la tele, no lo dude: insulte al presidente democráticamente elegido y, además de ser nombrado héroe del día, será puesto como ejemplo de esa teoría del PP que dice que Sánchez no puede pisar la calle... a la libertad de bulo toca sumarle ahora la libertad de bullying. Para Sánchez y para todo aquel que pueda ser considerado cooperador del dictador... Si al entorno de Díaz Ayuso se le cae el dinero de los bolsillos y su novio es investigado por enriquecerse de manera dudosa, toca empatar ese partido yendo contra la mujer del presidente del Gobierno... Hace cuatro años, la cacería se centraba en el socio de Gobierno de Sánchez y al presidente le incomodaban las denuncias públicas de Pablo Iglesias señalando el juego corrupto de la prensa. Hoy Sánchez sabe bien que cuatro años haciendo como que no pasaba nada fueron demasiados años (Gerardo Tecé)

 "(...) En el ambulatorio soy testigo del éxito de esta era dorada del periodismo. En la sala de espera, un tipo mata el tiempo hablando a voces por teléfono asegurando que en España tenemos un dictador apellidado Sánchez. El valiente –hay que serlo para señalar una dictadura a voces sin miedo a las represalias–, además de potentes cuerdas vocales tiene potentes argumentos. Resulta que Sánchez ha acumulado tanto poder en España como el que tuvo Franco. Y esto se debe a que está decidido a cumplir su plan de gobernar eternamente, “como en Venezuela”. En estos casos siempre me surge la duda sincera de si los peones de esta batalla propagandística son mentirosos entusiastas de la causa o simplemente pobres imbéciles. La duda de si el tipo pretende engañar a la persona que está al otro lado de la línea o si de verdad cree en lo que está diciendo. 

Lo cierto es que, como saben Carlos Herrera, Inda, Ana Rosa, Feijóo e incluso Abascal, no ha habido presidente en la historia de España con menos acumulación de poder que Pedro Sánchez. Hasta quienes gritan en las salas de espera tienen en su smartphone acceso a la información que les confirmará que, al contrario que sus antecesores, es un hecho objetivo que Sánchez no cuenta con una mayoría para controlar el Congreso a su antojo, ni tampoco el Senado, donde manda la derecha. Sánchez no tiene poder autonómico ni municipal, ni cuenta con el favor del poder mediático, ni del económico, ni controla el Poder Judicial, secuestrado desde hace un lustro por el PP. Tampoco ha puesto a trabajar al Ministerio del Interior para espiar a rivales políticos, fabricar acusaciones falsas o destruir pruebas de corrupción como sucedió durante el Gobierno de Rajoy. Un presidente, el gallego, que sí acumuló democráticamente poder en el Congreso, Senado, autonomías, Poder Judicial, que tuvo a su disposición el poder mediático, el empresarial, a la Iglesia, el fútbol y los toros. Un presidente que viajó con normalidad en el Falcon sin que a nadie se le ocurriese llamarlo dictador por ello.  (...)

Y si Sánchez es un dictador, en la lucha contra la dictadura todo vale. Vale fomentar el conflicto en la calle desde los medios de comunicación. Si el presidente es insultado durante un acto público, los medios harán del insulto portada y efecto llamada. Si usted quiere salir en la tele, no lo dude: insulte al presidente democráticamente elegido y, además de ser nombrado héroe del día, será puesto como ejemplo de esa teoría del PP que dice que Sánchez no puede pisar la calle. Como queriendo decir. Dado el fracaso de las elecciones pasadas en las que la derecha en todas sus formas políticas mediáticas y judiciales no logró su objetivo, a la libertad de bulo toca sumarle ahora la libertad de bullying. Para Sánchez y para todo aquel que pueda ser considerado cooperador del dictador. Que la periodista Silvia Intxaurrondo se atreviese a desmentir en directo una falsedad que Feijóo pretendía difundir en la cadena pública, es motivo suficiente y justificado para ir a por ella con informaciones falsas. Si al entorno de Díaz Ayuso se le cae el dinero de los bolsillos y su novio es investigado por enriquecerse de manera dudosa, toca empatar ese partido yendo contra la mujer del presidente del Gobierno. No importa que no haya pruebas ni indicios. Hace cuatro años, la cacería se centraba en el socio de Gobierno de Sánchez y al presidente le incomodaban las denuncias públicas de Pablo Iglesias señalando el juego corrupto de la prensa. Hoy Sánchez sabe bien que cuatro años haciendo como que no pasaba nada fueron demasiados años."              (Gerardo Tecé, CTXT, 09/04/24)

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