"El apagón que España sufrió esta semana habría sido mucho menos perturbador para la vida cotidiana si hubiera ocurrido hace un par de décadas. Las comunicaciones no habrían quedado interrumpidas, buena parte de los trabajos habrían podido realizarse, tiendas y bares no habrían tenido que cerrar, ya que los sistemas de pago habrían funcionado, y se habría cocinado en la gran mayoría de las casas. En otras palabras, la electricidad es cada vez más importante en nuestras vidas. Casi todas las actividades dependen de una fuente de alimentación que, si se desconecta, paraliza a un país.
No parece un proceso que se vaya a detener aquí. Más al contrario, todas las previsiones señalan que las actividades que necesitarán de energía eléctrica irán en aumento: los procesos de digitalización son cada vez más numerosos y el horizonte de la inteligencia artificial los impulsará aún más. Hechos como el vivido esta semana muestran claramente la enorme dependencia que los países tienen de la energía, y en especial de la eléctrica. Es un sector crítico.
Todos los países que juegan un papel relevante en el nuevo contexto están priorizando sus intereses nacionales (y los de sus empresas)
Los tiempos están cambiando en muchos más sentidos. Por primera vez en décadas, el regreso a lo nacional es indisimulado. No se trata únicamente del golpe al orden internacional que han supuesto los aranceles dictados por Trump, sino de que todos los países que juegan un papel relevante en el nuevo contexto, desde EEUU a China pasando por Arabia Saudí, Turquía, Israel, Rusia o India, están priorizando sus intereses nacionales (y los de sus empresas) y utilizan para ello todas las bazas con las que cuentan. El fortalecimiento nacional es su objetivo, y la energía es un asunto prioritario.
Ambas cosas, la debilidad que España ha mostrado y los propósitos de los grandes países, ponen sobre la mesa la especial importancia de las capacidades estratégicas para un Estado. La pregunta obvia es si España es consciente de este momento y de todo lo que conlleva. La pregunta derivada es si la Unión Europea, una reunión de Estados que no ha puesto en común los elementos que brindan esas capacidades, podrá jugar en el tablero del poder sin dar pasos adelante en la dirección del reforzamiento y de la reunión de sus fortalezas.
El apagón, en lo discursivo, ha terminado formando parte de la dinámica nacional: partidarios de las renovables y de las nucleares se enfrentan; parte de los expertos señalan a Red Eléctrica, otros a las compañías energéticas; hay quienes dejan caer la tesis de la interferencia extranjera; el gobierno se enfrenta a la oposición. Todo lo que sea choque parece ser bienvenido al escenario nacional.
Elevar el tono, sin embargo, no ha llevado a que se tome en serio la lección que supone un apagón de estas características. Es el tipo de acontecimiento que demuestra que hay algo profundo que no funciona, dado que tuvieron que producirse varios fallos a la vez para las luces se apagaran y ni siquiera hemos podido conocer aún las causas.
España es un país que se ha dejado llevar por la inercia que los tiempos traían y ha seguido los lugares comunes de la época
El apagón es producto de esa debilidad nacional que lleva a que nadie se tome el Estado en serio, a que no exista una dirección que abogue por los intereses del país en su conjunto y a que no exista una mirada estratégica que diseñe el futuro.
El Estado se ha convertido en un centro endeble del que todo el mundo tira, un simple espacio del que muchos actores extraen recursos, ya sean territoriales, privados o incluso servidores públicos. La falta de un núcleo que impulse las capacidades que el país posee y que permita que las capacidades estratégicas se articulen es un aspecto esencial de la desvertebración de España. Es un país que se ha dejado llevar por la inercia que los tiempos traían y que ha seguido los lugares comunes de la época. Pero los tiempos han cambiado, y convendría cambiar con ellos.
El apagón revela también una transición defectuosa desde las empresas públicas hacia las privadas en el sector eléctrico. Desde luego, por el hecho mismo del fallo, pero también porque las posibilidades de la generación barata de energía no han sido aprovechadas (no existen las subestaciones necesarias) ni tampoco se ha trazado un plan para sacar partido de esa teórica fortaleza. La red necesita inversión, que tendría que haberse realizado hace tiempo. La existencia de oligopolios genera un mercado disfuncional, en el que hace falta más competencia. El sistema de precios puede promover sustituciones de un tipo de energía por otra para obtener mayor beneficio: entre las diversas explicaciones del apagón, también aparece esta. En conjunto, ni se ha sacado todo el partido a lo positivo ni se ha generado la seguridad suficiente.
La electricidad, como elemento crítico para los Estados contemporáneos, requiere de una arquitectura y de una planificación que debería ser objeto de un planteamiento estratégico. Qué clase de energías utilizar, en qué porcentaje, con qué clase de redes y con qué conexiones son asuntos esenciales que no pueden dejarse de la mano de unos gobiernos cambiantes, tanto en España como en Europa, ni de los lobbies.
Estos son los grandes asuntos de Estado. No pueden abandonarse a un mercado cuyas necesidades son exclusivamente las de rentabilidad, pero tampoco existe una voluntad política clara para nacionalizar o diseñar empresas públicas. A través de ese espacio intermedio, que es más estrecho de lo que parece, deberían penetrar las necesidades estratégicas españolas, de forma que orienten al país hacia una provisión energética segura, estable y repartida.
Para ese objetivo hace falta un plan, una visión de país, que hoy está ausente. Y no solo porque sea necesario por sí mismo, sino porque, en este instante de la historia, todos los Estados relevantes están actuando en esos términos. No operar de esa manera hará que España tenga menos relevancia en la Unión Europea, justo cuando debería ser al contrario, y que cuente con menos peso internacional. Sin esa mirada estratégica, los acontecimientos nos llevarán pasivamente hacia los lugares que otros decidan."
(Esteban Hernández , El Confidencial, 01/05/25)
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