10.5.25

Varoufakis: Algunas reflexiones sobre el 80º aniversario de la victoria sobre el fascismo... No fue una mera victoria militar; fue el triunfo de la solidaridad sobre el fascismo, del internacionalismo sobre la tiranía racial, del humanismo sobre la matanza industrial... esa magnífica victoria, que hoy tenemos motivos para recordar y celebrar, demostró que no existe la victoria final contra el fascismo, contra la misantropía, en un mundo construido sobre la explotación sistemática de las personas y de la naturaleza, un mundo que aún no está maduro para la Paz con Justicia... No pasó mucho tiempo después de aquella magnífica victoria contra el fascismo para que los vencedores cooptaran a los fascistas derrotados para aplastar a los luchadores por la libertad que habían luchado contra el fascismo. En Grecia, en Vietnam, en Indonesia, en Sudáfrica, en todo Occidente, los vencedores emplearon a fascistas para mantener el orden colonial de preguerra, los regímenes seudoliberales de preguerra cuya bancarrota económica y ética había engendrado el fascismo... Hoy, el fantasma del fascismo vuelve a resurgir... En la Unión Europea el fascismo ha vuelto, no en forma de botas militares y sieg heils, sino en los demagogos xenófobos de nuestros parlamentos, en las fronteras militarizadas de la Fortaleza Europa, en la locura del rearme de Europa, en el enfermizo apoyo de Europa al genocidio de los palestinos por parte del último Estado del Apartheid... La derrota del nazismo fue el resultado de los sacrificios de millones de héroes anónimos, partisanos, mujeres y hombres de la resistencia, soldados rasos, mujeres y hombres trabajadores que murieron de hambre y sangraron para doblegar al fascismo. Ese es el legado que debemos recuperar, la solidaridad radical e internacionalista que una vez unió al mundo contra la tiranía... el fascismo no sólo fue derrotado en 1945, sino que fue superado en organización, movilización y sueños. Y si hoy queremos derrotar a sus herederos, debemos hacer lo mismo. ¡No pasarán!

 "Hoy hace ochenta años, la monstruosa maquinaria del Tercer Reich fue finalmente reducida a polvo. La esvástica fue arrancada del Reichstag, los campos de exterminio liberados y Europa, ensangrentada y traumatizada, pero incólume, emergió de la noche más oscura de la historia.

No fue una mera victoria militar; fue el triunfo de la solidaridad sobre el fascismo, del internacionalismo sobre la tiranía racial, del humanismo sobre la matanza industrial.

Y, sin embargo, esa magnífica victoria, que hoy tenemos motivos para recordar y celebrar, demostró que no existe la victoria final contra el fascismo, contra la misantropía, en un mundo construido sobre la explotación sistemática de las personas y de la naturaleza, un mundo que aún no está maduro para la Paz con Justicia.

No pasó mucho tiempo después de aquella magnífica victoria contra el fascismo para que los vencedores cooptaran a los fascistas derrotados para aplastar a los luchadores por la libertad que habían luchado contra el fascismo. En Grecia, en Vietnam, en Indonesia, en Sudáfrica, en todo Occidente, los vencedores emplearon a fascistas para mantener el orden colonial de preguerra, los regímenes seudoliberales de preguerra cuya bancarrota económica y ética había engendrado el fascismo.

 Hoy, el fantasma del fascismo vuelve a resurgir. En Ucrania, en los mismos campos de batalla donde fue aplastado, el nazismo sigue vivo, armado hasta los dientes, golpeando tanto desde dentro del Batallón Azov como desde el Grupo Wagner. En la Unión Europea el fascismo ha vuelto, no en forma de botas militares y sieg heils, sino en los demagogos xenófobos de nuestros parlamentos, en las fronteras militarizadas de la Fortaleza Europa, en la locura del rearme de Europa, en el enfermizo apoyo de Europa al genocidio de los palestinos por parte del último Estado del Apartheid.

La derrota del nazismo no fue obra únicamente de generales o políticos. Fue el resultado de los sacrificios de millones de héroes anónimos: partisanos, mujeres y hombres de la resistencia, soldados rasos, mujeres y hombres trabajadores que murieron de hambre y sangraron para doblegar al fascismo. Ese es el legado que debemos recuperar. No el nacionalismo hueco del ondear de banderas, de los desfiles militares, sino la solidaridad radical e internacionalista que una vez unió al mundo contra la tiranía.

Ochenta años después, la lucha no ha terminado. No olvidemos que el fascismo no sólo fue derrotado en 1945, sino que fue superado en organización, movilización y sueños. Y si hoy queremos derrotar a sus herederos, debemos hacer lo mismo.

No pasarán, ¡nunca más!" 

 ( , blog, 08/05/25, traducción DEEPL)

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